Yamila Osorio: «El poder envejece y también puede rejuvenecer»
10 de septiembre de 2017

La gobernadora regional reconoce que el cargo la agotó. Ahora empezó a recuperar su vida social. Sale con amigas y hasta publica fotografías con las flores que le obsequian. Se queja que no reconocen su trabajo y quiere que su hermana siga sus pasos en la política.
Por: Rossmery Puente de la Vega P.
Foto: Miguel Zavala D.
Hace dos sábados, cerca de la medianoche, Yamila Osorio, gobernadora de Arequipa, publicó una foto en Twitter mostrando un ramo de flores. «Tulipanes que te roban una sonrisa», escribió. Se le ve sonriendo con los ojos.
Cuando le preguntamos sobre ese momento feliz y los comentarios que generó, soltó una carcajada sonora y prolongada, como quien celebra una travesura. «Me encanta que especulen sobre mi vida sentimental», dijo respirando aliviada.
Los tulipanes, aclaró, fueron un regalo de sus ahijados de la escuela de suboficiales de la Policía Nacional.
En su cuenta de Twitter pregona su estado civil: «Soltera feliz».
Terminó con su última pareja en los primeros meses de su gestión. Ahora le preocupa más terminar bien su último “round” en la región, como si se tratara de una pelea de box de la que no quiere salir derrotada.
EL PODER LA AGOTÓ
«Hasta hace unos meses me sentía avejentada», dice Yamila Osorio, sentada en un sillón de cuero de la biblioteca Mario Vargas Llosa. Cruza las piernas. Endereza la espalda. Lista como para una sesión de fotos en un concurso de belleza.
Ha bajado de peso en las últimas semanas. Se puso a dieta. Hace ejercicio. «En la medida en que cambiará mi vida cuando termine la gestión, estoy volviendo a retomarla», dice.
Otra vez asiste a las reuniones con sus amigas. Varias se casan. Tiene 31 años. Dice que le quedan cuatro años para encontrar a su “príncipe azul” y tener una familia. Es su sueño, pero no le preocupa quedarse sola. «Tengo varios ahijados que están detrás mío, interesados».
Se distrae con series en Netflix. Estos días mira “Ingobernable”, protagonizada por la mexicana Kate del Castillo. Lee para apartarse un poco de la realidad y meterse en otros mundos. Terminó “La Viajera del Viento” de Alonso Cueto y comenzó “La noche sin ventanas” de Raúl Tola. Dos historias ambientadas en la Segunda Guerra Mundial.
Su familia sigue siendo su principal respaldo. También tiene consejeros espirituales: sacerdotes y un grupo de oración que se reúne en su casa una vez al mes.
GESTIÓN
Yamila Osorio es optimista. Confía que al final de su gestión no saldrá jalada. El descontento por su trabajo lo interpreta como un comportamiento normal de los electores en Latinoamérica.
«Si haces una evaluación de la población electoral en Latinoamérica, los peruanos somos los más pesimistas», argumenta Osorio, con la seguridad de los viejos políticos. Admite que su belleza influye en su día a día. En la calle la abrazan, besan, le piden selfies. Esa popularidad, apunta, es la que importa.
«Probablemente el ser mujer les genera confianza para acercarse, darme un beso, abrazarme o decirme algo. O quizás los limita a gritarme una grosería. Es probable», comenta.
En las redes sociales no se libra de los insultos. Los minimiza. Es como un campo de batalla donde muchos hacen la guerra con cuentas falsas.
Considera que la gente valorará más su trabajo cuando empiece a entregar las obras. Enumera con los dedos los proyectos que concluirá antes de dejar el cargo en diciembre de 2018. Hace un listado de carreteras, hospitales y un templo. Sus cifras son así: más de mil millones de soles en obras públicas y más de mil millones de dólares de inversión privada.
TIENE EL TIEMPO EN SU CONTRA
De sus continuos viajes a Lima, dice que los hace por cosas concretas. «No son cuestiones infructuosas. Viajar es pesado, desgasta», asegura.
Juan Manuel Guillén, expresidente regional, hablaba que estaba rodeado de “cocodrilos”. Yamila Osorio les dice desleales. «Siempre hay gente desleal que juega sus propios intereses. Lo importante es identificarlos y sacarlos. Ya lo hice con varios desde el primer año de gestión». En esa tarea, indica, le ayudó Dios.
