Más allá del deber del policía
10 de diciembre de 2017

En tiempos donde la Policía Nacional del Perú intenta recuperar su imagen ante la opinión pública surgen dos héroes anónimos, que por cierto pasaron desapercibidos durante el aniversario de dicha institución, recientemente celebrado en nuestra ciudad.
Por: Mariela Zuni M.
Fotos: Jorge Esquivel Z.
El suboficial técnico de primera Pablo Humpire Quispe y el suboficial Ángel Tola Coaguila en una acción valerosa demostraron que el espíritu de servicio va más allá de portar el uniforme policial y patrullar las calles.
Su historia de valor se inicia con una llamada telefónica a la Central de Emergencias 105. Eran aproximadamente las 16.00 horas del pasado 5 de diciembre. Una mujer al teléfono amenazaba con quitarse la vida y como último recurso había recurrido a la Policía para que le impidan lograr su cometido.
La central contactó con el agente Ángel Tola, operador del patrullero PL-21142, de la comisaría de Palacio Viejo, que circulaba en inmediaciones de la avenida La Marina. La presunta suicida advirtió que se lanzaría de un puente, por ello los policías se apresuraron a recorrer el cauce del río Chili.
La perspicacia del operador quien, tras unos primeros segundos de incertidumbre, logró entablar conversación con la víctima. El agente advirtió que la persona al otro lado de la línea se encontraba en peligro. El ruido de la corriente de agua confirmaba que estaba muy cerca al río.
El principal cometido de Tola era mantener la calma al conversar con la potencial suicida que se encontraba posiblemente, en uno de los peores momentos de su vida. “Tranquilízate y dinos el lugar exacto donde te encuentras. Piensa en tu familia, todo tiene solución”, repetía el joven suboficial.
La comunicación se perdía por minutos y retornaba con más llanto y sollozos. La última llamada fue alarmante –Es muy tarde soy una persona muy mala y nadie me quiere– dijo por última vez la muchacha.
Fueron aproximadamente 40 minutos de búsqueda y zozobra. Los policías se trasladaron hasta el puente Cenepa y decidieron bajar a pie por el cauce aguas abajo. A unos 200 metros del lugar el técnico Humpire, conductor del patrullero, halló a la joven, quien era arrastrada por la corriente en medio del río.
No lo pensó dos veces y el efectivo ingresó al río apenas despojándose de su arma de reglamento. Las imágenes captadas por los testigos muestran que desafía la corriente de agua hasta llegar al medio del afluente, para poner a salvo a la víctima. Mientras hace eso, su colega se acerca para ayudar con el rescate. La joven fue trasladad a la emergencia del hospital Goyeneche.
Ambos agentes aún recuerdan con angustia los momentos que vivieron al no ubicar a la jovencita de 19 años. Pero la satisfacción por haber protegido una vida fue su recompensa al final del día.
Para Tola esta no es la primera vez que evita una muerte. Apenas egresado de la Escuela Técnica de Suboficiales, patrullaba por el Puente Grau cuando observó a una mujer intentando saltar hacia el río. Mientras intentaba calmarla se fue acercando poco a poco hasta lograr sujetarla. “En este trabajo incluso hay que ser psicólogos, para tranquilizar a la gente”, dijo.
Los peligros para quienes se dedican a proteger y salvar vidas no acaban al colgar el uniforme. Humpire, con 28 años de servicio, salvó a una persona de morir quemada en un incendio. Ocurrió hace 5 años en Miguel Grau (Paucarpata).
Durante el incendio de la vivienda el propietario quedó atrapado. El suboficial arriesgando su propia integridad decidió ingresar, pese a que no estaba de servicio. En su afán por salvar una vida no advirtió que su ropa se estaba quemando, gracias a un vecino que lo empapó de agua él no fue una víctima, completando exitosamente el rescate.
“En esta profesión sabemos que cualquier día podemos enfrentar grandes peligros, pero estamos preparados”, comenta el policía de mayor edad, especializado en técnicas de rescate y primeros auxilios.
Como su compañero Ángel Tola conoce los riesgos a los que están expuestos en su trabajo, por ello todos los días inicia su jornada en la iglesia de La Compañía, donde se encomienda a Dios para que los proteja.
HÉROES CAÍDOS
No podemos cerrar este año sin recordar a dos valeros suboficiales que murieron en el cumplimiento de su deber a manos de narcoterroristas y asesinos a sueldo contratados por las mafias de la minería informal.
El suboficial Edgar Gómez Cuti (23), abatido en una emboscada narcoterrorista en el Vraem, a inicios de octubre último. Con su firme convicción de servicio primero fue integrante del Ejército y posteriormente postuló a la Policía Nacional conformando el Departamento de Acciones Rápidas de la Dinoes.
En setiembre la institución policial se enlutó por el fallecimiento del suboficial Técnico PNP Jhony Alfredo Cáceres Gonzales, durante un ataque de venganza de los mineros informales, tras una acción policial contra la ilegal actividad en Madre de Dios. Él, junto otros dos efectivos, regresaba de una diligencia en la reserva nacional de Tambopata y fueron atacados a quemarropa.
Cáceres murió al tratar de proteger a su superior el comandante Alberto Miguel Rojas Méndez, por lo que fue considerado como héroe nacional.
Fuera de los casos de corrupción que denunciaron este año al interior de la Policía o el maltrato de algunos negativos efectivos, esta institución con 29 años de creación cuenta con integrantes, ejemplos de servicio, que muchas veces permanecen en el anonimato.
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