Arequipa

Arequipa: Holandesa quiere hacer gran hospital

11 de junio de 2017
Arequipa: Holandesa quiere hacer gran hospital
Marjan Van Mourik, una ciudadana de Holanda dirige el hospital para niños con escasos recursos, Tony Molleapaza desde 2008. El nombre del nosocomio fue colocado en honor a un menor con cáncer terminal, a quien la extranjera quiso como a su propio hijo. Desde que fue inaugurada esta institución ha ayudado a más de 150 mil menores a curar sus males. Hoy el sueño de Marjan es convertir el establecimiento en uno de alta complejidad, que atienda casos como el de Tony. Requiere ayuda.
 
Por: Elizabeth Huanca U.
Foto: Jorge Esquivel Z.
 
Marjan Van Mourik vino de vacaciones de Holanda al Perú y se quedó para siempre. 
Fue en 1998. Ella y su esposo paseaban por las calles del Cusco cuando vio a un niño con labio leporino. La imagen quedó grabada en su mente.
En Holanda el Estado no permite esta realidad. Cuando un niño nace con esa malformación, este cubre los gastos pre y post operatorio. Marjan nació con labio leporino, por eso identificó su historia con la de los infantes, que a diferencia suya no podían operarse por falta de dinero. Ver la cruda realidad peruana removió en ella su pasado y quiso modificar el presente de estos niños.
Un año después inició un noble proyecto en la Ciudad Imperial con ayuda de amigos del Club de Leones. Empezó a hacer campañas gratuitas para niños con labio leporino y paladar hendido. La obra tuvo mucha aceptación. Sin embargo, mientras Marjan devolvía la sonrisa a decenas de niños, parte de su vida –hecha en Holanda, donde laboraba como enfermera– se iba esfumando. Su pareja le pidió escoger, entre él y “sus niños”. Ella, no lo dudó. 
Marjan tenía 39 años y por motivos personales nunca tuvo hijos. En el fondo siempre quiso ser mamá, por eso eligió quedarse en Perú. Sus sueños maternales se volcaron en ayudar a niños.
En el 2001, la extranjera se trasladó a Arequipa y fundó una clínica en la avenida Jorge Chávez, donde continuaba impulsando operaciones gratuitas de labio leporino y espina bífida. Además amplió atenciones en consultorios básicos de dental, medicina y fisioterapia. 
Fue en esos años cuando conoció a Tony Molleapaza Rojas, un niño de 9 años con cáncer terminal, a quien amó como al hijo que nunca tuvo. 
Era 2004 él vivía en Hunter postrado en una cama, sin ayuda y sin atención. Sus padres habían agotado sus recursos para salvarlo, pero ya era tarde cuando Marjan apareció en sus vidas. Los médicos solo le dieron seis meses de vida. “¡Entonces que sean meses de calidad de vida!”, pensó. 
Ella y el niño no se separaron más. Con ayuda de especialistas y con cuidados de Marjan, Tony vivió dos años. Ella lo invitaba a pasar fines de semana en su casa, iban al cine, el pasatiempo favorito del menor; comían pollo al estilo Kentucky Fried Chicken y un día, él le pidió vivir con ella. Marjan no supo qué decir, pero aceptó. Los padres de Tony, también. 
Fueron tres meses inolvidables. A su lado, ella conoció sobre el amor y la muerte. “Dios no existe, por qué me pasa esto a mí”, le decía llorando algunos días, cuando el dolor del cáncer laceraba su cuerpo. Ella entonces supo que tenía que preparar al niño para que parta en paz. 
Hablar con un niño de 9 años sobre la muerte no fue fácil. Marjan tampoco creía en Dios, lo que complicó su labor. Entonces apeló al pasatiempo favorito de Tony para hacerle entender que la vida era como una película. “La que te ha tocado a ti no es muy bonita, por eso tiene que terminar. Empezarás otra mejor, llena de paz”, decía con la voz quebrada. 
Tony era un niño bueno y fuerte. Sabía que iba a morir, pero aun así no se olvidaba de su familia. Marjan recuerda que alguna vez, cuando fueron a comer pollo, él pidió una porción familiar. “¡No es mucho para ti”, preguntó sorprendida. “Es para mi familia”, respondió inocentemente Tony. 
La película de Tony terminó un 31 de enero de 2006. Unas horas antes, Marjan cumplió el último deseo de su pequeño. Se estrenaba la película de Bob Esponja y él quería verla. Demostrando que hay cosas que solo una madre puede hacer, Marjan movilizó paramédicos y hasta bomberos para que Tony viera la función en camilla, con un balón de oxígeno al costado.
El gerente del cine, en un inicio se negó a que Tony entrara, pero ella estaba decidida a hacer feliz a su hijo. “¡Qué pasaría si tu hijo que va morir te pide un último deseo (…) Este chico va a morir. Qué te pasa para no dejarnos entrar”, increpó. Tony y ella solo pudieron ver 10 minutos de la película. El oxígeno se terminó y pocas horas después la vida del niño. 
Marjan pasó toda la noche en vela a su lado. A las 6:00 de la mañana, la película dramática de Tony terminó. “Yo no te puedo curar, pero haré que tú vivas en el tiempo”, le prometió. Así nació la clínica Paz – Holandesa Tony Molleapaza Rojas. Majan, madre, inmortalizó a su niño para siempre. Ella cree que la verdadera paz de un niño, solo se encuentra en su bienestar, en su salud.
 