También se queja de los periodistas arequipeños. Cree que no reconocen los logros de su gestión. Muestra en su celular una noticia de medios limeños donde hablan bien de su ejecución presupuestal. Es su trabajo. Le pagan 14 mil soles mensuales para que lo haga. «Nadie es profeta en su tierra», dice como reproche.
GOYENECHE
A estas alturas de su gestión, finalmente reconoció que no podrá hacer un nuevo hospital Goyeneche. Pasaron tres años y no se concluyeron los trámites para la obra.
En el sector Educación, refiere que dejará las bases para mejorar los resultados académicos. Beca de maestrías para 2 mil maestros, el proyecto pedagógico de actualización y capacitación a mil 500 docentes, colegios mejorados, 400 laptops que entregará en noviembre, son algunos de sus proyectos.
Espera que la próxima gestión no haga borrón y cuenta nueva.
Lo que tampoco avanzó es la relación con las regiones vecinas. La mancomunidad quedó en el papel. No prosperó por líos de límites entre Puno, Moquegua y Arequipa.
«En la medida que podamos entender que armando un solo bloque en el sur vamos a luchar más contra el centralismo, recién nos sentiremos motivamos a unirnos. Mientras no internalizamos esa idea y acudamos a falsos regionalismos, seguirá siendo un reto pendiente».
Sobre sus desencuentros con Alfredo Zegarra Tejada, alcalde provincial, dice que son cosas del pasado. Quiere sumar esfuerzos para, por ejemplo, exigir que Cerro Verde pague lo que le debe al fisco. En este tema cuestiona que algunos alcaldes hayan preferido realizar gestiones individuales. «Muchos vieron que era mejor gestionar por su cuenta que ponerse de acuerdo por un proyecto», apuntó.
Otro tema del pasado para ella son las amenazas de Edgar Alarcón, excontralor, quien la acusó de estar detrás de su salida. No se queja de la nueva gestión de la Contraloría.
Confía en que este órgano de control haga un acompañamiento sin juzgamiento previo. «Eso da mayor confianza en el avance de los proyectos», apuntó.
La Comisión Regional Anticorrupción fue reactivada en su administración, pero no le asignó presupuesto. Dice que el trabajo lo tiene que realizar el presidente de la Corte Superior de Justicia y solo puede apoyar con papel o logística.
A quien le está eternamente agradecida es al presidente Pedro Pablo Kuczynski. La transferencia de dinero para que ejecute obras en Arequipa, le ha dado un impulso a su gestión regional.
Reconoce que está debilitado por la coyuntura. «La huelga magisterial que se ha extendido mucho, lo ha desgastado». Confía que PPK retomará el camino.
La relación entre el Ejecutivo y las regiones mejoró, pero está pendiente la descentralización fiscal y cambios en el reparto de canon. Temas donde tienen trabajo por hacer los congresistas. «Los congresistas deben hacer su trabajo, más que proyectos de ley declarativos», dijo. Su relación con los parlamentarios por Arequipa es distante.
FUTURO POLÍTICO
Su futuro político es una incertidumbre. Quiere viajar al extranjero cuando acabe su mandato para estudiar una maestría. Pero a veces duda. «Una nunca sabe lo que pueda pasar», dice Osorio, recalcando que no le preocupa el futuro y que está convencida que se le abrirán las puertas para continuar en cargos públicos.
Su familia le pide que viaje para oxigenarse. Su entorno político que continúe. Las mayores enseñanzas de la política, dice, son el conocimiento de la gestión pública, la tolerancia, paciencia y prudencia.
Apela al refrán: “No por madrugar amanece más temprano”, para referirse a los posibles candidatos que quieren sucederla en el cargo.
Arequipa, Tradición y Futuro, el movimiento político que la llevó al sillón regional, participará en las siguientes elecciones.
«El movimiento nunca ha sido de hacer mucha pompa o propaganda con mucho tiempo de anticipación. Hemos sido cautos, medido coyunturas, quiénes van a dar el golpe final», refiere como una estratega de campaña. No descarta alianzas. No cree que Javier Ísmodes sea el candidato de la agrupación. «No creo que seamos de su agrado», dijo sonriente.
Lo que sí le gustaría es que Marilia, su hermana menor, siga sus pasos e ingrese a la política activa. «Habría que preguntarle a ella. Me ha dicho que le gusta mucho el trabajo que hace». Quizá la sorpresa política del 2018 también tenga el sello de los Osorio Delgado.
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