Arequipa

Samuel Lozada: un abogado noble, un periodista ejemplar

9 de abril de 2017
Samuel Lozada: un abogado noble, un periodista ejemplar
En los vericuetos del periodismo arequipeño existe un intelectual cuya trayectoria profesional sobrevuela diferentes acontecimientos históricos que marcaron la vida contemporánea del país. 
 
Por: Hélard Fuentes Pastor
 
Se trata del doctor Samuel Lozada Tamayo, que a principios de los años cincuenta comenzó a destacar en el periodismo deportivo de la localidad. Nació bajo el signo zodiacal de la valentía, generosidad, lealtad y entusiasmo, un 23 de julio de 1927, en el seno de un hogar ennoblecido por la estampa tradicional de Arequipa. Su familia cultivó los principales valores sociales, culturales y académicos de la ciudad. Hijo del diputado por Camaná, Hermógenes Eduardo Lozada Benavente (n. 12-10-1892), que impulsó la Asociación Orquestal de Arequipa, y de Juana Luisa Tamayo (n. 1896). Sus tíos también son referente de los círculos intelectuales a nivel nacional: Samuel aparece como uno de los cultores de la historiografía médica, y, Elías, fue un importante abogado, político y autor arequipeño que fundó el Partido Social Nacionalista en 1930 y llegó a ocupar el cargo de diputado, senador y ministro hasta en dos oportunidades. Se casó con María Elena Ghirardi, tal y como afirma Lino Mamani, «una educadora argentina de la que se enamoró en un curso en Chile y quien apenas bajó del avión al llegar a Arequipa dijo: ‘A qué loco se le ha ocurrido fundar una ciudad debajo de estos tres monstruos’…».
Entonces, Arequipa era un verdadero centro cultural y las instituciones educativas formaban auténticos ciudadanos. Samuel Lozada realizó sus estudios secundarios en el colegio De la Salle, y cuando egresó, decidió dirigir sus destinos por el derrotero de las leyes y la senda del periodismo que tanto le apasionaba. Desde entonces un virtuoso jovencito se perfilaba como uno de los periodistas más importantes y antiguos de la localidad como actualmente se le reconoce.
Redactó sus primeras noticias a fines de los años cuarenta en el diario El Pueblo, cuando su director, Edilberto Zegarra Ballón, decidió confiar en la agilidad de su prosa y su exquisita expresión. Tendría aproximadamente veinte años cuando decidió ganar experiencia en una sala de redacción –como sostiene Lino Mamani– «entre linotipos, golpeando las teclas de la máquina de escribir, ver el paso de las computadoras, oliendo el humo de cigarrillo, buscando la “pepa” en la calle y entre la premura del cierre de edición». Su vida se orientó en el quehacer periodístico en tanto culminaba la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de San Agustín, graduándose el 30 de diciembre de 1950 y bachillerándose con la tesis La Mejora (1955).
Su historia en el periodismo parte de una anécdota recogida por L. Mamani. Aquí nos cuenta que una mañana acudió a la base aérea de Vítor para sobrevolar el cielo mistiano con su amigo, el piloto Miguel Muñoz Nájar. Aquel día se realizaba el really «Caminos del Inca», y Lozada Tamayo pretendía cubrir la noticia desde los aires. Para suerte suya, un jefe de la Fuerza Aérea no le permitió subir; resulta que minutos después, el avión cayó ocasionando la muerte de dos tripulantes. ¡Pudo haber sido él!
Años más tarde trabajó en La Prensa, uno de los medios periodísticos capitalinos que fundó el maestro Pedro Beltrán, cuyas ideas revolucionaron la forma de concebir la noticia en el país, llegando a imponer, incluso, un Manual de Estilo, que según Luis Eduardo Podestá, consistía en «un folleto de unas 40 páginas que contenía una Biblia resumida de cómo debe conseguirse, procesarse, redactarse y revisarse una información periodística antes de considerarla perfecta». Apuntes que permitieron enfilar el ejercicio informativo. 
