Las chicherías arequipeñas, espacios de encuentro en el siglo XIX

Por: César Belan Alvarado, doctor en Historia.
«La del huevo», «El infierno», «Quitapesares» o «La barbona». No parecen nombres de establecimientos donde uno esperaría ir a tomar chicha, pero así se llamaban algunas de las chicherías que salpicaban las calles de la Arequipa del siglo XIX. El viajero José María Blanco, que visitó la ciudad en 1835, dejó constancia de estos curiosos nombres y de una ciudad en la que las chicherías estaban prácticamente por todas partes.
La historia permite imaginar una Arequipa muy distinta de la actual. Pero ¿dónde estaban? Las chicherías estaban por todas partes. En 1835, el viajero José María Blanco calculaba unas 3200 entre la ciudad, Yanahuara y Cayma, además de otras en La Pampa y Porongoche. Aunque la cifra puede parecer extraordinaria, el enorme consumo de huiñapo —el maíz utilizado para elaborar chicha— confirma la importancia económica de estos establecimientos.
Muchas se encontraban en los suburbios y en los límites de la ciudad: San Lázaro, Yanahuara, la Pampa de Miraflores y la Ranchería. También aparecían a lo largo de los caminos hacia Paucarpata, Characato, Sabandía, Tiabaya, Yarabamba y otros pueblos. Allí agricultores y viajeros podían descansar, comer y beber.
La ubicación no era casual. Aunque varias chicherías se encontraban en el corazón de la ciudad —sobre todo las de mayor renombre—, la mayoría estaba en zonas periféricas. La mala reputación de estos establecimientos favorecía su instalación en los confines urbanos. En los caminos y pagos rurales, además, servían como puntos de descanso para quienes se desplazaban hacia sus chacras o entre los pueblos y la ciudad.

La chichería tampoco era simplemente una tienda de bebidas. Allí se cantaba, se conversaba, se discutía y se establecían relaciones entre personas de distintas procedencias. Menestrales, artesanos, cargadores, agricultores y también vecinos de mejor posición económica compartían esos espacios. Incluso viajeros extranjeros conocieron y frecuentaron estos establecimientos durante sus recorridos por la región.
La bebida podía ser el motivo inicial del encuentro, pero alrededor de ella se construía una compleja sociabilidad. En las chicherías se hablaba de asuntos privados, problemas políticos y cuestiones de la vida comunitaria.
Aquellos locales eran, por tanto, espacios de interacción social, pero también podían convertirse en escenarios de conflictos. El alcohol podía favorecer la camaradería, pero también exacerbar las tensiones.
Las antiguas chicherías fueron mucho más que lugares donde se vendía alcohol: fueron pequeños escenarios de la vida social arequipeña. Allí se mezclaban el ocio, la música, la conversación, los negocios, los afectos, la política y, algunas veces, también la violencia.
El texto está basado en un artículo del autor. Si quiere conocer la historia completa revise: Revista de Indias, CSIC, 2026. “Lo que le toca es servirte, diablo”. Consumo de alcohol y hábitos etílicos en el sur peruano. 1780-1845”.
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