Arequipa

Editorial domingo: El desgaste de los gobiernos

21 de mayo de 2017
Editorial domingo: El desgaste de los gobiernos
Es decir constante que todo régimen gobernante sea en instancias nacionales, regionales, municipales, e incluso institucionales privadas, va sufriendo desgaste en el quehacer y que tal situación desfavorable para el buen manejo tiende a convertirse en calamitoso cuando se acercan los días finales de la gestión y se prepara todo para un cambio deseado por las bases ciudadanas o la gente de la institución que corresponda por promesas de nuevos aires.
En el Perú, el gobierno central tiene vigencia durante 5 años y en regiones y municipios por un año menos, pero el fenómeno de corrupción que se ha advertido en los últimos meses de 2016 y espectacularmente en los primeros de 2017 han provocado una pérdida de confianza ciudadana que fustra muchos esfuerzos que incluyen los que se hacen en favor de una reaceleración económica real y de un positivo aliento a la inversión nacional extranjera.
Parecía que los relojes se han acelerado y que los meses parecen más cortos debilitando al aparato de gobierno y exponiéndolo a que antes del tiempo señalado se produzca la intranquilidad ciudadana y el reclamo por un cambio que solo será posible cuando se transparenten las cosas con denuncias concretas del Ministerio Público y con la asunción de la responsabilidad de los jueces contra la acción de los malvados.
Esto significa dos retos: el primero tiene relación con la actual gestión de los gobernantes, debilitada por la sospecha constante del ciudadano impresionado por los sobornos y las coimas y mirando al futuro porque desalienta al ciudadano a meterse en la cosa pública por el temor de resultar embarrando su nombre, el apellido familiar o dejando mala herencia a los hijos que tendrán que cargar con la cruz de la duda sobre inadecuado comportamiento de sus mayores.
La pérdida de confianza en los gobernantes no solo debilita la democracia sino que desalienta la presencia de renovados líderes en el manejo de la cosa pública por el temor a ser instrumentos de la maldad.
 
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