Así se creó la «Escuelita de Beltrán» donde se formó buenos periodistas. Pronto, Samuel Lozada, siguiendo los consejos de Beltrán, llegó al cargo de director-jefe de la primera edición regional que publicaba un sello nacional, el mismo que dirigió con el apoyo de un cuerpo de periodistas e informadores como: Francisco Chirinos Soto, Luis Eduardo Podestá Núñez, Carlos Meneses Cornejo, entre otros. Un espacio de indiscutible aprendizaje que se encontraba en el crucero de las calles General Morán y San Juan de Dios.
El trabajo y profesionalismo que lo caracterizaban, le permitió crear un programa semanal denominado El Expreso, auspiciado por los Ferrocarriles del Sur, que se transmitía en Panamericana Televisión. Tanto el derecho como el periodismo han enriquecido el perfil profesional del doctor Lozada, que en 1952 decidió fundar su estudio jurídico «Lozada Tamayo Abogados», asumiendo en su primera etapa el asesoramiento en derecho comercial y laboral. Seis años después, en noviembre de 1958, alcanza el grado de doctor en Derecho Privado. 
Además de ejercer la abogacía y el periodismo, fue catedrático de Derecho Internacional Público en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de San Agustín, nombrado en 1961; y de Derecho Internacional Privado, nombrado en 1969. Entre estos años fue becado para realizar el postgrado en la Academia Internacional de Leyes (Texas, USA, 1964); y, en 1970, estudió Derecho de la Integración con el auspicio de la OEA (Buenos Aires). También ha sido docente en Derecho Internacional Público, Derecho Internacional Privado y Derecho de la Integración en la Universidad Católica de Santa María.
Su experiencia en materia legal, su capacidad como orador, la fineza de sus palabras, le ha permitido participar como ponente de importantes eventos: el Congreso Hispano Latinoamericano de Derecho Internacional en 1970 (Lima) y CADE 1975 (Legislación y Vivienda). En ambos ha destacado por su maestría y las reflexiones a las que suele conducir con su amplio horizonte académico que se centra en «superar la viejas diferencias» y «orientarse en la búsqueda de la justicia directa», pues «siempre los capaces, los estudiosos, los tenaces en el ejercicio de la profesión siempre habrán de triunfar y de alcanzar sólidas posiciones dentro de la sociedad civil» (entrevista con motivo del Día del Abogado, Colegio de Abogados de Arequipa, 2015).
Bien es cierto que detrás de todo gran personaje, existen obras que testimonian su esfuerzo profesional, tal es el caso de su tesis de doctorado: El Descanso Remunerado en el Derecho del Trabajo (Unsa, 1970), y los títulos: Derecho Internacional Privado. Exégesis del Libro X Código Civil (1980) y Lecciones de Derecho Internacional Público (Inédito).
El mayor reconocimiento lo ha recibido de los periodistas y abogados que aprenden de su experiencia de vida. De igual forma, la Universidad de San Agustín lo declaró como Profesor Emérito, en noviembre de 1999. Miembro de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional. Y es fundador-presidente del Patronato del Museo de Arte Contemporáneo de Arequipa (MAC), cuya dirección está en manos del periodista y crítico Eduardo Ugarte y Chocano. Finalmente, en el año 2016, su trayectoria fue reconocida por la Universidad Católica de San Pablo junto al abogado Álvaro Meneses. 
Ha comentado la obra de diferentes autores como: Paniagua, Héroe de la Democracia de Javier Díaz Orihuela; La voluntad de crear. Método e intuición en Mariátegui de Juan Carlos Valdivia Cano; De artistas, dibujos y pinturas. Los apuntes publicados en el Diario Noticias (1927-1964) de Hélard Fuentes Pastor; Cuarto de Hora, ensayos de cultura comunicación y política del Perú contemporáneo de José Luis Vargas Gutiérrez; Poemas del Amanecer (2013) de Andreína Rivera Dávila; Logoterapia, cuaderno de poesía inútil (2007) de Alejandra Lopera Quintanilla; entre otras.
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