Luis Salinas: Tallador arequipeño amigo de tres papas
30 de julio de 2017

Su trabajo lo ha llevado a conocer y hacer amistad con tres papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El último realizará una gira por el Perú al próximo año, pero no llegará a Arequipa. La visita “papal” ha removido recuerdos en el corazón de Salinas. Aquí sus anécdotas en el Vaticano
Por: Elizabeth Huanca U.
Foto: Jorge Esquivel Z.
Las manos de Luis Salinas fueron benditas a los 11 años. A partir de esa edad, su padrastro, Moisés Gonzales Marroquín le enseñó el arte de hacer retablos y embellecerlos en oro. Plasmó su talento en la mayoría de iglesias de la ciudad. Hoy, a sus 86 años, es el retablista en pan de oro más reconocido de Arequipa.
En marzo de 1959, cuando tenía 28 años, “el cabezón Salinas” -cómo lo solían llamar- realizó su obra más emblemática; el altar mayor de la virgen de Chapi en lo que fue el antiguo santuario del mismo nombre, ubicado en el distrito de Polobaya. El terremoto del 2001, dañó la estructura y esta fue derrumbada para levantar el nuevo templo, en construcción por estos días. El movimiento telúrico se llevó el altar en Chapi, pero la réplica de este permanece en el Vaticano desde el 2005.
EL TALLADOR Y LOS PAPAS
Chapi fue su primera obra. Días antes de empezar la construcción –desde los cimientos– su padrastro, a quien el Arzobispado le confió el proyecto, falleció producto de un derrame cerebral. Entonces él, tuvo que asumir la construcción. Confiesa que sin el apoyo de ingenieros y obreros de ese tiempo, no habría logrado su objetivo. Recuerda que trabajó en el nombre del padre muerto y de la Virgen. “Ambos me cuidaron en los años que trabajé. Fue difícil. A veces comíamos Mole de maíz y tomábamos agua de río, pero la gente jamás se desanimó”, cuenta emocionado, mientras conversamos en la sala de su casa, ubicada en Los Arces en el distrito de Cayma.
Su hogar es un templo de arte. Cada pared de su sala está repleta de cuadros bañados en pan de oro. Allí están impresos grandes fotografías de su esposa, hijos, nietos y cada reconocimiento que ha recibido a lo largo de su carrera.
Entre esos recuerdos, resaltan cuatro imágenes. En una de ellas, Salinas con unos 30 años menos, posa sonriente junto al ex arzobispo Fernando Vargas Ruiz de Somocursio. El prelado que se convirtió en su mejor amigo; que visitaba su casa cada martes para celebrar interminables tertulias y al que conoció producto de su fino trabajo.
En los otros cuadros resaltan fotos con el Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI y dos bendiciones apostólicas enviadas de puño y letra del Papa Francisco. Salinas mantiene lazos de amistad con estos personajes.
Esas fotografías, lo regresan a los años de trabajo en Chapi. Eran tiempos en los que la Congregación de padres del Verbo Encarnado, tenían a cargo el santuario. Durante los años de construcción de la sagrada estructura, los sacerdotes, cuya congregación nace en Argentina y, Salinas forjaron una amistad que perdura hasta hoy y que ha servido de nexo con los tres papas en mención.
JUAN PABLO II
Cuando el “Papa peregrino” llegó a Arequipa, por primera y única vez, el 2 de febrero de 1985 para beatificar a sor Ana de los Ángeles Monteagudo y coronar a la imagen de la Virgen de Chapi, Salinas madrugó junto a su hijo “Pepe” para elaborar una alfombra de flores entre la calle Misti con la avenida Ejército. El Papa pasaría por la zona y lanzaría su bendición, pensó. Sin embargo, no fue así, el vehículo del prelado pasó cerca pero el papa volteó la mirada al lado opuesto sin echar la bendición al trabajo de los Salinas.
“Me dolió en el alma”, recuerda don Luis. Pero ello no lo desanimó. Confiado de que el santo padre pasaría por el mismo lugar a su regreso, se apostó en el lugar hasta cerca de las 13:00 horas. Ello no ocurrió.
El Papa tras preceder la misa de bendición, enfermó. Un mal estomacal desvió su paso de la avenida Ejército a la avenida Bolognesi, donde vivía el arzobispo Fernando Vargas.
