Editorial: La respuesta de la Fuerza Armada
22 de julio de 2017

Al igual que ocurriera en los daños que provocó el Niño costero en el norte del Perú y en varias poblaciones vecinas a Lima, soldados, aviadores y marinos tienen un comportamiento ejemplar en Arequipa, para atender a las personas afectadas por el desplome de un cerro sobre varios kilómetros de la carretera Panamericana Sur, a la altura de Atico.
Alrededor de 5 mil personas quedaron aisladas de sus destinos, al interrumpirse la vía por miles de toneladas de rocas y piedras que cayeron desde lo alto, obligando a suspender el tránsito durante una semana.
El Sistema de Defensa Civil demostró su inoperatividad para atender la contingencia, pero unidades militares respondieron con eficacia al reto mediante vuelos de helicópteros para sacar primero a ancianos, niños y mujeres de los sitios de aislamiento y proporcionarles asistencia también en el rubro de alimentos.
La Marina de Guerra desplazó unidades capaces de transportar a centenares y el Ejército brindó toda la colaboración posible en la prevención de desastres, mientras el Gobierno Regional hacía lo posible para dar agua y alimento a los que quedaron abandonados a su mala suerte.
Otra vez se advirtió la mano de ascendencia arequipeña, Jorge Nieto Montesinos, quien también lideró el concurso de la fuerza armada en las consecuencias del Niño Costero. Es lógico que así sea, pues en casos de catástrofe, las operaciones de salvamento tienen que ser militarizadas para ser eficientes y poder poner al servicio de los dañados todo lo que significa el apoyo logístico propio de un combate en el que se procura evitar muertes, auxiliar heridos, evidenciar logística en la alimentación colectiva y acelerar las obras de reapertura de carreteras tornadas intransitables.
Satisface a Arequipa la respuesta de los institutos armados frente a las consecuencias del sismo que bloqueó kilómetros de la Panamericana Sur y obligó a militarizar la campaña de salvamento de 5 mil damnificados.
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