Migración: Venezolanos sobreviviendo en Arequipa
30 de enero de 2018

Por: Roxana Ortiz
Los venezolanos la pasan mal en su país y por eso migraron al nuestro para encontrar una nueva oportunidad que les permita enviar dinero para sus familias.
“Yo me vine hace unos ocho meses con 10 dólares en el bolsillo, que era casi un sueldo y medio en mi país. Estuve en Lima unos días y no me gustó porque se parecía a Caracas, mucha gente, mucha inseguridad. Llegué aquí y comencé a preparar arepas. Yo comía pan con queso y todo lo que podía ganar lo mandaba para que coman mi hija y mi esposa”, cuenta Anthony, quien es uno de los pocos venezolanos que aún vende arepas en la calle.
«Hay que estar allí para saber lo que es realmente no tener para comer. La gente rebusca en la basura y ni siquiera allí encuentra alimentos. Mi hija nunca pudo tomar fórmulas o leche para complementar su alimentación porque no había. El sueldo mínimo apenas es de 6 dólares», agrega.
Al frente de Anthony, al otro lado de la calle está también Natacha, su joven esposa que llegó hace tres meses. Se vio obligada a dejar a su pequeña de apenas dos años con la abuela. Ha reunido dinero para enviar a su país. Su tía con la niña está en camino a Arequipa y para ellos se les da la oportunidad de ser nuevamente una familia.
“Cuando llegué vi que vendían manzanas. No comía una hace años, compré solo una y fue lo más delicioso que probé. Allí cuando era época de mangos y era lo más barato, de desayuno comíamos mango, el almuerzo y la comida también, hasta que el gobierno le echaba mano a las empresas y subía el producto. Lo mismo ocurría con la yuca y otros productos que había”, cuenta Anthony.
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Al dar varias vueltas por las calles del Centro Histórico, ya no es común ver a ciudadanos de Venezuela, como se observaba en un principio. Según explica Anthony, al principio se vendía por la novedad, ahora es más difícil hacerlo.
“Aquí hay mucha comida y más barata. Lo que pasa es que usamos harina pan de maíz, que es más cara, por eso no te pagan fácil los 5 soles”, dice.
Hay muchos venezolanos trabajando como mozos en pequeñas cebicherías, restaurantes, comida rápida. Según los dueños de estos establecimientos, los extranjeros tienen una muy buena educación, son amables, tienen un mejor trato con los clientes. “Además los peruanos no quieren trabajar como mozos, ni siquiera quieren limpiar las mesas o lo hacen de mala gana”, dice el propietario de una cebichería ubicada en la calle Muñoz Nájar, quien tiene entre sus trabajadores a dos jovencitos venezolanos trabajando con él.
“Hoy día salió mi PTP, ahora voy a poder conseguir un trabajo estable porque quiero brindarle a mi hija algo de estabilidad. Ya no es muy rentable el negocio de las arepas y muchos se incomodan con nuestra presencia en la calle. Los mismos municipales nos botan y nos dicen que nos vayamos a nuestro país”, cuenta.
Los vendedores ambulantes, que invadieron las calles de la ciudad, también indican que se sienten de alguna manera discriminados, porque hay un trato diferente de los municipales con ellos y los extranjeros. Aunque valgan verdades, los vendedores peruanos prácticamente se adueñan de un lugar, instalando su mercadería en la calle o vereda y no deambulan las calles como los extranjeros.
NO HAY MUCHOS CONTRATOS
En el año 2017 en la Gerencia de Trabajo se registraron 419 contratos de extranjeros, de los cuales el 85% fueron para ciudadanos venezolanos, que están ocupando puestos en microempresas, como restaurantes, centros de salud, compañías de limpieza, entre otros, según información proporcionada por Nadielka Edith Torres, de la oficina de Registros Generales.
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Dice la funcionaria, luego de hacer una revisión de los expedientes, las personas ocupan puestos de mozos, comisionistas de ventas, técnicas de enfermería, peluquerías, barberías y otros. Indica que la mayoría tiene títulos profesionales en diversas carreras, pero no trabajan en lo que han estudiado.
En lo que va del año, se han registrado 63 contratos, la mayoría de para emplear a venezolanos. Indica que un policlínico muy conocido en Arequipa presentó seis contratos para técnicos de enfermería y casi todos para pagarles el sueldo mínimo legal que es de 850 soles.
“Es probable que estas técnicas estén haciendo las labores de la enfermera y solo les pagan esa cantidad de dinero, que por la necesidad los extranjeros se ven obligados a aceptar. Próximamente la Gerencia de Trabajo estará verificando las condiciones en las que estas personas están trabajando, si se cumple la normatividad que es igual para todos los peruanos y extranjeros que estén legalmente en el país”, dice.
Probablemente la cantidad de contratos registrados son pocos, debido a que desde el año 2016, mediante decreto legislativo que simplificaba la administración pública, se eliminó la obligatoriedad que los contratistas o empresarios registraran los contratos de sus trabajadores. El año 2017 se registró 170 mil contratos a nivel general, para peruanos y extranjeros.
NO DESPLAZAN A NADIE
Quienes están viniendo al país como modo de supervivencia, no están quitándoles los puestos de trabajo a los profesionales, que tienen estudios superiores, especialización, maestría o doctorado, sino que están llenando un hueco que a los peruanos no les interesa tapar.
El sociólogo Carlos Leyton Muñoz indica que tampoco están quitando trabajo a los peruanos, sino que se están abriendo un espacio en la ciudad, con el objetivo de cubrir sus necesidades básicas de supervivencia.
“Los que están protestando son quienes trabajan en la informalidad, que es la gran mayoría en el país, aquellos que están acostumbrados a no tributar, los vendedores de las calles, los trabajadores ambulantes, porque se sienten amenazados por lo que consideran una competencia; lo que no ocurre con un profesional, que tiene los estudios como para poder buscar un buen trabajo”, añade.
Es cierto, dice, que en el Perú no hay una bonanza laboral y hay cientos de jóvenes que no tienen muchas alternativas para elegir y ganar un sueldo. También es cierto, que hay mucha gente peruana que no quiere hacer algunos oficios, como limpiar mesas, lavar platos, cuidar ancianos, atender a otras personas y simplemente los venezolanos están llenando esos vacíos.
“Lo que pasa es que los medios de comunicación han hecho público un incidente de un grupo de vendedores ambulantes y por un tema de actualidad se ha magnificado. Recordemos que en muchos países hay cientos y hasta millones de peruanos viviendo y trabajando, los que envían dinero a los familiares que han dejado en el país”, añade.
Descarta que con el ingreso de los venezolanos al Perú se vaya a generar una xenofobia, porque la gran mayoría no se sienten afectados con su presencia. Tampoco, señala, que pueda ocurrir lo que sucede en Chile, con el rechazo a los peruanos, porque allí hay una cuestión histórica que viene de muchas décadas. Además la xenofobia de los peruanos es contra los propios peruanos, no contra los extranjeros, lo que los sociólogos han denominado la Cultura del Cholo.

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