Arquitecta se hace monja de clausura

La consagración de una arquitecta que decidió dejar todo para ser monja de clausura.
Sus padres nunca imaginaron que la mayor de sus hijas, la engreída, el ejemplo de la familia, la arquitecta de padres arquitectos, algún día les diría “quiero ser monja de clausura”.
Fue un baldazo de agua fría, cuenta don Óscar Ruiz, quien luego de la ceremonia de consagración de su hija Nataly Ruiz Herrera, ahora hermana Nataly de la Santísima Trinidad, tenía sentimientos encontrados.
Sabe que ella está haciendo lo que más quiere y que está feliz; pero también está consciente que de alguna manera la está perdiendo para siempre, por lo menos físicamente. A partir de ahora, solo la verá una vez por mes cuando la visiten y los atienda en el locutorio del Monasterio de San José de las Madres Carmelitas Descalzas.
Nataly contó que desde muy niña, su madre la había acostumbrado a rezar sus oraciones diarias y a encomendarse a la Virgen de Chapi. Estudió en el colegio Mercedario y posteriormente en la universidad hasta graduarse de arquitecta. Mientras trabajaba en la Universidad San Pablo acudía a las reuniones del Sodalicio de Vida Cristiana y hacía misiones en diversas partes del país y el extranjero.
“La primera señal que me dio, fue en el 2009, en Guayaquil, cuando habíamos visto la realidad del mundo, todo lo que había por hacer. Estaba en la capilla sola, con la música y entonces abrí mi corazón y le pedí: Señor en qué quieres que te ayude. De lo que sí tengo certeza es que quiero pasar la vida contigo a los pies del Sagrario; pero no sabía que existía una vocación que cumpliera mi deseo hasta que me encontré con los Carmelos”, narró ante sus familiares, amigos y un templo repleto de fieles, a veces con la voz entrecortada de la emoción.
La ceremonia de consagración, que se celebra después de 10 años, se inició a las 8 de la mañana y fue concelebrada por varios sacerdotes y diáconos. Se realiza el Rito de la Profesión Religiosa, donde le preguntan a la aspirante a monja si es que desea continuar con la intención de asumir la responsabilidad de tomar los votos, a los cual respondió que sí.
Posteriormente piden a los presentes ponerse de rodillas, mientras que la hermana Nataly, se echa boca abajo con los brazos abiertos y es cubierta con pétalos de rosa por sus padres y padrinos, mientras se pide a todos los santos, rueguen por ella. Luego la hermana Luisa de la Sagrada Familia, superiora de la congregación, le retira el velo blanco que llevaba en la cabeza para cambiarlo por el negro. Encima una corona de flores blancas.
Las monjas que están en clausura, difícilmente abandonan el monasterio, solo cuando hay casos extremos; y sus trabajos de comunidad los desarrollan en absoluto silencio. No hay conversaciones cuando se cocina, se teje, se borda, o elaboran los pasteles.
Su día se inicia muy temprano, a las cinco de la mañana deben estar en el coro para rezar, a las 7 de la mañana tienen la misa diaria, los domingos la celebran a las 8 y luego se van a hacer sus quehaceres. Tienen una gran huerta en donde cultivan sus hortalizas con las que preparan sus alimentos y para un grupo de personas sin recursos económicos a los que ayudan a diario.
Con la hermana Nataly, ahora son 15 monjas de clausura, hay una joven de 20 años que está como aspirante; pero tienen 21 celdas en total. La monjita con mayor edad tiene 90 años de edad y termina sus días solo en compañía de las hermanas, porque incluso allí tienen su propio cementerio. A nivel mundial y en las mismas condiciones hay unas 13 mil carmelitas.
“Cuando uno visita las comunidades de las madres contemplativas, podría pensar que estas religiosas que paran todo el día en silencio, tendrían que ser unas amargadas, pero cuando vamos al locutorio experimentamos todo lo contrario, son muy alegres, siempre con una sonrisa y eso contagia. La alegría es signo de la santidad”, señaló el padre Alfredo, concelebrante de la misa.
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