Duelo en Navidad: cómo afrontar una pérdida durante las fiestas

Claves emocionales para comprender esta difícil experiencia en fiestas.
Por: Ps. René Góngora Cárdenas.
Tener el infortunio de perder a un familiar o a alguien cercano representa un profundo dolor en cualquier momento del año; sin embargo, un mes en el que probablemente muchas personas coincidan en no querer pasar por un proceso de duelo es diciembre, debido a lo que representa y a las celebraciones que se llevan a cabo en este tiempo.
Particularmente, en diciembre se celebran la Navidad y el Año Nuevo. En ambos casos, estas festividades apelan a la capacidad de simbolización del ser humano, una habilidad eminentemente humana, por cierto. La Navidad recuerda y celebra el nacimiento de Jesucristo en nuestro mundo terrenal; significa, por tanto, un momento de renovación y esperanza en la llegada del Salvador, y lo celebra no solamente el mundo católico, sino también otras religiones de tradición judeocristiana.
En sociedades occidentalizadas como la nuestra, hay además un aprovechamiento masivo del comercio y el consumo, disfrazando la Navidad con un mensaje mercantil de felicidad y celebración. Esto genera un entorno compartido socialmente de cierta necesidad o presión para estar dispuesto al clima navideño.
Con el Año Nuevo ocurre algo similar, pero con un tono menos religioso: representa dejar atrás las cosas que ya no se quieren llevar para el nuevo periodo, renovar esperanzas y propósitos. Todo esto viene cargado de simbolismos diversos y promesas de cambio y mejora.
Aquí es cuando se intensifican los efectos de estas festividades en la psique humana, cuando alguien ha perdido recientemente a un familiar o persona cercana en su vida. ¿Cómo hacer nuevos propósitos si aquella persona que se fue era parte fundamental de esas promesas? ¿Cómo seguir adelante así? Entender las razones del duelo y lo que sucede en estas fechas es importante para poder manejarlo de mejor manera, por ejemplo:
- El duelo en estas fechas se agudiza por el contraste emocional entre las celebraciones y la tristeza interna. Esto puede percibirse muchas veces como una contradicción incómoda entre lo que hay fuera y lo que la persona siente. Lo importante es el estado interno; es comprensible que no se viva con la misma efusividad la Navidad o el Año Nuevo. La tristeza ayudará a drenar el dolor.
- La presión social se siente muchas veces como una exigencia de alegría y puede aumentar la culpa al no poder cumplirla. Nuevamente, la expectativa debe ser moderada; entender que no se está atravesando una situación típica puede ayudar a comprender mejor el propio estado interno.
- Los recuerdos se intensifican. Es inevitable sentir mucha tristeza al recordar las experiencias compartidas con la persona ausente en estas fechas. La tristeza, así como la alegría, se vive y se experimenta; si se sienten deseos de llorar, convendrá expresarse y liberar las lágrimas.
- El aumento de estímulos puede hacer que se intensifique el dolor por la pérdida de la persona fallecida. Situarse en el presente puede ser de utilidad en este momento: saber que hoy no es un buen momento en la vida, pero que mañana podré permitirme transformar esa emoción en algo más positivo, puede dar un pequeño hálito de esperanza en medio del dolor.
Por último, si la sensación es muy intensa y persistente, buscar ayuda profesional permitirá procesar mejor esta difícil experiencia.
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