Arequipa

El arte de cincelar el cuero

5 de agosto de 2018

En la historia del arte popular arequipeño no debemos olvidar la contribución de los artesanos del cuero, aunque sienten que ahora su trabajo no es muy valorado en el Perú se resisten a que su legado se extinga. Uno de ellos es el maestro Leandro Ancca, quien fue reconocido por nobel arequipeño Mario Vargas Llosa.

Por: Mariela Zuni M.

Son casi cinco décadas que Claudio Leandro Ancca, natural de Cusco, llegó a tierras mistianas para heredar el legado del arte en cuero. Aunque de niño empezó haciendo zapatos, fue cautivado por los cinceles y figuras en las pieles.

Aprendió de su maestro Guillermo Gonzales, a la edad de 12 años. Desde entonces no paró en la producción de artesanías. Conoció a su compañera de vida Lourdes Coila Apaza, a quien contagió su pasión. Ambos grabaron sus sueños en cuero y con ello sacaron adelante a sus tres hijos: Javier, Carlos y Anthony.

La vida de artesano le ha dado grandes satisfacciones. Recuerda que en 1989 fue su primer encuentro con Mario Vargas Llosa, entonces candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático.

Claudio se encontraba en una feria en Lima. Como representante de la artesanía arequipeña no pasó desapercibido por el ahora nobel de Literatura, quien se acercó a su modesto puesto y le extendió la mano en saludo.

Tras admirar y elogiar sus trabajos, Vargas Llosa decidió comprar una de las piezas más exclusivas y costosas, elaboradas a mano. Un espejo en cuero repujado en alto relieve con grabados de la cultura Chimú cautivó al escritor.

El maestro Leandro menciona con orgullo que sus obras están esparcidas en el mundo y muchas son piezas únicas, incluso con incrustaciones de piedras preciosas. Adornan un gran salón, la estancia de una cabaña o recorren el mundo en el hombro de algún viajero empedernido.

Aunque Claudio siente que su arte y el de muchos artesanos peruanos no son valorados en el Perú, se niega a que su arte se extinga. Está convencido en seguir cultivando su oficio hasta cuando sus fuerzas se lo permitan.

En su afán, a veces infructuoso, de conservar el arte de cincelar el cuero, se ha comprometido a heredar sus conocimientos a quien esté dispuesto a aprender. De los muchos aprendices que tuvo, solo dos siguen sus pasos.

El repujado en cuero es la técnica que consiste en dar formas y relieve a la piel. Este artesano demora aproximadamente dos días en elaborar un espejo como el que compró Vargas Llosa, con los acabados y armado.

De acuerdo al pedido del cliente, realiza piezas exclusivas y a medida, siempre manteniendo el estilo creativo del taller. Pueden ser motivos coloniales, incaicos o rústicos. Para ello el cliente debe exponer su parecer, respecto a tamaños, técnica, temática decorativa, colores y demás características para el diseño.

El maestro explica que existen diversas técnicas decorativas como el repujado, tallado, labrado, calado, pirograbado, moldeado, costuras a mano; que se pueden adaptar al material. El cuero es un material versátil.

Para iniciar, se realiza un dibujo en papel calcar. Se traslada el diseño al cuero, siempre humedeciendo la pieza a tallarse con una esponja húmeda y de forma uniforme para evitar manchas. La herramienta que se usa generalmente es un punzón, que servirá como un cincel. Para los acabados entra en acción Lourdes, quien es diestra en la costura y los detalles de color en los accesorios: monederos, carteras, llaveros, billeteras, sombreros, entre otros. Considera que las piezas en miniatura tienen mayor demanda que los artículos grandes, ello debido al costo.

Recuerda que hace un par de décadas las familias arequipeñas los buscaban para tapizar muebles en cuero, ahora los solicitan ocasionalmente para refaccionar alguna pieza. La aparición de materiales sintéticos también afectó el trabajo de los artesanos en cuero, que no pueden competir con los bajos costos, preferidos por los clientes, aunque la calidad no sea la mejor.

El cuero puede ser un material eterno si se conserva de forma correcta la pieza, como los baúles traídos al país en la colonia. Uno de los centros en donde se trabajó el cuero y que más destacó fue Ayacucho, en la ciudad de Huamanga, donde se realizaron monturas, baúles, sillones fraileros, cubierta de libros, biombos y otros artículos, con la influencia europea.

Estela Miranda Castillo, en su estudio sobre la artesanía en cuero, menciona que si bien Cajamarca poseía gran cantidad de ganado para la obtención del cuero. No se puede dejar de lado Arequipa y Trujillo. “De esos centros salieron los baúles con características del repujado cordobés”.

Durante la República los diseños fueron cambiando influenciados por la coyuntura de la época. Los motivos barroco y rococó fueron remplazados por temas costumbristas o motivos geométricos como triángulos, rombos o follaje; asimismo se empleó la técnica de calado de cuero.

La artesanía en la actualidad ha variado mucho, toda esa herencia que ha sido transmitida por generaciones sufrió ciertas alteraciones, tal es el caso de las producciones en cuero que incluso en el curtido ha variado. A inicios del siglo pasado en Arequipa la industria del cuero llega a alcanzar una buena calidad, no solo en el país, sino en el extranjero, uno de las curtiembres más conocidas es América e Ibáñez y también Pedro P. Díaz.

Claudio Leandro Ancca no quiere que los arequipeños olviden este pasado emprendedor. Aunque no nació en estas tierras, se siente parte de ella, por las satisfacciones recibidas. Destaca la importancia de la industria del cuero y el trabajo de los artesanos que le dan valor agregado.

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