Crónicas de batán

Enrique Ramírez realiza una compilación de historias arequipeñas desde la comida hasta eventos y noticias que marcaron el desarrollo de la ciudad.
Por: Roy Cobarrubia V.
El historiador arequipeño Enrique Ramírez Angulo ha publicado el blog “Crónicas de batán”, un espacio en la red donde descubre, propaga y habla de Arequipa y su gente en una colección, que continúa escribiéndose, sencilla y precisa de acontecimientos y personajes históricos de la Arequipa de ayer y de hoy.
La dirección http://cronicasdebatan.blogspot.com es el esfuerzo personal de Ramírez para presentar mediante la sencillez del lenguaje, y el trabajo casi de antropólogo, de la búsqueda de historias poco conocidas o muy pasadas mediante la precisión y la concisión.
En sus crónicas, “Chinos y revolución en Arequipa 1931”, “Arequipa y el terremoto de 1958 en la revista Life”, “Congata 1969 explosión y sangre”, “Lágrimas de picantera”, y otras más, cuenta los acontecimientos de la ciudad en historias con una extensión de tres mil caracteres, historias extensas, reducidas y fáciles de leer.
“Me llama la atención cómo ha logrado capturar las impresiones de algunos sectores de la sociedad en acontecimientos como el terremoto de 1958 y la revolución de 1931 que puso fin al gobierno de Leguía. También resulta interesante que una de sus fuentes sea la revista Life y comente sobre la colonia de chinos, respectivamente. Nos dice que los chinos estaban ocupados, principalmente, en tiendas de abarrotes y casas de juego a inicios del siglo XX en Arequipa. También, llama la atención el carácter social de las fiestas religiosas cuando comenta la Semana Santa de 1917 y la tragedia del fatídico verano de 1925. Finalmente, nos comenta sobre muchos temas anecdóticos para una ciudad que aún se aferra a su pasado tradicional”, dice el historiador Hélard Fuentes Pastor, al analizar el trabajo de Ramírez.
El historiador, de manera sutil ha identificado actitudes y cuestiones culturales que el arequipeño, al parecer, cultiva hasta hoy. En la historia “Chinos y revolución en Arequipa 1931”, muestra una población xenofóbica y capaz de tomar acciones agresivas contra aquel que no es de la ciudad.
Según narra Ramírez, en 1930 durante el desorden causado por la rebelión de Sánchez Cerro y las consecuencias de las crisis económica del 29 se suscitaron en la ciudad reacciones negativas contra los chinos, ya que ellos controlaban el comercio de las tiendas de lotería y los casinos ilegales donde muchos “paisanos”, como señala el cronista, habían sido víctimas de estafa.
“El pueblo estaba en crisis y los asiáticos prosperaban, la reacción si fue xenofóbica es una constante de nuestros pueblos, el miedo a lo desconocido, y precisamente los chinos lo eran, no tenían más de 100 años en nuestras ciudades a diferencia de los europeos que estuvieron mucho antes. Además los chinos estaban divididos en nuestra ciudad, unos apoyaban a los nacionalistas y otros a los monarquistas”, indica.
De acuerdo a Ramírez, el arequipeños es y no xenofóbico, la posición es de acuerdo a cierta situación, social o económica.
“Somos ambos, xenofóbico con lo desconocido y que atente nuestro status quo, y receptivo con los extranjeros que incrementen nuestros recursos económicos (turistas), en el caso de los venezolanos el gobierno de turno ha generado una corriente de opinión negativa contra los venezolanos al satisfacer sus necesidades casi inmediatas en desmedro del peruano, despertando xenofobia hacia ellos”, explica.
Las crónicas escritas por el historiador dibujan al arequipeño de a pie, al ciudadano de la calle y sus costumbres. Además de mostrar las debilidades y fortalezas de una población que busca que su cultura no muera.
“’Crónicas de batán’ es la percepción del arequipeño que se está construyendo diariamente con una actitud resiliente con su perseverancia y su actitud solidaria. Principios que han regido a los hijos del Misti en todo su proceso histórico. ‘Crónicas de batán’ solo es el escenario de estos actores sociales en virtuosas fortalezas y sus miserables debilidades humanas, finalmente en la simpleza de la vida”, dice.
En uno de los hechos narrados se cuenta la historia de la picantera llamada “La Josefa”. La historia narra las desavenencias y glorias de una mujer que se ganó la popularidad a través de la comida y su chicha.
“Yo no creo en los grandes iconos culinarios, nosotros no somos la cocina francesa, nuestras cocinas son de carácter colectivo; cuando encuentro el reportaje de la Josefa toca mi corazón y mi estómago, porque ella sufre mucho, pero tiene esa capacidad que te decía, ese valor muy arequipeño de recuperarse después de la adversidad, resiliencia, ese es el carácter de la matrona arequipeña”, señala.
El cronista además les dedica un escrito especial a las mujeres del mercado San Camilo, a las que llama “las bravas”, según narra eran mujeres que andaban armadas y que cuando, como cuenta, “les robaban su “santito” o hablabas mal de su político se molestaban. Y, que hicieron correr a Mostajo y Urquieta, conocidos anticlericales”.
«La chicha es nuestra sangre, es vida, es esencia, pero es sangre contaminada por el facilismo por su mala elaboración y pésimo guiñapo. La chicha y las viejas guerreras de San Camilo solo son recuerdos, estampas admirables, pero cosas del pasado”, expresa.
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