Los expertos de la mecanografía desaparecen con el paso de los años
22 de abril de 2017

Los turistas les sacan fotografías como si hubieran evocado una visión del pasado, como si se tratara de un recuerdo de los libros de historia.
Los niños curiosos preguntan qué están haciendo con esas cajitas que se parecen al teclado de una computadora. Son los mecanógrafos de la Plaza Mayor, de los que apenas quedan cuatro, consecuencia de la modernidad.
Por: Roxana Ortiz A.
Más de 25 años trabajando en el mismo oficio les da incluso la sabiduría de qué documento deben presentar sus ocasionales clientes ante determinada institución. Luego de tipear por casi cinco minutos sin errores ortográficos, les prestan un lapicero y le hacen firmar las solicitudes, la original y la copia en papel calca.
“Son seis solsitos nomá”, le dice uno de los expertos mecanógrafos a su cliente, a quien le pide sencillo, porque es el primer trabajo del día. Coge las seis monedas de sol, luego que el usuario en vano intentó regatear el precio, las guarda en una bolsita de plástico y vuelve a colocar las dos hojas bond en la pequeña máquina Brother Deluxe, para esperar al próximo cliente.
Hasta hace más de dos décadas había 25 mecanógrafos que estaban por los alrededores de la Plaza Mayor, con una fila de personas, esperando para que les hicieran un escrito. No había otro lugar a dónde acudir.
“Dónde compra sus cintas”, era la curiosidad que me llevó a conversar con don Gabino Miranda, quien fue el último presidente de la Asociación de Mecanógrafos de Arequipa, y que sus otros tres compañeros lo reconocen aún como tal. “Una señora nos consigue, parece que las trae de contrabando por la frontera, seguro de un lugar en donde están más atrasados que nosotros”, dice riendo.
Asegura que cada cinta les dura unos dos meses aproximadamente, debido a que como trabajan al aire libre, la tinta se seca rápidamente y hay que reemplazarla constantemente.
Tiene ya 73 años y todavía goza de buena salud, lo que le permite seguir generándose ingresos para su subsistencia diaria, ya que no cuenta con ningún tipo de seguro ni pensión que lo ampare. Trabajó en una compañía minera hasta que sufrió un accidente que impidió seguir cumpliendo ese tipo de labores, conseguía empleos ocasionales hasta que llegó el gobierno de Alberto Fujimori.
“Esa fue una época atroz, tuvimos que agarrar nuestra máquina y hacer lo que sabíamos hacer, los que tenían auto fueron taxistas, nosotros mecanógrafos. Aquí había contadores, abogados, hasta médicos que tuvieron que dedicarse a este oficio y muchos han muerto en este trabajo”, cuenta Mirandita, como lo llaman sus compañeros de la Plaza.
«Si tuviera otros ingresos no estaría aquí, quemándome todo el día, pero uno tiene necesidades y mientras se tenga fuerzas hay que trabajar», señaló. Cuenta que ya no tienen muchos clientes a pesar de la baja competencia, si logran tener unos cinco usuarios por día es muy buena suerte, a pesar que están desde muy temprano y se quedan hasta que el frío los obliga a retirarse.
DATO
Dice que ellos no han tenido problemas con la Policía Municipal, total, no generan mayores problemas, al contrario, ayudan con la seguridad y participan en la limpieza de la Plaza cuando tienen que hacerlo, y cuando observan la presencia de algún delincuente pasan la voz a los efectivos de serenazgo.
Considera que en pocos años ya no habrá más mecanógrafos en la Plaza Mayor, porque la edad se les viene encima y por la falta de clientes, que se van a las cabinas de internet.
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