Arequipa

El sastre más pequeño de Arequipa cumple 80 años

11 de agosto de 2019

Víctor Yauri Ccapa ha dedicado a la sastrería 52 años de su vida. Ha vestido a familias de renombre en Arequipa, alcaldes, militares, extranjeros y hasta personajes de la Iglesia. Solo mide 1.50 metros pero tiene grandes conocimientos del mundo de las tijeras y telas. Para este cusqueño enamorado de Arequipa, uno de los pocos sobrevivientes de esta profesión, su porte no ha sido un impedimento para crear los más finos ternos para personajes “altos”. Una banquita de madera lo ayuda a crecer cada vez que el cliente sobrepasa el alcance de su mano y centímetro. El pequeño gigante de la sastrería ha vestido a miles en medio siglo.

Por: Elizabeth Huanca U.
Fotos: Adrián Quicaño P.

Víctor Yauri Ccapa descubrió su vocación a los 10 años. Un día mientras caminaba por las calles de su pueblo en la provincia cusqueña de Espinar, vio un grupo de varones elegantes que hablaban español. Era gente importante que había llegado de Arequipa. Entonces añoró vestir alguna vez como ellos.

¿Por qué no?, se preguntó aquel humilde niño, hijo de un herrero y una madre confeccionista de sombreros pero perdidamente enamorado del buen vestir. Cinco años después, dejó su casa, a sus padres y cinco hermanos y se aventuró sin nada, más que con la compañía de un amigo y sus sueños, en busca de su destino. Quería ser elegante, crear su ropa, vestir a sus padres y hermanos, quería ser sastre.

Ayer, Víctor Yauri cumplió 80 años de vida y 52 años como uno de los sastres más reconocidos de Arequipa. Es llamado entre los artistas de las telas y tijeras como el “pequeño gigante de la sastrería”. Solo mide 1.50 metros, pero posee grandes conocimientos que han sido premiados con la medalla y diploma de la ciudad por su vida dedicada a la confección de ternos, además en el año 2012 la revista internacional “Moda” lo colocó dentro de la lista de “los mejores de la década (2002- 2012)” en Latinoamérica.

DE OPERARIO
A MAESTRO
Convertirse en un destacado sastre no fue fácil, confiesa Don Víctor mientras conversamos en su taller ubicado en la calle Beaterio, en el Cercado de la ciudad. Cuando llegó a Arequipa se empleó en una casa de la calle Puente Bolognesi, donde hacía labores domésticas. Laboró ahí un año. Luego, con algo de dinero ahorrado, buscó un taller de sastrería, donde se ofreció como ayudante.

Fue en la calle Antiquilla, en ese lugar Eduardo López aceptó que ingresara a apoyarlo. La condición era clara, el maestro le enseñaría desde el primer puntal, pero no recibiría ningún sueldo. Le pareció razonable y empezó.
Con su primer maestro permaneció tres años, aprendió a hacer pantalones y chalecos. Luego se mudó al taller de Manuel Rojas Saldaña, y otros más, donde agarró el truco para confeccionar finos sacos. Perfeccionó sus conocimientos por cinco años más, y cuando se sintió listo puso su propio taller. No eran momentos sencillos, don Víctor ya se había casado y venía un hijo en camino.

Era 1967 y abrió su taller “Sastrería Yauri: Calidad y elegancia”, un nombre que lo acompañó en todo este tiempo. Don Víctor siempre quiso vivir en Arequipa, pero jamás olvidó sus raíces ni su esencia.
El taller no tuvo éxito al principio. Don Víctor tuvo que esperar 10 años para consolidar su nombre. “Tenía esposa e hijos. Mientras progresaba tuve que laborar en otros talleres como operario”, cuenta.

TIEMPOS MEJORES

Tras la larga espera la época de bonanza y reconocimiento comenzó. A su taller llegaron clientes exclusivos y familias de renombre que vistieron generaciones enteras con el corte y arte de “Yauri”. Entre ellas los Muñoz Nájar, de los cuales algunos integrantes aún permanecen fieles al “pequeño gigante”. También vistieron de su mano la familia López de Romaña, el arzobispo Luis Sánchez Moreno Lira, además de militares, empresarios y algunos alcaldes como Luis Cáceres, que hasta ahora se encuentra en la lista de sus clientes. En el listado de sus “comensales de la moda” ahora hay empresarios de la Cámara de Comercio, del Banco de Reserva y demás.

Don Víctor admite que su arte lo heredó de sus padres, hábiles con sus manos y creativos de sangre. Por eso, quiso legar su habilidad entre alguno de sus seis hijos, ninguno mostró pasión por este oficio de gran esfuerzo y dedicación permanente. “A nadie de mis hijos le ha llamado la atención ser sastre. Solo mi hijo mayor que es Policía, aprendió a hacer pantalones, pero por su profesión lo dejó. El resto son ingenieros y profesores y no tienen tiempo. Parece que esto quedará en mi”, dice con sonrisa entrecortada el sastre.

Para Yauri ser sastre no es cualquier oficio que se pueda aprender en un instituto. El pequeño gigante dice que la sastrería “no tiene mejor escuela que un taller”. Él no conoció instituto ni universidad, solo tiene 5to de primaria, pero ello no ha impedido que se nutra en conocimiento. Sus colegas han sabido ser maestros más allá de compañeros.

TRUCOS DE SASTRE

El tamaño de don Víctor no le ha favorecido mucho en este oficio, donde muchas veces ha encontrado personajes de gran altura y anchura. Para él su 1.50 metros nunca ha limitado su arte. En su taller, tiene como fiel compañera una banquita, donde sube para realizar las medidas correctas a los clientes largos.

Víctor no solo ha tenido problemas con los altos, los “gorditos”, también le han hecho sudar la gota gorda sobre todo aquellos a los que el centímetro les queda chico. Para ellos, el pequeño sastre, ha creado alternativas graciosas para tomar medidas. Así coloca el centímetro desde los pies y va subiendo para marcar caderas, cintura y hasta donde se pueda. A otros, a los que les tiene más confianza, les pide que sujete el centímetro desde la punta a la altura de la cintura mientras él le da una vuelta entera a la gruesa fisonomía. “Son trucos que hay que aprender”, dice soltando carcajadas Víctor, un hombre al que la edad no se le nota. Luce más joven de lo que advierte su DNI y sano en todo sentido. Y es que, a este sastre no solo lo apasiona el buen vestir, la alimentación sana lo ha ayudado a mantenerse en buen estado con una vista perfecta y con mucha lucidez.

Solo el oído izquierdo ha empezado a fallarle en los últimos años, pero ello no impide que de lunes a sábado y diez horas al día, el pequeño gigante siga haciendo ternos y vistiendo con elegancia.

ÚLTIMOS SASTRES

Desde el aparador de su taller, Víctor ha visto pasar medio siglo de moda. Antes los varones usaban de forma habitual un terno, sombrero elegante y zapatos brillosos, en esta época el jean, el polo y zapatillas han desplazado la elegancia de la tela. Para el sastre, la tendencia es propia de estos tiempos, por ello sabe que con el tiempo los sastres desaparecerán. En la asociación de sastres de Arequipa solo quedan 35 sastres, Víctor es uno de los más “antiguos”. El sport y la industria china, que ha llegado con ternos hechos, ha ganado un largo trecho a la vestimenta a la medida. Aun así, Víctor se siente orgulloso de su logro. Con su arte vistió con elegancia a sus padres, esposa, sus seis hijos. Hoy hace lo propio con 13 nietos y espera crearles ternos o sacos a sus dos bisnietos, porque como suele decir para vestir bien no hay edad.

 

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