Arequipa

“Siempre digo que soy mala actriz porque no puedo actuar”

11 de febrero de 2018
“Siempre digo que soy mala actriz porque no puedo actuar”

La actriz Vanessa Saba estuvo por unas horas en la Ciudad Blanca para participar en la alfombra roja del avant premiere del musical «Locos de amor 2» (Tondero producciones), la película dirigida por su esposo Frank Pérez Garland e interpretada por un reparto de  lujo.  Ante del estreno del film este 14 de febrero, El Pueblo habló con la exitosa actriz.

 
Por: Lino Mamani A.
Foto: Miguel Zavala D.
 
Mientras avanza sorbe un energizante, carga en las manos una cajetilla de cigarros Camel y sostiene su celular. Vanessa Saba, actriz de 42 años, deja por unos minutos el Twitter para conversar en el hall de un hotel arequipeño.
Saba actúa, escribe guiones, canta, conduce programas. Saba es novelas, teatro y cine. Saba es “villana” como también una “dulce” novia. Saba es tímida y desenfrenada. Saba es arte.
 
– Vuelves al canto con «Locos de amor 2», ¿cómo te animaste nuevamente a cantar en una película?
Es que a mí me gusta mucho cantar y el espacio que he encontrado más adecuado para mí es cantando con un personaje, en una obra de teatro, en una película. Hice un disco hace años (Hasta el sol) y cantaba en unos bares, pero me daba pánico escénico. Ya con un personaje, una historia, me siento más cómoda y cantar me encanta. De hecho, cantar químicamente moviliza algunas endorfinas y te ponen de buen humor. A veces es terapéutico.
 
– Entonces, ¿fue divertida la grabación?
Sí, fue muy bonita la grabación. El director es mi esposo (Frank Pérez-Garland), me gusta mucho trabajar con él, es un buen elenco, hablo por mis compañeros (que son) muy buenos actores y me toca Paul Vega, que es mi amigo y un actor que admiro mucho; Marco Zunino, que también es como mi hermano y Carlos Alcántara, con quien hacemos de pareja, ya trabajé con él y me gustó mucho porque también es un mate de risa. Tondero siempre hace cosas de mucha calidad, todos los elementos son los mejores para poder hacer un buen trabajo.
 
– ¿Cómo es trabajar con tu esposo Frank? ¿Hay más presión o mayores contemplaciones?
¡No, no, no! ningún engreimiento, pero sí es un director que te da bastante espacio para tener un proceso creativo y te va guiando hacia el lugar correcto, pero con mucho respeto por el trabajo creativo del actor. Hay directores más dictadores, más tiranos, que a mí, personalmente, no me gustan porque pienso que el actor –aun cuando no escribió el guión- al momento de componer su personaje debe tener un espacio creativo, desde donde él exige.
 
– ¿Haz rechazado algún protagónico o papel precisamente porque no había sinergia con el director?
No, porque antes de aceptar no sabía que iba a ser así y después ya me di cuenta; pero no, no han sido muchos. Pero sí me noté un poco incómoda, censurada, entonces me bloqueo un poco. No es la forma en la que me guste trabajar. Con Frank es todo lo contrario, es muy sencillo, muy inteligente, todas sus explicaciones siempre van al fondo de lo que está sucediendo, no es tanto la forma –como siéntate así o haz esto- sino que es lo que está pasando por debajo y eso ayuda a la narración o lo que el espectador va a recibir. No solamente en la forma de cómo se hacen las cosas, sino de lo que se quiere decir.
 
