Niños que fueron cambiados y sus madres se reencontraron
28 de abril de 2017

Un año después de trágico hecho que marcó su vida, Maribel Musaja y Yovana Vera se juntaron e intercambiaron de forma voluntaria –por breves minutos– a sus verdaderos hijos.
Por Elizabeth Huanca U.
Mateo y Liam, los dos bebés que fueron intercambiados al nacer, aún recuerdan a las mujeres que los cuidaron durante sus primeros cinco meses de vida como si fueran sus verdaderas madres.
Las dos progenitoras, Maribel Musaja y Yovana Vera, tampoco los pueden olvidar. Aún lloran a los niños que creyeron sus hijos y que por un grave error fueron intercambiados al nacer.
Todo cambió en los hogares de estas familias. Liam, hoy se llama Mateo. Sus padres biológicos decidieron conservar el nombre inicial que le pusieron a su bebé antes que éste nazca. Mateo, ahora es Adán de Dios. Sus progenitores le cambiaron el nombre en honor a Juan de Dios Medina, el abogado que los asesora en la lucha que han iniciado desde setiembre de 2016, cuando se descubrió que el 25 de abril, día en el que nacieron los bebés fueron cambiados por el error de una obstetriz en el hospital Honorio Delgado.
Una prueba de ADN realizada por Musaja reveló que el niño que tenía no era el suyo. La obstetra que atendió el parto de ambas mujeres cambió involuntariamente las historias clínicas de las madres, cambiando sus vidas para siempre.
REENCUENTRO
Ayer, Maribel, Yovana, Mateo y Adán, se juntaron por segunda vez después que en setiembre del año pasado un juez de familia dispusiera el intercambio. La primera vez que se encontraron, después que los niños fueron devueltos a sus verdaderos padres, fue durante los primeros días de marzo pasado, cuando el abogado que lleva el caso propició el encuentro para tratar sobre las acciones que emprenderían contra el nosocomio por el daño moral que les causó. Las familias hoy buscan un resarcimiento civil por el daño moral ocasionado.
El encuentro fue sentido. Cada madre apareció por separado –nuevamente en el despacho de Medina– con sus hijos verdaderos, que celebraron su primer año de vida el martes último. Las progenitoras de juntaron para reclamar por la sanción que en la víspera el hospital anunció para la obstetriz responsable del intercambio y que será separada del cargo por un año. Ellas esperaban que el hospital la destituya. Están en desacuerdo con la pena.
LAZOS DE AMOR
Maribel Musaja rompió en llanto al ver a Adán. Yovana Vera desbordó en caricias para con Mateo. Sin dudarlo ambas intercambiaron, esta vez de forma voluntarias a sus hijos. Los niños no dudaron en desprenderse de los brazos de sus madres para abrazar a las mujeres que los criaron por varios meses.
Musaja no pudo esconder que la separación de Adán aún le duele. En cuanto lo abrazó se desvivió en besos y lágrimas por él. El niño lució contrariado por unos minutos pero no la rechazó. La mujer estaba acompañada por su pareja, Marcos Llayque, que también lució emocionado. “Es mi hijo”, dijo sin dudarlo.
El encuentro de doña Yovana y Mateo fue más profundo. El niño se abalanzó sobre los brazos de la mujer, rió y jugó con ella (sí la recordaba). A diferencia de lo que pasaba hace algunos meses, la mujer no derramó una sola lágrima, por el contrario desbordó de alegría, al igual que el bebé. Verlo alivia el dolor que aún carga a cuestas.
Yovana Vera se encuentra en tratamiento psicológico desde noviembre pasado. Confiesa que tardó casi cuatro meses en adaptarse a Adán; él lloró por más de un mes cuando recién se lo entregaron. “En algún momento pensé en llamar a la señora Maribel para que mi hijo deje de llorar. Aun nos seguimos adaptando”, comenta.
Con la ayuda de un especialista, la madre de familia está logrando superar poco a poco el fuerte cuadro depresivo y de ansiedad que le provocó dejar a Liam. La terapia, que paga con mucho esfuerzo, le ha hecho bien, pero ella admite que nunca podrá olvidar este trago amargo. “Adán es mi hijo de sangre, Mateo es mi hijo de corazón, los amo a los dos”, dice emocionada. La dama hoy trabaja en su casa deshilachando guaipe. El doctor le ha recomendado que además de la crianza de sus hijos, haga algo más. Con trabajo cura sus penas.
ABANDONADAS
Maribel Musaja no ha corrido con la misma suerte. Ella, aun arrastra el trauma del intercambio. No tiene dinero para pagar un psicólogo. Su economía es muy precaria. Su esposo trabaja como estibador; ella es ama de casa y apenas les alcanza para subsistir.
Entre lágrimas denuncia que ni el hospital, ni el Ministerio Público han cumplido con su compromiso de apoyarlas con terapia psicológica para superar esta situación. “Aun extraño a mi hijo”, dice. Además confiesa que la vez que acudió al nosocomio regional para pedir el Certificado de Nacido Vivo de Mateo fue maltratada por las enfermeras porque olvidó llevar su DNI. “Nunca más volveremos allí”, dicen ambas madres. Sus hijos y ellas reciben atención en el hospital Militar.
COMADRES
Vera y Musaja han decidido apoyarse para aliviar el sufrimiento de la separación. Serán comadres. Amadrinarán el corte de pelo durante el bautizo de los hijos que hoy ya no están a su lado, pero que amarán por siempre. Aun no hay fecha para la ceremonia conjunta, los padres de ambas familias trabajan para reunir el dinero. Estas mujeres y sus pequeños hijos saben que más allá de los lazos de sangre está el poder del amor.
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