MÁS DE 100 MIL NIÑOS
Dos años después de la muerte de Tony, la clínica se inauguró. La gestión de buenos amigos de la ciudad, como Don Carlos Meneses, director de este diario, el ex presidente regional, Juan Manuel Guillén, y Marcio Soto, el ex alcalde de Paucarpata, que donó el terreno donde hoy funciona el nosocomio, ayudaron a que Marjan cumpliera la promesa que le hizo a Tony en su lecho de muerte. El 55% de fondos que hicieron realidad la obra, provinieron de Holanda y resto fue financiamiento propio y estatal. 
La clínica Paz – Holandesa Tony Molleapaza Rojas, atiende al año alrededor de 17 mil niños con diversos males. De estos al menos 6 mil son pobres y reciben atención gratuita. En todos los años que Marjan permanece en el país, su obra social ha ayudado a cerca de 150 mil menores. Han operado al menos a 7 mil niños con labio leporino. De alguna manera, la paz que buscaba Tony vive en ellos. 
Paz Holandesa hoy tiene 40 servicios y especialidades. Gran parte exclusivamente pediátricos. Además, allí se hacen cesáreas y promueven parto natural. 
Por estos días, Marjan prepara un proyecto, quiere que la clínica de Tony se convierta en un hospital de alta complejidad, donde atiendan males graves como el cáncer. Para ello necesita la ayuda de las autoridades del Estado. Sabe que esos sueños no los puede hacer sola. 
Mientras caminamos por las instalaciones de Paz Holandesa, algunos niños juegan y corren alrededor de Marjan. Ella sonríe sutilmente. Confiesa que desde la muerte de Tony ha evitado por todos los medios involucrarse de esa forma con la historia de algún niño. No quiere sufrir de nuevo. 
Sin embargo, a ratos los sentimientos la vencen. Cuando entramos al área de hospitalización, observa a Mathy, un menor de apenas un año de edad, que luce como un bebé de 6 meses. Tiene labio leporino bilateral y paladar hendido, el mal ha generado un alto cuadro de desnutrición en él. Su madre nunca lo hizo atender por falta de recursos. Marjan lo acaricia y ve con amor. La clínica se hará cargo de él. Apenas suba de peso, el hospital de Marjan y Tony, le devolverán la sonrisa a Mathy.
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