– Vanessa, cuéntame de aquella vez en que José Enrique Mavila te hizo llorar por tu excesiva timidez, en aquellos inicios.
No, no fue Mavila, fue…
 
– ¿(Eduardo) Macías, el director cubano?
– Sí, ¿cuál era su nombre? No me recuerdo de su nombre pero resultó siendo un gran profesor. Claro, eso fue cuando empecé hace muchos años. Yo era extremadamente tímida y me presionó y presionó -y eso fue bueno-, pero sí me fui a llorar a una esquina e inmediatamente me dijo: ¡Ya, hay que retomar! Y regresé, pero me hizo bastante bien. Hay que vencer algunas cosas porque es un trabajo en equipo, a menos que hagas un monólogo. No me acuerdo cómo era la escena, pero seguramente había algo, además de la timidez, en el contenido de la escena que me debe haber chocado, que a veces nos pasa. Lo que estás haciendo de pronto tiene que ver con lo que te está pasando a ti y te quiebras, algo así pasó pero igual fue muy bueno.
 
– ¿Ese fue el punto de quiebre para que inicies tu carrera (de actriz)?
Sí, creo que a partir de ese momento, por lo menos en ese taller, me sirvió para adelante… me quebré, vencí algo y pude continuar mejor.
 
– Si miras hacia atrás, ¿cómo te ves, Vanessa? 
¿Cómo me veo hacia atrás? Qué gracioso, siempre me preguntan hacia adelante, qué buena pregunta. Siento que fui venciendo ciertas cosas poco a poco, en la actuación y como persona también. Me gusta mi carrera porque empecé de a poquitos, con personajes bien chiquitos al inicio, pero eso me ayudó a ir aprendiendo. Yo veo cosas que hice antes y algunas me gustan y otras no. Sí, puedo ver el crecimiento.
 
– ¿De qué papel te sientes más satisfecha?
Satisfecha y que les tengo mucho cariño, este (Locos de Amor 2) va a ser uno de los favoritos, porque es un personaje y un guión muy bonito escrito por Bruno (Ascenzo) y Mariana Silva, una historia que siento que aun siendo una comedia dieron en el clavo dándole cierta profundidad a los personajes, como dice el director, la película habla del miedo a envejecer solo, es lo que recorren todas las historias, son cosas que las percibes de forma intuitiva y no es que se diga claramente. Le tengo mucho cariño a una obra musical llamada «Mentiras»; también al «Show de terror de Rocky»; «Ella & Él» y «Margarita» (escribió los guiones); la obra de teatro «Traición» y en televisión «Amor de madre» que fue una novela que hice hace un par de años y ese personaje me encantó, era una villana muy divertida.
 
– En algún momento dijiste que te gustaba el personaje de villana porque maltratabas a la gente impunemente.
Sí, yo creo que el personaje de villano te da la posibilidad de una fantasía, porque en la vida real no se le debe hacer daño a nadie, somos seres humanos y tenemos impulsos que debemos controlar para poder vivir en sociedad y de una forma civilizada. Pero este tipo de personajes te da la posibilidad de dar rienda suelta y hacer un poco de catarsis sin hacer daño porque es una función. Y las villanas tienden a ser personajes divertidos porque son los que hacen cosas a los protagonistas de las novelas sobre todo, quienes las sufren.  
 
– ¿Qué recuerdos de aquellas dos obras que compartiste con Mario Vargas Llosa?
La primera («La verdad de las mentiras») fue una lectura dramatizada, estábamos todo el tiempo sentados en el sillón cada uno. Fue muy bonito porque fueron los cuentos que él escogió de otros autores, y me dio cuentos que yo no había leído ninguno y me dio conocimiento de algunos autores de literatura. Él es una persona muy querible, generosa, humilde, llegaba y saludaba absolutamente a todo el mundo. Y la segunda vez («Las mil y una noches») fue más paja todavía porque ya era una obra, con escenografía, con movimiento de personajes. Era bien paja porque era una obra en la que había que hacer los dos varios personajes. Fue muy bonito. La primera obra se hizo en Lima  y en Chile y la segunda se hizo en Lima, acá no hubo posibilidad, en México también, fue bonita la reacción de la gente.
 
– Bueno, Vargas Llosa tiene mucho cariño a su ciudad. Cuando vino dijo que le gustaría interpretar una obra de teatro en la Casa Museo, que es donde nació, sería chévere que sea contigo.
Yo encantada (risas).
 
