“No se puede gastar la creatividad; cuanto más la usas, más tienes”

Artículo de opinión de Ernesto Barriga Bernedo.
En el Perú, la gama de industrias creativas es realmente vasta, y por ello creo que el primer obstáculo es poder comprenderlas. Lo digo porque tuve la oportunidad de hablar personalmente con varios funcionarios del Estado sobre este sector, dejándome un gran sinsabor. Si bien muchos profesaban estar a favor de este sector, bastaron algunas preguntas para entender, lamentablemente, que no lograban comprenderlo en su verdadera dimensión. Por ello, el concepto básico sería:
“Son los bienes y servicios basados en la creatividad y la cultura, capaces de generar ingresos, constituyéndose en un nuevo motor de desarrollo para el Perú”.
En términos generales, las industrias culturales y creativas abarcan un conjunto de actividades mediante las cuales las ideas se transforman en bienes y servicios culturales y creativos, cuyo valor está o podría estar protegido por derechos de propiedad intelectual.
Estos son algunos datos encontrados en nuestro país:
La problemática radica en la administración de la cultura y la creatividad. En primera instancia, debe ser prioridad del Estado proteger la cultura y la creatividad desde su origen. Para ello, necesitamos expertos en el tema que puedan tomar decisiones adecuadas para el sector (legisladores).
Es fundamental adecuar las industrias creativas ante la globalización del contenido en todos los aspectos, buscando la conexión entre cliente y productor. Asimismo, es necesario importar conocimiento de sectores consolidados (como Disney). Ejemplo de ello son países como Colombia y Chile, que han trabajado estos dos puntos de manera efectiva.
En un contexto global, las industrias creativas se han convertido en un tema central de discusión en diversos países. Sin embargo, solo algunos las abordan de manera racional y con fines de explotación económica. En el caso del Perú, este sector sigue sin ser considerado esencial, a pesar de ser una de las culturas milenarias más ricas del mundo. Mientras otros países saben aprovechar estos recursos, aquellos estados que comprenden su potencial han logrado economías capaces de globalizar sus industrias creativas, generando un gran impacto económico.
Durante mis viajes, he encontrado rompecabezas con imágenes de Machu Picchu, juegos de mesa, prendas de vestir con iconografía milenaria preinca e inca, entre otros, todos ellos producidos por creativos de otros países y no del nuestro.
A nivel mundial, este sector se origina en la creatividad, habilidades y talentos que potencian la riqueza y crean puestos de trabajo. En muchos casos, los emprendedores pueden convertirse en empresarios solo con propiedad intelectual. En diversas ocasiones, se requiere de un bróker o asesor internacional que vincule a los productores con los consumidores finales, rol que podría asumir el Estado, integrando sectores como arquitectura, publicidad, diseño, contenido, turismo, danza y software, entre otros. Lo sé porque, tras diez años de esfuerzo junto a mis socios, logramos contratos extraordinarios, de los cuales incluso nuestro propio país no tiene conocimiento.
La clave está en maximizar el impacto del sector, una ideología que está cobrando fuerza de manera vertiginosa gracias a algunos casos de éxito nacional. Es imprescindible potenciar el desarrollo del capital humano, profesionalizar a los creativos y formalizar sus actividades dentro del marco legal, fomentando la cooperación entre ellos.
Quiero compartir mi experiencia en Colombia, donde el Estado es el primer comprador y promotor de las industrias culturales y creativas, conectando a quienes venden en línea con los productores creativos, formando un círculo de retroalimentación y un modelo “win to win”. Tuve la oportunidad de comprobarlo de primera mano cuando brindé una conferencia en Medellín en 2019. Además, el Estado colombiano, al igual que el chileno, promueve constantemente sus logros a través de diversas plataformas para visibilizar sus productos creativos en el mercado interno y proyectarlos en ferias internacionales de prestigio.
Para concluir, no es un secreto que el Perú es el país más rico de Latinoamérica en cuanto a recursos. La UNESCO ha reconocido ocho ciudades creativas en nuestro territorio; poseemos una de las culturas milenarias más importantes y, como mencioné anteriormente, contamos con ingenio, talento y garra, características innatas del peruano. Entonces, me pregunto: ¿Qué estamos esperando?
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