Editorial: El gran diálogo
5 de julio de 2017

La propuesta hecha por la señora Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular y voz influyente en la mayoría del Congreso, tuvo un defecto de origen al proponer que la cita con el presidente Kuczynski se realizará con la intermediación del conocido personaje político y además líder fundador del Partido Popular Cristiano, Luis Bedoya Reyes.
Convenía a todas luces que ese diálogo fuera institucional y el jefe del Estado ha optado por aceptarlo sobre la base del que el mismo se realizará en Palacio de Gobierno con cargo a dar cuenta al Consejo de Estado. Lo que se quiere en realidad es que la trascendente conversación tenga consecuencias benéficas y comprometedoras no solo para los dialogantes, sino para el país entero, pues es sabido que los temas a tratar tendrán una necesaria repercusión en todo el quehacer nacional.
Es un dialogo de dos grandes, pero entraña una responsabilidad de todos los que quieren la reconstrucción del norte, el destrabe de las inversiones públicas y privadas y encontrar camino para una efectiva descentralización. Son muchos los que creen que a los ministros del gabinete Zavala les ha faltado mecha política para hacer bien lo que los peruanos querían en su conjunto y es bueno anotar como propósito de enmienda que no se manejaron de buenas maneras las relaciones entre el Gobierno y una mayoría congresal.
Nadie niega los méritos personales de Bedoya Reyes, pero no es esta la hora de convertirlo en algo para lo que no está investido. El encuentro entre el presidente Kuczynski y Keiko Fujimori, figura destacada de la oposición, debe quedar limitado a ambos, responsables con origen legitimo para ejercitar y legislar.
El diálogo entre el presidente Kuczynski y Fujimori tiene que ser institucionalizado, como corresponde al Poder Ejecutivo y al Congreso, no requiere de mediadores, sino que debe ser una conversación franca y amistosa entre los responsables del manejo del Perú.
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