– ¿A qué miedos te enfrentas delante de una cámara?
Era muy tímida y me descubrí delante de la cámara más suelta que en la vida real. Paul Vega, por ejemplo, es muy tímido, sin embargo no es tímido a la hora de trabajar. Hay algo que pasa con la gente tímida a través de la cámara, debe ser que estamos disfrazados a través de un personaje, con ropa que no es nuestra. Soy más tímida en la vida real, por eso es que cantar terminó muy mal, me dio pánico escénico. En el cine es un poco dramático porque lo que queda, queda, el director puede editar y corregir pero no hay forma de resolverlo. En la televisión estás grabando todos los días y si el día anterior las escenas no quedaron tan bien, no puedes repetirlo, pero vas mejorando a medida que sigas grabando. Y en el teatro tienes esa chance de que todos los días hay función. En el cine lo que tienes es lo que es, y eso da un poco de nervios.
 
– ¿Cómo llegas o te vales de los impulsos verdaderos?
En realidad hay todo tipo de actores. Hay actores que son capaces de generar el mismo impulso día a día, yo personalmente no puedo. Soy una actriz que no puede hacer dos funciones igualitas y para mí eso es bueno. Siempre digo que soy mala actriz porque no puedo actuar, me tiene que pasar un poco de verdad. Todos los días necesito encontrar impulsos verdaderos. Muchos de esos impulsos te los da el público que reacciona de otra forma, los compañeros, todos los que van llegando con ánimos distintos. Alberto Isola, yo estudié con él y me acuerdo que decía “parte de donde estés”, o sea si llegaste deprimido no te fuerces a estar contento, que el personaje parta de ahí; tienes que contar la historia del personaje, pero puedes usar lo que tienes.
 
– ¿Por qué te cuesta mucho llorar siendo actriz?
 Llorar no me sale. Odio fingir llorar y cuando no me sale prefiero no hacer nada y reflejar la tristeza de otra forma. Contar el dolor es igual de efectivo que llorar.
 
– ¿Te animarías a grabar otro disco?
¡Ay Dios! Es un bichito que siempre me ronda pero no he tomado una decisión.
 
– ¿Pero covers?
Covers tal vez, los boleros me gustan mucho, boleros versionados podrían ser algo bonito y ahora que han pasado los años me sentiría más cómoda, he cantado con Mar de Copas algunas veces, pero por ahora este espacio de cantar actuando me gusta mucho, porque la canción sirve para contarte historias.
 
– El año pasado, la actriz Stephanie Orúe confesó valientemente haber sido víctima de acoso sexual. Incluso le brindaste tu apoyo, ¿Te ha pasado algo similar?
Sinceramente, he tenido mucha suerte. Me han pasado cosas como que me hayan metido la mano en la calle, algún exhibicionista que tocaba la ventana en mi casa y se abrió todo, pero no me pasó nada más grave que eso, no me arruinó la vida. Eso no es lo mismo como una violación, ni que te toquen indebidamente, no podría de ninguna forma decir que he sufrido realmente de acoso. No podría aprovecharme de la coyuntura donde hay víctimas de verdad, que necesitan todo el apoyo del mundo. Pienso que las personas a las que nos han pasado cosas menores, debemos defendernos, en general no puedes permitir que te arruinen, la víctima no tiene la culpa.
 
– No quiero ser incómodo…
Dale
 
– ¿Aún persistes en la idea de ser madre?
De eso preferiría no hablar, perdóname y si no te molesta.
 
– Ok, ¿a qué le temes, Vanessa?
A que pase el tiempo inclemente y no haya hecho todo lo que haya querido, aun cuando no tengo una lista exacta de todo lo que quiero hacer. Una sensación de que se acaba el tiempo, cuanto más aprendes cada vez te queda menos tiempo. Cuando ya estás aprendiendo cada vez te queda menos tiempo para aplicarlo… así es la vida.
 
 
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