Un león que confecciona conejos
2 de abril de 2017

De niño había dibujado con las manos utilizando estrellas, hacía saltar conejos, vicuñas, zorros y osos polares, en su imaginación. Sus personajes ficticios saltaban, jugaban, le saludaban.
Por: Roy Cobarrubia V.
En tiempos en donde no existía la televisión, imaginar era una especie de ejercicio para la creatividad. “Confeccionaba con la mente, uniendo puntos de estrellas podías hacer que las imágenes se muevan, eran cosas de niños”, dice Leoncio Apaza Yana, un hombre de 54 años de edad que hoy, debido a que el cielo de la ciudad le dificulta ver el plano estelar, imagina, y lleva sus imágenes siderales a la realidad a través del cocido de pieles y pana. El artesano de “peletería”, curtido y moldeado de pieles, aprendió a crear imágenes reales con badanas de cuyes, de conejos, de llamas y de vicuñas.
Nació el tres de agosto de 1964 en Ayaviri, el número cinco de nueve hermanos, hijo de un padre artesano que confeccionaba polleras, hijo de una cocinera y miembro de una familia que nunca tuvo mucho pero que siempre necesito más.
La televisión en su pueblo era un rumor, la gente según cuenta solía leer más, se fijaba en las cosas que existían a su alrededor, conocían cada espacio, los detalles y estudiaban como si fuera una profesión las características de los animales.
“Me gustaba dibujar conejos, paisajes, vizcachas, siempre fui bueno en arte, en eso de crear”, expresa. Con un padre comerciante que viajaba constantemente y una madre ocupada en la atención de muchos hijos aprendió a regocijarse en la ternura de sus imágenes.
Leoncio es un hombre sencillo, simple, amable, noble, es de la especie de hombres que gusta de escuchar, observar y amar la perfección, un león amansado. De su niñez tiene pocos recuerdos, sus estrellas y su laguna, “La moya”, un lugar en donde se detenía horas a ver el reflejo del cielo azul y sus nubes, y en especial el acercamiento de llamas y zorros que se asomaban a tomar agua, dóciles y sin enfrentamientos. Según cuenta, los vio alguna vez beber el líquido elemento. Eran tiempos en donde podía jugar en libertad, leer sin presiones o tensiones.
“Cuando me fui de Ayaviri fue triste, en el tren hacia Arequipa, sentí que mis recuerdos se iban perdiendo, imaginé que nunca volvería a ver a mi madre, a mis amigos”, dice. Luego de haber terminado la primaria, su padre decidió que estudie la secundaria junto a sus hermanos Héctor y Efraín en la Gran Unidad Escolar. Durante su tiempo en la provincia trabajó de mozo en diferentes restaurantes de la ciudad, pero la añoranza haría que regrese a su pueblo. “Solo estuve tres años, luego regresé a Ayaviri, extrañaba mucho a mi madre y mi vida, mis amigos, de joven te suelen pasar eso de añorar”, dice de manera tímida.
A su regreso terminó la secundaria en el Instituto Agropecuario Nº 72, fue ahí donde conoció a Noemí Poccohuanca, la mujer con la que se casaría años después y con quien tendría cinco hijos.
“Cuando terminé la secundaria me junte con mi esposa, mi suegro era un artesano de peletería, Clemente Poccohuanca, confeccionaba imágenes con pieles, a mí me gustaba lo que hacía, un día le dije que me enseñe a crear imágenes, y me dijo que no, entonces decidí cada tarde ir a su taller y observarle trabajar, él era muy celoso con su trabajo, no quería enseñarme, pero al final aprendí observando”, dice.
Los constantes premios, diplomas y condecoraciones otorgados a su suegro le impulsaron a mejorar su trabajo. “Mi suegro es conocido por su talento, siempre ganaba premios y concursos, yo recuerdo que por esos días me dije a mí mismo voy a realizar un mejor trabajo que él y me voy a presentar a un concurso para enseñarle que aprendí su arte”, expresa. Hasta el momento Leoncio no ha participado en ningún concurso y no es porque no tenga fe en sus creaciones, lo que pasa es que siempre alguien las quiere comprar y ofrece muy buen dinero por sus obras y estas nunca llegan a un certamen.
El proceso de trabajo en peletería consiste en la compra del cuero de cuy, conejo, vicuña, llama en la ciudad de Juliaca, el elemento según explica Leoncio, es un cuero sucio, sin forma y aún por limpiar y dar forma. Luego es traído a la ciudad para ser tratado en un taller en el distrito de Miraflores en donde limpia totalmente la piel y luego la deja estirar en una tablas en donde engrasa el elemento por días, al final dibuja lo que pretende crear y le da forma, cose y limpia, el resultado son osos polares salidos de famosos comerciales de gaseosas, mamut traídos a la vida, zorros y perros de todas las razas habidas y por haber.
Leonidas no solo fue artesano, según cuenta estudió enfermería en el Instituto Público de Ayaviri, ejerció unos años, trabajo en una posta médica en Puno y luego en un hospital en Cuzco. “Es que el pago es mínimo y por contrato, con la peletería logro ganar mucho más”, expresa. Y su aseveración puede llegar a ser cierta, pues cada semana el proceso de sus creaciones termina en 200 a 300 ejemplares que son vendidos entre 10 a 60 soles dependiendo del tamaño y la dificultad, ejemplares que según cuenta se venden en un día.
Este año el artesano ha decidido mostrarle a su suegro que es capaz de crear y llevar su imaginación al plano real, este año ha decidido que se presentará al concurso del “Santo Rantikuy” en Puno, ahí espera obtener uno de los tres lugares para agradecer a su suegro, al destino y a las estrellas que logró ser el mejor observando y a través de solo creatividad.
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