Fue por él que Salinas conoció a su santidad. Este lo mandó a llamar a su casa, donde conoció y se hizo amigo del Papa. “Era un hombre sencillo y alegre”, evoca Salinas. Cuenta que él mismo abrió la puerta cuando tocó.
“¿Has comido?” le preguntó. Salinas solo sonrió. Había permanecido, sin probar bocado, desde las 5 de la mañana en la calle para armar la alfombra floral, que el Papa jamás vio. En un gesto de humildad, el Papa le invitó un sándwich. Departieron bocaditos, hablaron y rieron de la esquiva bendición papal y de su obra en Chapi. “Ya eres mi amigo”, le dijo Juan Pablo II y le regaló un rosario de madera y un crucifijo que Salinas guarda con respeto hasta hoy. Como mucha gente, Luis Salinas le reza cada noche al ex papa, convertido en santo.
Casi en los últimos meses de vida del Papa, Salinas lo volvió a ver. Con ayuda del fundador del Instituto del Verbo Encarnado, Carlos Vuela, llevó una réplica del altar mayor de la Virgen de Chapi al Vaticano, una bella obra de casi un metro y medio, que hasta ahora permanece allí. Por su trabajo, en el Vaticano, lo conocen como “el arequipeño”. “Juan Pablo II era bromista y cómo yo era conchudo reíamos a cada rato”, rememora.
De esas visitas, Salinas guarda sagradamente dos cuadros donde figuran bendiciones apostólicas de Su santidad dirigida a él, su esposa Teodora Neira e hijos. Una de ellas fue enviada por sus 50 años de matrimonio en el 2000.
BENEDICTO XVI
El acercamiento con Joseph Aloisius Ratzinger o Benedicto XVI, también fue por sus trabajos en pan de oro. Salinas lo conoció entre 2006 y 2007. Ratzinger fue el prelado de más corto gobierno en el Vaticano. Renunció por problemas de salud.
Salinas viajó a Italia para hacer mantenimiento de la obra que dejó casi siete años atrás. Allí lo conoció. Permaneció casi dos meses en el lugar. “Era un hombre bueno, pero serio”, dice Salinas.
PAPA FRANCISCO
La amistad con Francisco, el papa argentino, sucesor de Benedicto XVI es, según Luis Salinas, la más afectuosa. Hace tres años, fue la última vez que visitó El Vaticano con el apoyo de los padres del Verbo Encarnado. Allí lo conoció.
“Es un niño bromista”, dice soltando carcajadas. A su lado, era inevitable hablar de fútbol. El Papa Francisco es hincha del club San Lorenzo de Almagro. Salinas de la U y Lolo Fernández. Las tertulias en torno al balón a lado del Papa, son los recuerdos que más felicidad le causa a Salinas. Él es futbolista nato, un tiempo jugó por el Aurora FBC de la ciudad.
Las conversaciones sobre la parrilla argentina y el picante arequipeño, tampoco pasaron de largo. Salinas cuenta que ha animado al papa a probar “chuño molido”. Espera que alguna vez, cuando venga a Arequipa, saboreen esa delicia culinaria. Lamenta que en su periplo del próximo año, la Ciudad Blanca no se haya incluida. Sus deseos de invitarlo a comer, empiezan a esfumarse. Por eso, guarda con cuidado, las dos bendiciones papales, que Francisco le envía. La última le llegó el año pasado. Es la prueba firme de que sí son amigos.
OCASO DE VIDA
Don Luis Salinas, ha dejado de hacer trabajos en pan de oro hace unos siete años. La edad y un problema al corazón, le han pasado factura a su arte. Pero él no se rinde. A diario, sube al taller que tiene instalado en el tercer piso de su casa para intentar hacer trabajos. Es difícil. Sus ojos, han perdido un poco de visibilidad.
“Creo que mi tiempo ya acabó”, dice con nostalgia. Su arte, hoy lleva el nombre de su hijo “Pepe”. Don Luis, sabe que la vejez es cruel pero no se resigna. Quiere trabajar cuadros para algunos amigos con montajes donde se observe al papa Juan Pablo II, dando la bendición. Espera que la vida no le sea esquiva.
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