Cuando la edad no es límite para terminar el colegio
21 de mayo de 2017

Los Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA) abren oportunidades a jóvenes y adultos que estudian y trabajan a la vez. La educación impartida en estos centros implica muchos desafíos, pues sus estudiantes son ayudantes de cocina, lustrabotas, madres que habían dejado el colegio porque salieron embarazadas, y personas que por alguna razón abandonaron el colegio regular.
Por: Mariela Zuni M.
Con 12 años de edad, Marianela Margó Herrera Gutiérrez tuvo que dejar el colegio para ayudar a su madre en la crianza de sus hermanos menores. Posteriormente trabajó en diversos oficios y fue el sustento de su hogar. En la adolescencia tenía las ganas de continuar sus estudios, pero esos deseos se fueron postergando mientras ella se hacía adulta. Se casó y tuvo una hija, después de ello las prioridades fueron otras.
Hace cuatro años dejó la vergüenza atrás y se animó a retomar el colegio. Lo anecdótico es que asiste a la misma aula junto a su hija Karol de 19 años de edad, que sufre de leve retardo y que debido a ello también dejó a medias sus estudios en un colegio de educación básica regular.
Todos los días, de 17:30 a 21:00 horas, madre e hija van al Centro de Educación Básica Alternativa (CEBA) Romeo Luna Victoria, en Zamácola, distrito de Cerro Colorado. Ahora están en el cuarto año del ciclo avanzado que equivale al quinto de secundaria.
A sus 40 años de edad está a punto de culminar la secundaria, cuenta que se siente satisfecha al haber logrado su objetivo, todo con el impulso de su hija, quien la ayuda a hacer sus tareas. “Karol ahora se ha desenvuelto con ayuda de los docentes. Antes no tenía vida social, ahora tiene varios amigos, ella es mi motor para continuar superándome”, comentó orgullosa Marianela.
La materia más difícil para ella aún continúa siendo las matemáticas, pero le gusta comunicación e inglés. Su objetivo es estudiar una carrera técnica en geriatría, mientras que su hija quiere estudiar cosmetología.
La conmueven las historias de sus jóvenes compañeros de aula que llegan de provincias y no cuentan con el apoyo de sus padres, muchas veces le ha tocado consolarlos como una madre. “Es difícil retomar los estudios después de tantos años, muchos llegamos al colegio cansados después de trabajar durante todo el día, pero tenemos buenos maestros que nos alientan a continuar (…) Nunca es tarde para seguir aprendiendo”, dijo.
Como Marianela, hay siete mil 129 personas en Arequipa que han tenido el coraje de retornar a las aulas. Ellos estudian en 132 CEBA estatales que funcionan a nivel regional, informó la coordinadora regional del Programa Nacional de Redes Educativas Rurales (DIGEIBIRA), Noemí Ticona Valdivia.
También se atiende en 22 locales periféricos, donde asisten las personas en extraedad, que han pasado la edad que le corresponde para recibir la Educación Básica Regular (EBR). La población de alumnos es de 654 que cuentan con el soporte de 22 docentes. Los estudiantes periféricos son generalmente adultos mayores que quieren alfabetizarse, ellos aprenden en espacios de comunidad o municipios, en horarios flexibles.
Uno de los CEBA más representativo es el Romeo Luna Victoria, elegido hace unos años como el piloto, donde se aplicó la Beca Doble Oportunidad, que permitió a 49 alumnos culminar el colegio y a la par seguir una carrera técnica. La última promoción egresó a principios de este año con mucho éxito, informó su director Sixto Mamani Charca.
En esta institución cuenta con 250 estudiantes, cuyas edades fluctúan entre los 15 y 30 años de edad. Menos del 15% son adultos con una edad promedio de 40 años. Además de la sede principal que está en Zamácola, cuentan con dos aulas descentralizadas que se encuentra en los sectores de Chachani y Ciudad Municipal. La mayoría de los alumnos proviene de todo el Cono Norte.
Mamani Charca lleva 34 años en la docencia, 16 de ellos dedicados a la educación nocturna, como se denominaba anteriormente. El 2018 deberá jubilarse, pero antes aspira concretizar el proyecto para la creación de talleres del CEBA Romeo Luna Victoria, para dar oportunidad a cientos de jóvenes y adultos de seguir una carrera técnica.
UN DESAFÍO
Heber Sucari Barrientos tiene 18 años de edad, de día trabaja como pintor y en la noche cursa el tercer año del ciclo avanzado. Es el mayor de seis hermanos y la necesidad de aportar en el hogar le hizo dejar el colegio a los 15 años.
El proviene de Puno y llegó a Arequipa para trabajar. Vive en el sector de Sor Ana en la margen izquierda del Cono Norte y asiste al colegio como una forma de liberarse del estrés del día y la carga de la familia. Su objetivo es ingresar a la universidad y seguir la carrera de Ingeniería Civil.
Su profesora Rocío Huillca Kana considera a Heber como uno de sus alumnos más destacados. En su aula tienen estudiantes de entre 17 y 20 años de edad, que tienen la necesidad de terminar el colegio para conseguir un mejor trabajo o convertirse en profesionales.
La rutina diaria de la docente cambió desde hace cinco años que dejó de enseñar en las mañanas para asistir a las aulas por las noches. Debe hacer sus clases más dinámicas para que sus estudiantes, que llegan agotados después del trabajo, no se duerman en sus carpetas.
Rocío debe ser más tolerante y no tan rígida con el horario de ingreso, ya que uno de los principales problemas que ha detectado es la asistencia irregular de sus alumnos, sumado al abandono familiar. “Están solos y pocos padecen de maltrato, todo es manejable y los apoyamos para que no abandonen y culminen sus estudios”, manifestó.
POBLACIÓN VULNERABLE
Los CEBA permiten a los adultos acceder, continuar y culminar su educación. Según el especialista en Educación Básica Alternativa, Pedro Amanqui, ellos son considerados en un grupo de población vulnerable por vivir situaciones adversas. Bajo esta modalidad también se encuentra los menores del Centro Juvenil Alfonso Ugarte y los reos de los penales de Socabaya y Camaná. El objetivo es que la educación los sensibilice y puedan aspirar a ser profesionales e insertarse a la sociedad.
La gran brecha para el sector Educación ahora, es la inclusión de aquellos estudiantes menores de 14 años, que por diversos motivos no tuvieron acceso a estudiar a la edad que le correspondía.
Por la ley de Educación dichos menores no pueden ser matriculados en los CEBA, por lo que están condenados a continuar analfabetos hasta cumplir 14 años para iniciar la primaria y los 15 para continuar la secundaria.
A pesar de las adversidades, Marianela y Heber son solo dos ejemplos para muchos peruanos por haberse atrevido a empezar, pero no lo podrían hacer sin el compromiso de sus docentes que en la región son 570, los que incluso permanecen en las aulas hasta pasadas las diez de la noche.
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