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¿Qué nos llevamos realmente de un congreso?

Las ponencias, los contactos y las actividades culturales abren oportunidades; convertirlas en aprendizaje exige algo más que asistir.

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¿Qué nos llevamos realmente de un congreso?

Por: Deyvith Yeyson Bautista Huamaní, estudiante de Administración.


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¿Cuántas veces se regresa de un evento académico con fotografías, contactos y una constancia de participación, pero con pocas ideas que realmente hayan sido procesadas? Esta pregunta cobra sentido al reflexionar sobre el propósito de espacios como el Congreso Nacional de Estudiantes de Administración (CONEA), cuya edición de este año, realizada en Arequipa, permite examinar qué significa verdaderamente aprender fuera de las aulas.


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El CONEA mostró que un congreso de esta naturaleza puede trascender las ponencias empresariales. Además de las exposiciones sobre liderazgo, empleabilidad, emprendimiento y el futuro de la administración, se desarrollaron presentaciones artísticas y culturales, actividades deportivas y espacios de integración, con la participación de delegaciones universitarias y representantes de la propia región. Asimismo, el concurso de emprendimientos 3.CRE permitió presentar propuestas ante un jurado de empresarios, con la posibilidad de recibir respaldo económico y orientación. Esta diversidad evidencia que la formación profesional no se limita al conocimiento técnico, sino que también comprende dimensiones culturales, sociales y humanas.


Entre los temas abordados en las ponencias destacaron aquellos relacionados con la dimensión humana de las organizaciones. Se habló de habilidades humanas (human skills), empleabilidad y del futuro del administrador. También se planteó la diferencia entre ocupar una jefatura y ejercer un liderazgo capaz de inspirar. Estas perspectivas invitan a repensar el papel del administrador, cuya labor no puede reducirse a perseguir resultados económicos, sino que también implica trabajar con personas, comprender realidades y tomar decisiones con responsabilidad. Sin embargo, asistir a una ponencia no significa necesariamente aprender. Una exposición puede presentar conceptos y experiencias, pero no sustituye el trabajo de comprenderlos y contrastarlos. 


El aprendizaje exige una participación activa: tomar notas, investigar, formular preguntas y cuestionar la información recibida. No toda afirmación merece ser aceptada sin cuestionamientos, incluso cuando proviene de alguien con trayectoria empresarial o reconocimiento profesional. En eventos de esta naturaleza también pueden encontrarse discursos que ofrecen fórmulas rápidas para alcanzar el éxito económico; por ello, el pensamiento crítico resulta indispensable. 


También hay una cuestión que merece atención. Conforme avanzaba la jornada, el coliseo se fue vaciando. Aunque no es posible conocer las motivaciones de quienes se retiraron, esta situación invita a preguntarse qué lugar ocupa el contenido académico frente a la constancia que acredita la participación. Una constancia demuestra que se estuvo presente, pero no cuánto se comprendió ni qué se hizo con lo aprendido. El problema aparece cuando la acreditación termina pesando más que la experiencia académica que debería respaldar. 


La descentralización constituye otro aspecto relevante. Tras una edición en Cusco y la realizada este año en Arequipa, durante el encuentro se anunció que Loreto será la próxima sede. Llevar estos espacios a distintas regiones contribuye a descentralizar el intercambio académico y facilita el encuentro entre estudiantes con realidades universitarias diversas. El reto es que esa descentralización no se limite a cambiar de ciudad, sino que también se refleje en una participación regional efectiva.


Si bien es cierto que se han reconocido los aportes del CONEA y cuestionado algunas conductas de sus asistentes, esto no significa que debamos idealizar el evento. Sería poco objetivo afirmar que todo fue positivo o que no existen aspectos por mejorar. Sin embargo, lo que esta experiencia nos ofrece constituye un indicio del enorme potencial que tienen los espacios académicos dedicados a un campo tan amplio y complejo como lo es la administración.  


Al final, quizá la pregunta no sea cuánto contenido recibimos durante un congreso, sino qué hacemos con él. La formación universitaria no consiste en acumular conceptos, certificados o experiencias para exhibirlos posteriormente, sino en desarrollar la capacidad de pensar por cuenta propia, cuestionar lo que damos por sentado y llevar las ideas a la práctica. Asistir a un congreso es una oportunidad, pero aprovecharla exige asumir un papel activo en nuestra propia formación académica, profesional y, sobre todo, humana.


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