Columna

El Derecho en la vida cotidiana

21 de septiembre de 2026

Una mirada al Derecho que nos acompaña cada día.

Por: Hekar Juan Chávez Tapia, abogado.

¿Cuántas veces al día pensamos en el Derecho sin darnos cuenta?

EL DERECHO ESTÁ MÁS CERCA DE LO QUE PENSAMOS

Probablemente muy pocas. Para muchas personas, el Derecho aparece recién ante una demanda, un juzgado, una multa o un contrato. Sin embargo, el Derecho está presente mucho antes y mucho más cerca de nosotros.

Nos acompaña desde el inicio de nuestra vida. Está relacionado con nuestra identidad, nuestra familia, nuestra educación y de forma más amplia, con nuestro trabajo, nuestros bienes, nuestras decisiones y nuestra relación con otras personas. También aparece cuando contratamos un servicio, alquilamos una vivienda, compramos un producto o presentamos un reclamo.

Vivimos rodeados de relaciones jurídicas que muchas veces no reconocemos como tales. En la familia existen derechos y obligaciones que forman parte de nuestra convivencia cotidiana. La protección de los hijos, los alimentos, la filiación, la sucesión y quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad forman parte de un orden jurídico que busca proteger relaciones humanas.

Lo mismo ocurre cuando estudiamos o trabajamos. El acceso a la educación, las condiciones laborales, la remuneración, la igualdad y la protección frente a determinadas formas de abuso o discriminación tienen una dimensión jurídica.

CUANDO EL DERECHO SE ENCUENTRA CON EL PODER

Y cuando nos relacionamos con el Estado, esa presencia se vuelve todavía más evidente. Un trámite, una licencia, una solicitud, un reclamo, el acceso a información pública o la atención en un servicio estatal colocan al ciudadano frente a la Administración Pública. Allí el Derecho establece reglas para el ejercicio del poder y protege al ciudadano frente a la arbitrariedad. Pero el Derecho no solamente regula relaciones. También protege aquello que hace posible nuestra vida en sociedad.

Nuestra libertad, nuestra igualdad, nuestra intimidad, nuestra posibilidad de expresarnos, asociarnos y participar forman parte de ese universo de derechos que muchas veces damos por descontado. La persona y su dignidad ocupan un lugar central dentro del orden jurídico. Por eso, el Derecho no existe solamente para resolver conflictos. También busca prevenirlos, ordenar la convivencia y proteger a la persona. Sin embargo, que un derecho esté reconocido no significa necesariamente que sea conocido,
ejercido o respetado. Allí aparece uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad: construir una verdadera cultura jurídica.

Una ciudadanía que conoce sus derechos está en mejores condiciones de ejercerlos y de exigir que sean respetados. Conocer nuestros derechos también implica comprender que convivimos con otras personas que poseen los mismos derechos y que tenemos deberes y responsabilidades. El Derecho, entonces, no puede ser entendido como una realidad reservada a abogados, jueces o tribunales. Sus normas pueden encontrarse en los códigos y las leyes, pero sus efectos se manifiestan todos los días: en una familia, un aula, un centro de trabajo, una vivienda, una oficina pública o una decisión aparentemente sencilla.

Quizá por eso valga la pena volver a la pregunta del inicio: ¿cuánto Derecho hay en nuestra vida cotidiana? Mucho más del que imaginamos. El Derecho está en aquello que podemos exigir, en aquello que debemos respetar y también en aquello que nadie debería vulnerar. Está en nuestra libertad y en los límites necesarios para convivir; frente al poder y también en las relaciones entre particulares.

El Derecho no vive solamente en los expedientes, en los códigos ni en los tribunales. Vive también en nuestra vida cotidiana. Y quizá el verdadero desafío no sea solamente tener derechos, sino aprender a reconocerlos, ejercerlos y respetarlos.

CONOCER PARA EJERCER

Porque cuando el Derecho deja de ser una palabra que aparece en una ley y empieza a ser comprendido como parte de nuestra propia vida, también cumple una de sus funciones más importantes: hacer posible una sociedad donde la dignidad, la libertad y la convivencia sean realidades vividas.

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