El milagro de la poesía
El festival impulsado por Lily Sánchez presentó la novena antología «October Fest».

Arequipa se vistió de poesía. La tarde teñía el cielo de naranja y, mientras la ciudad seguía su curso, en un rincón de la plaza San Francisco se preparaba una fiesta alrededor de los libros y los versos. Allí nos reuniríamos quienes compartimos el gusto por la lectura y la pasión de escribir.
La cita formaba parte del festival En octubre sí hay milagros, celebrado desde 2013. Su nombre evoca la novela En octubre no hay milagros, del escritor arequipeño Oswaldo Reynoso, cuya obra sigue presente en la vida cultural de la ciudad.
Al frente del festival está la poeta y escritora Lily Sánchez, buena amiga mía, quien mantiene la tradición de presentar la antología poética October Fest. En sus páginas conviven voces reconocidas de la literatura arequipeña y jóvenes autores que buscan abrirse camino en el mundo de las letras. Entre estos últimos me encuentro yo, con la ilusión de ver mis pensamientos y emociones convertidos en poemas.
La noche del 14 de octubre, en el Teatro Anea, se inauguró esta nueva edición con una lectura dramatizada de tres obras de Reynoso: En octubre no hay milagros, Los inocentes y Eterno cielo azul, perteneciente al libro Capricho en azul. La literatura y el teatro se dieron la mano para abrir las celebraciones.
Al día siguiente, el 15 de octubre, la poesía tomó la palabra en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa.
Eran las tres y cuarto de la tarde cuando salí de mi casa, en el distrito de Paucarpata, para dirigirme al recital. A las cinco, ya en la biblioteca, escuché las palabras de presentación de Lily, cuya dedicación hizo posible la publicación de la novena edición de la antología. Luego llegó mi turno.
Vestido de traje y corbata, abrí el recital con la lectura de La última vez, un poema que escribí una noche de martes, después de enterarme, con pesar, del retiro de Lionel Messi de la selección argentina. Volver a esos versos y compartirlos con el público fue una manera de poner en palabras una tristeza por la partida de un hombre que nos hizo felices.

Después vinieron las lecturas de otros escritores. Dios, los seres mitológicos y la niñez fueron algunos de los temas que aparecieron en sus poemas. También hubo espacio para la poesía loncca, con la que Mercedes Pino y Miluska Vera rindieron homenaje a Arequipa y a esa manera tan nuestra de sentir y nombrar la tierra.
Mercedes Pino recitó un poema que conmovió a varios de los presentes. En sus versos había una historia que iba más allá de las palabras escritas. Escucharla fue una caricia al alma.
Hacia las siete y cuarto de la noche, la lectura colectiva llegó a su fin con unos fragmentos de una novela cuyo título no consigo recordar. Aun así, la presentación quedó entre los momentos que hicieron especial la velada.
Al terminar, nos quedamos conversando. Hubo elogios, abrazos, palabras de afecto y ejemplares que pasaron de unas manos a otras con dedicatorias de sus autores. La noche no acabó con la última lectura: continuó en esos pequeños gestos que nacen cuando los libros unen los corazones .
Quiero agradecer especialmente a Lily por la mención que me dedicó y por sus palabras durante la presentación del festival. Son gestos que uno recibe con especial cariño cuando está empezando a abrirse camino como escritor.
Fue una noche mágica e inolvidable, de esas en las que uno vuelve a casa con la alegría de haber compartido aquello que ama. Y, al recordar el nombre del festival, resulta inevitable pensarlo: el verdadero milagro de octubre es la poesía.
Julio Armando Aguilar Quicaño
Columnista
Escritor y estudia Psicología en la Universidad Continental. En el ámbito cultural, se desempeña como catalogador y redactor en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, donde además colabora en proyectos de promoción de la lectura.




