EL NOVELISTA DE LA SELVA
2 de diciembre de 2014

Por: Federico Morante Trigoso*
Uno de los grandes escritores peruanos del siglo XX fue Arturo D. Hernández. Aunque en la actualidad muy poco se hable de él, sus cuentos y novelas han quedado para mostrar su gran calidad. Sus obras tienen como marco la selva amazónica y describen tanto la exuberancia de la naturaleza como el modo de vida de la población. Hernández fue uno de los pocos escritores que narraron las vicisitudes del poblador selvático desde adentro. Junto con Ciro Alegría, Francisco Izquierdo Ríos y Cesar Calvo integró la corriente literaria peruana denominada regionalismo con lo que lograron incorporar a la Amazonía en la literatura peruana.
La propia vida de Arturo D. Hernández parece una novela. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento pero fue en 1903 en el caserío de caucheros llamado Sintico, ubicado en una de las márgenes del río Ucayali. Como todo en la selva es movimiento, este caserío fue tragado por las aguas y ya no existe. Su padre trabajó en esta región cuando la extracción del látex de la goma elástica alcanzó su máximo esplendor. Su niñez fue muy difícil y parte de su infancia y juventud la pasó trabajando en la recolección del caucho. En un reclutamiento del ejército gracias a que se aumentó la edad fue admitido. Estando en la ciudad de Iquitos, en agosto de 1921 participa en un movimiento contra el estado de abandono del oriente peruano liderado por el capitán Guillermo Cervantes. Luego de 5 meses la revolución fue dominada y Hernández, con sólo 18 años, fue hecho prisionero.
Amarrado transpuso las sendas que separan Iquitos de Lima por la vía del Pichis y mientras aguardaba su juicio estuvo preso en un viejo velero en el Callao y después en la cárcel de Guadalupe. Después de ser liberado tuvo que sobrevivir trabajando como ayudante de cocina, conductor de tranvía, peón de obras y salonero de buques. A pesar de todo, logra matricularse en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos donde, según Estuardo Núñez, se revela su don “de saber decir y sugerir en una prosa llana y limpia, verdadera y humana”. La clausura de San Marcos en la década de 1930 obligó a que Hernández se traslade a la Universidad Católica de Lima donde, en 1936, se recibe de abogado.
“Sangama” fue su primera novela y fue publicada en el Perú en 1942 por el comité encargado de las celebraciones del IV Centenario del Descubrimiento del Río Amazonas. En 1952 fue traducida al francés logrando rotundo éxito al punto de haber sido publicada en alemán, inglés, ruso y yugoeslavo. “Sangama” es una conmovedora historia que tiene como fondo el espacio amazónico donde el lector es transportado a desconocidos y exóticos parajes. Sangama es el personaje central, un profundo conocedor de los secretos de la selva y un creyente de utopías. Los demás personajes representan las diversas facetas y comportamientos de los seres humanos que intentan sobreponerse, cada uno a su modo, a este fascinante y hostil medio.
Después de radicar diez años en Iquitos, a inicios de 1952 Arturo D. Hernández regresa a Lima trayendo la versión final de la novela “Selva Trágica”. Fue publicada en 1954, logró el Premio Nacional Ricardo Palma y es considerada su obra mejor realizada. En ella se narra la extraordinaria historia de Mariana, una mujer selvática que al estar un día a las orillas de un río bruscamente se convirtió en cautiva. Es una aventura que lleva al lector a recónditos lugares y a entender el modo de vida de una tribu amazónica. El marco geográfico desconocido y plagado de exotismo muestra como los seres humanos sobreviven y desarrollan su cultura adaptada a esta realidad.
En 1960 Hernández publicó “Bubinzana, la Canción Mágica del Amazonas”. En esta novela se formula el dilema entre la religión y la magia. Los principales personajes son un sacerdote católico y un brujo amazónico llevados a encontrar una tierra de promisión. Luis E. Valcarcel en su prólogo manifiesta que “aquel éxodo hacia ´El Paraíso` es la expresiva pintura de la angustia humana que busca una salida por la ruta inexplorada que conduce al seguro refugio, lejano, aislado, sin posibles contaminaciones con este mundo en que vivimos”. Esta fuga es profundizada por la ayahuasca, la liana de la muerte, cuyo sumo traslada a los personajes centrales a mundos desconocidos.
En estas novelas y en la serie de historias breves de 1969 plasmadas en “Tangarana y Otros Cuentos” Hernández muestra sus vivencias en la Amazonía peruana. En una oportunidad al hablar sobre su forma de escribir dijo: “en realidad, yo he aprendido todo lo que sé, trabajando”. Mencionó además “yo también he escrito siempre ignorando la existencia de la técnica; simplemente escribo sobre mis experiencias y mis impresiones en la selva virgen de donde soy natural, de Loreto. Mis personajes siempre están conectados con el medio físico, tal vez el medio físico sea el protagonista de mis obras. Me identifico especialmente con el protagonista de la obra”.
Ventura García Calderón fue el artífice de la edición y distribución de su obra en Europa, con lo cual se hizo famoso en el Perú. Las certeras reflexiones de Arturo D. Hernández aún tienen vigencia cuando, por ejemplo, en una de las páginas de Bubinzana manifiesta: “la locura y el genio son dos extremos que se juntan. Los genios que ejercieron el poder en forma irrestricta murieron locos. Pero, el loco más común es el gobernante mediocre a quien sus áulicos hacen creer que es genial”. Falleció en Lima el 2 de abril de 1970.
*Profesor Dr. de la UFABC – São Paulo – Brasil
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