Arequipa

Los goles del papa Francisco

14 de enero de 2018
Los goles del papa Francisco

Este jueves llega el papa Francisco al Perú. Antes de su encuentro con su feligresía, calentamos el momento contándoles el lado futbolero del Sumo Pontífice.

Por: Lino Mamani A.
 
Un hincha de Boca Juniors se acercó al papa Francisco, quien saludaba a la feligresía, para tentar ponerlo en aprietos. “Padre, Bendiga a Boca que juega esta noche una final contra los Cuervos”, esbozó con ese acento que distingue a los argentinos. El Sumo Pontífice, hincha de San Lorenzo de Almagro, lo miró y dribleando el mensaje resolvió: “Bendigo a los Cuervos de todo corazón”.  
 
Aquella noche del 10 de febrero de 2016 el equipo favorito del Papa goleó por cuatro goles a cero al club xeneise, coronándose campeón de la Supercopa Argentina. Algunos hinchas, en medio de la algarabía, no dudaron en pensar que Dios estaba de su lado.
 
Jorge Mario Bergoglio, antes de ser Francisco, creció entre la religión y el fútbol. El barrio bonaerense de Flores fue su escenario preferido. Por las tardes se vestía de corto con sus amigos para armar equipos, hacer fintas y buscar el gol en un terreno de la iglesia Medalla Milagrosa, que para los niños simulaba un campo de fútbol. Una vez, jugando cerca de ahí, el pequeño pateó tan fuerte que el balón terminó impactando contra la ventana de una casa. Sus compañeros le pidieron huir, pero Bergoglio prefirió encarar la situación. Tocó la puerta y admitió que él había sido el responsable.
 
Que guste del fútbol no significa que destacara. Ya convertido en el máximo representante cristiano de Dios en la tierra, confesaría que no era tan bueno. Quizás, por eso su disparo terminó rompiendo una ventana en lugar del arco contrario.
 
– ¿Usted jugaba al fútbol? –le dice un periodista del portal deportivo argentino TyC Sports.
– ¡Ehh, soy patadura! –respondió el Pontífice reconociendo sus limitaciones.
– Pero, ¿de qué jugaba?, de defensor o…
– No, no, era patadura… yo más bien –replica.
– ¿Atrás iba?
– Sí, pero más bien jugaba al básquet.
 
***
El fútbol vino hacia él o él fue al fútbol. Su padre, un contador de ferrocarriles, jugaba en el equipo de básquet del San Lorenzo todos los fines de semana en Viejo Gasómetro. Jorge Mario Bergoglio también ensayaba algunas jugadas en el baloncesto, pero en 1946 se convenció de que el balompié era su deporte preferido. Tenía 10 años y recuerda un gol de René Pontini, el delantero que formaba la triada más fuerte de la época junto a Rinaldo FIoramonte y Armando Farro, que sacó al equipo campeón. Los goles hinchaban de orgullo al pequeño que empezaba a solidificar su amor por el “Ciclón de Boedo”.
 
El club argentino San Lorenzo fue fundado por un cura el 01 de abril de 1908, en Almagro –luego sería el barrio de Boedo, a donde iría años después la familia Bergoglio–. El sacerdote Lorenzo Massa invitó a los niños a jugar fútbol en el Oratorio San Antonio para alejarlos del peligro de la calle y con la condición de que los domingos asistiesen a misa. El nombre fue elegido en honor a San Lorenzo y se prestaron los colores azul y granate, del manto de la Virgen María Auxiliadora. Por la sotana negra de los curas, empezaron a llamarlos “Cuervos”.
 
“No importamos los colores de otro lado, se los pedimos a la Virgen. Nunca saquen a María Auxiliadora del club porque es su madre, ya que San Lorenzo nació en (el Oratorio) San Antonio bajo la protección de la Virgen”, dijo el 2008, Bergoglio, entonces arzobispo de Argentina, cuando celebró misa por los 100 años del club.
 
