Arequipa

Arequipa: Vuelve el rey de los títeres, José «Pepe» Borja

23 de julio de 2017
Arequipa: Vuelve el rey de los títeres, José «Pepe» Borja
José Borja Salinas, más conocido en el mundo del teatro como «Pepe Borja», fue nombrado “personalidad meritoria de la cultura” el último viernes por el Ministerio de la Cultura. El arequipeño de 85 años ha dedicado más de 40 años al mundo de títeres. La designación lo tomó por sorpresa y lo ha animado a volver al mundo de los muñecos en movimiento. Aquí la historia de un hombre libre y feliz. 
 
Por: Elizabeth Huanca U
Foto: Adrián Quicaño P.
 
La curiosidad por el teatro lo llevó a encontrar su destino. José Borja Salinas, o “Pepe” Borja para los amigos, el legendario titiritero arequipeño, era solo un niño cuando su abuelita lo llevó a ver una obra de teatro en el auditorio del Colegio Salesiano. Quedó impresionado. El arte de la actuación se impregnó en su alma desde entonces, pero durmió por muchos años. Era algo tímido, tenía miedo. 
Recién cuando tuvo 25 años se atrevió descubrir cómo era la vida detrás de un telón. Quiso saciar su curiosidad. Se inscribió a un taller de teatro dictado por José Mejía Bejarano, el recordado director del Teatro Universitario Teunsa. Este no lo tomó en cuenta. “Pepe” Bejarano huida cada vez que el profesor llamaba a una escena de improvisación. Cuando llegó el final del curso, Mejía se olvidó de él al momento de entregar libretas con las calificaciones. 
A modo de saldar el craso descuido, el director teatral lo invitó a asistir al Pabellón de la Cultura de la Universidad Nacional de San Agustín, donde hoy funciona Radio Universidad y TV Unsa. Allí, todos los lunes, un grupo de jóvenes con talento innato para la actuación practicaban guiones para presentar obras de teatro. “Pepe” asistió. 
Recuerda que la primera vez que el director lo puso en frente de sus compañeros para que leyera un guión, temblaba y apenas podía pronunciar palabra. “Esto no es lo mío”, se repitió, pero aun así siguió asistiendo. 
La mayoría de veces solo miraba y admiraba a sus compañeros. Se convirtió en el utilero del grupo. Él era feliz. Su trabajo consistía en alistar la ropa e instrumentos que utilizarían los actores. 
Era 1955, el grupo presentaba la obra “Farsa y justicia del señor corregidor”, obra de Alejandro Casona. La comedia cuenta de manera jocosa la historia de un posadero que se roba un lechón de jabalí a pedido del corregidor. En su huida afecta a varias personas por lo que es llevado ante el corregidor para hacer justicia. Este lo ayuda manejando la ley a su conveniencia.
Todo estaba listo para la presentación, pero el personaje que hacía de Gendarme (oficial) faltó. El director entonces le ordenó que lo reemplazara. “Pepito” no tuvo más remedio que hacerlo. Sudó “sangre” para repetir su guión que solo consistía en decir una palabra ¡Alto! Entonces, supo que actuar no era lo suyo. Él solo quería llevar maletas con ropa actoral.
El incidente se repitió en otra ocasión con el mismo escenario. Él muriendo de nervios y maldiciendo al “faltón” del grupo. En la tercera oportunidad, su intervención fue más larga y abrupta. Fue en Yarabamba. Esta vez debía actuar como un sastre. El personaje sí tenía un diálogo estructurado. Lo agarraron en frío y él solo atinó a estudiar su discurso en el taxi, mientras viajaban al lejano distrito arequipeño. Al final, su intervención no tuvo mayores complicaciones. No olvidó la letra y la obra salió bien y gustó a todos. El director, acabada la presentación lo invitó a tomar un café.
 
Lee el informe completo en la edición escrita de hoy…
 
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