Arequipa

El Chili de 1989: una lección no aprendida

24 de febrero de 2019

Por: Roy Cobarrubia

Hace 29 años al río Chili le dio gana de desbordarse en más de una oportunidad y causar destrozos. Fue en febrero, mientras en la ciudad sus habitantes, como sucede hoy, realizaban sus actividades con normalidad protegiéndose de una lluvia que parecía habitual. Los problemas se avizoraron desde el siete de febrero, en un incidente anormal en la ciudad que causó que el afluente se desborde por la avenida La Marina. Según datos de esa fecha el desborde ocurrió a la altura del puente Grau. Sucedió a las 19:45 horas y el agua inundó el sector del Barrio Obrero ingresando a viviendas, no hubo personas fallecidas o heridas, pero fue un primer aviso, incluso, en lo cómico del evento los arequipeños se pusieron a pescar truchas en La Marina.

En la actualidad según el subgerente de Gestión de Riesgo y Desastre, José Vásquez Allasi, a lo largo de la ribera del río Chili viven más de 600 familias, un aproximado de 2 mil 400 personas ¿Qué ha cambiado de los eventos de años pasados y los que podrían suceder en la actualidad?, pues no mucho, las personas como en antaño continúan siendo negligentes, y no participan o desconocen poco de las acciones que se deben tomar en casos de desastres naturales, como inundaciones. Mientras que los organismos locales se encuentran igual o de parecida forma de hace 29 años, con las carencias y falta de logística para responder a eventos naturales que como es sabido, no avisan.

El ocho de febrero de 1989, es un claro ejemplo de lo que podría suceder ante el desborde del río Chili. El evento pluvial e incremento del torrente dejó a su paso, damnificados y desaparecidos. Fue una lección que trajo consigo muchas enseñanzas, poco aprendidas, y develó que la organización suele ser dejada de lado en casos de catástrofe.

Ese día, entre la lluvia, y cerca de las tres de la tarde el río volvió a desbordarse, ingresó a la Av. La Marina, se llevó casas del Barrio Obrero, las aguas sobre pasaron el nivel del Puente San Martín y el Puente de Tingo y personas desaparecidas que no tuvieron el tiempo suficiente para resguardarse.

Esa vez la lluvia causó serios daños a Arequipa, incluso dejando a la ciudad incomunicada debido a que los postes de telefonía de Entel cayeron producto del ingreso del río y de huaycos que se presentaron en toda la ciudad.

Pero lo curioso de aquella vez fue que el hecho ya había ocurrido, pero no se tomaron o se obviaron las acciones del caso. El diario Correo, en una edición de ese año, señala en un artículo que el 8 de febrero de 1973 ya había pasado un evento parecido al del 89. La nota periodística señala, al igual que por estos tiempos, que los perjudicados fueron aquellos que tuvieron sus viviendas cercanas al río, cerca de torrenteras o en zonas peligrosas.

El jueves 21 de febrero del presente el río volvió a mostrar su poder y la gran negligencia que tienen algunos ciudadanos. El volumen del Chili llegó a los 186 metros cúbicos, a su paso inhabilitó un puente provisional en Tiabaya, inundó una casa construida casi a la ribera del afluente y demostró que en cualquier momento, debido al rebose de represas, o cualquier evento extremo el Chili puede volver a darle la gana de desbordarse y el resultado sería fatal.

Es necesario recordar que Vásquez en su momento alertó que la represa El Frayle con capacidad para 126 mil 83 hectómetros cúbicos de agua presenta una rajadura, generada por el terremoto en 1960. Y, aunque Autodema señaló que esa falla no es un peligro, se contradice al señalar que si supera su capacidad máxima habría problemas. Hecho que debe tomarse en cuenta pues un hecho natural haría que se vuelvan a repetir escenarios pasados en la parte baja del Chili.

El río tiene la capacidad de 280 metros cúbicos, ¿cien metros cúbicos aseguran que no pueda ocurrir incidente alguno?, claro que no, el colapso o rebose de las represas superarían ampliamente esa cifra.

“Ya no se puede manejar las presas, es una cuestión natural, el mismo diseño de la infraestructura hidráulica señalan que están a su máximo nivel y todas las aguas van a estar por rebose, y esos reboses van a ir a Aguada Blanca y Aguada blanca igual tiene un aliviadero para el rebose de hasta 500 metros cúbicos por segundo, en las represas no hay problema pero si el río supera los 280 hablaremos de una inundación”, explicó Napoleón Ocsa, gerente de Autoridad Autónoma de Majes (Autodema).

PREVENCIÓN
El Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería, y la Universidad Católica San Pablo (UCSP), desarrollaron un sistema de alerta de emergencia en riesgo, si las represas de Aguada Blanca y El Frayle colapsan.

“Las pruebas que se han hecho es que tiene una amplitud de ocho kilómetros. Y si hay una ruptura de una represa lo que va a pasar es que el río se va a inundar y antes de que eso suceda vamos a poder anunciar a la población para que evacuen”, dijo Efraín Mayhua, uno de los promotores del invento colocado en la UCSP.

La iniciativa permitirá que los habitantes de la ribera puedan evacuar en un tiempo cercano a los 45 minutos. La acción positiva en todo sentido, es una de las pocas lecciones aprendidas, comunicar y prevenir. Sin embargo aún, pese a estos mecanismos, la población no responde a los simulacros que anualmente realiza Gestión de Riesgo por terremoto e inundación.

Así, 1989, dejó muchas lecciones que se deben tomar en cuenta en tiempos en donde parece que la historia parece volver a repetirse.

DATO
La ciudad tras el desborde del Chili y la lluvia que generó huaycos dejó sin agua a la ciudad por más de una decena de días después del atoro de la planta de tratamiento La tomilla. Sedapar, quizás con la misma situación de hoy, fue por entonces criticada a más no poder, después de que no pudo reponer el servicio por temas logísticos. La catástrofe demostró además que el aprovechamiento es la palabra mejor utilizada en situaciones de emergencia pues se comenzó a vender agua a precios exagerados. La ciudad fue declarada en emergencia.

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