Como todo hincha, estuvo en las buenas y en las malas. Mientras Jorge Bergoglio se preparaba en la vida cristiana, no dejaba de echarle un vistazo a cómo le estaba yendo a su equipo. Disfrutó del título de 1959, después de ganarle a Boca y sufrió la sequía de triunfos de 1998.
 
Aquel año el equipo estaba más ligado a las derrotas, que lo obligaron a concretar cambios. El presidente Fernando Miele contrató a Alfio “Coco” Basile como entrenador salvador. La esperanza de la hinchada estaba puesta en sus estrategias. Días después se estrenaría el nuevo equipo ante Platense y en el camerino la presión era alta. De pronto ingresó un cura para sorpresa de los presentes.
 
“¿Quién es ese cura, Miele?”, pregunta Coco Basile. El dirigente le responde que es el sacerdote aficionado al club que siempre suele dar la bendición a los jugadores antes de los partidos. “Fernando, vos me buscás porque el equipo no le gana a nadie y ahora me traés al tipo que ha estado viniendo a todos los partidos. Es una mufa (persona de mala suerte), no lo quiero acá en el vestuario”, replica el director técnico.
 
Bergoglio dio media vuelta y salió del camerino. Al final, el Ciclón goleó y no faltó quienes pensaran que la mala suerte venía del sacerdote. Mientras Basile estuvo en el club, el clérigo no volvió. Pero el fútbol no se gana con amuletos, sino con goles.
 
Muchos años después Jorge Mario Bergoglio se cobraría la revancha. En marzo de 2013 dejaría su nombre de pila por ser el papa Francisco, siendo el primer latinoamericano elegido como máximo representante de la Iglesia católica. Coincidentemente, también cambió la vida del cuadro de Boedo.
 
El año anterior había disputado el descenso, pero ese 2013 San Lorenzo ganaría el torneo Apertura, luego de seis años sin triunfos. Al año siguiente consiguió la Copa Libertadores de América, por primera vez. Así, surgía el “Efecto Francisco” y como agradecimiento, el equipo le llevó una réplica del trofeo al Vaticano.
 
«Que haya quedado Bergoglio de Papa es más importante para nosotros que haber salido campeones», decía a la prensa el presidente del club, Matias Lammens. 
 
***
Francisco es el socio número 8 mil 235 del San Lorenzo. Además, el hincha más famoso de este club. Aquel que siempre es visitado por los deportistas más consagrados como Maradona, Tévez o Ronaldinho. Tiene una colección de camisetas de los diferentes equipos y números, regalos que les hacen llegar al Vaticano o en sus diferentes visitas. Una de ellas es de la Selección Peruana.
 
Sabe hablar de fútbol y de Dios al mismo tiempo. En una audiencia pidió a la feligresía predicar el sacramento y “ser como una luz similar a un estadio de fútbol a la noche”. Durante su visita a Colombia el año pasado, anticipó: «Los jóvenes coinciden en la música, en el arte… ¡Si hasta una final entre el Atlético Nacional y el América de Cali es ocasión para estar juntos!» Pero fue cuatro meses después de ser elegido Papa, que anotó una goleada a favor de Dios al mezclar su sermón con el deporte rey en su visita a Brasil, país de la samba y del “jogo bonito”. “Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo. ¡Algo más grande que la Copa del Mundo!”, dijo ante la ovación carioca. “Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, que seamos sus discípulos, que juguemos en su equipo”, se despuntó. “¿Qué hace un jugador cuando se le llama a hacer parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos”, marcó el uno a cero. “Pero (Jesús) nos pide que paguemos la entrada y la entrada es que nos entrenemos para estar en forma para afrontar sin miedo las situaciones de la vida”, prosiguió encarando. “Cuando se suda la camiseta tratando de vivir como cristianos experimentamos a lo grande”, marcó.  “Sean protagonistas, jueguen para adelante, pateen para adelante, construyan un mundo mejor”, consagró el triunfo.
 
A pocos días de su visita al Perú, un país que volvió a los tiempos del fútbol, quizá el Sumo Pontífice, el argentino hincha de San Lorenzo, el cura que daba la bendición a su equipo, se anime a darle una mano a la selección bicolor. Seguramente será un golazo.
 
 
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