El sueño de reciclar para cambiar el mundo actual

Este año la Institución Educativa San Martín de Socabaya cumple 50 años. Con una población de cerca de mil alumnos que la componen, se han propuesto, tanto alumnos como docentes, iniciar acciones para cuidar el medio ambiente. Desde el plantado de árboles, la adecuación de biohuertos e implementación del primer banco del estudiante, iniciativa de José Adolfo Quisocala, los resultados saltan a la vista. El sueño de tener un mejor mundo en el que vivir es su meta y esta su historia.
Por: Gustavo Callapiña D.
Todos tenemos sueños, y quizá quienes representen de mejor manera ello son los niños. José Adolfo Quisocala tiene 14 años y hace siete decidió crear un banco exclusivo para niños. Uno que les permita aprender a ahorrar y a la vez cuidar el medio ambiente. El sistema implementado es sencillo: los niños socios del banco, reciclan papeles, botellas, latas y demás, lo llevan al banco y a cambio se les da dinero en su cuenta de ahorros.
Un día cualquiera del 2017, la profesora Violeta Carpio revisaba una sesión que tendría que desarrollar con sus alumnos de segundo de secundaria de la Institución Educativa San Martín de Socabaya. El tema era el emprendimiento. Quiso innovar para esa sesión y se puso a navegar en internet acerca de proyectos emprendidos que sean interesantes para sus alumnos. Así llegó hasta la iniciativa de José Adolfo Quisocala, quien ya había fundado el Banco del Estudiante Bartselana.
“Le dije si podría abrirse una agencia del banco acá en el colegio. Era finales del 2017 y como ya acababa el año académico, iniciamos con el proyecto en el 2018. El quiosco donde ahora se ubica la agencia estaba abandonado, así que se lo pedimos a la dueña para poder acondicionarlo e iniciar”, nos cuenta la maestra.
Escépticos e incrédulos con la propuesta, los cerca de mil alumnos de nivel secundario que conforman el colegio no creían que el proyecto se concrete. Pero sucedió. Inició el año escolar, y el papá del niño banquero pasó por los salones a explicar el funcionamiento del banco y cómo podían acceder a ser socios.
Christian Fabricio Ríos cursaba el cuarto año de secundaria. Antes de que el banco llegue a su colegio ya estaba acostumbrado a reciclar, pero cuando se abrió la agencia bancaria en su colegio, no lo pensó mucho y vio una oportunidad para tener sus propios ingresos y cuidar el medio ambiente. “Es como un método de ayudar al mundo” nos dice.
Su entusiasmo por formar parte del banco fue tal que se ofreció como voluntario para ser él, junto a otras dos alumnas, los que atiendan y expliquen a sus compañeros acerca del funcionamiento del banco y cómo podrían generar ingresos a través del reciclaje.
“Tenía que cumplir ciertos requisitos para ser socio del banco, y después ser colaborador del mismo. Al inicio no me conocían tanto, así que cada recreo que había iba, hasta que agarré confianza y el gerente (papá de José) me hizo integrarme, y así inicié a atender a los chicos que venían”, explica.
Judith y Noemí son las dos colaboradoras que actualmente atienden en el “banquito” como lo llaman. Ellas dos recuerdan a Christian como el “socio” más activo y el que más recicla. Él, por su parte, sigue haciéndolo. Cada papel que ve en la calle o en los salones los recoge. En su casa, al inicio, su mamá no le prestaba mucha importancia a lo que él hacía, ahora cuando ve un papel, le dice: “¿Qué? ¿Y ese papel no lo ibas a reciclar?».
Esta institución educativa fue la primera en la que se instaló una agencia del banco del estudiante. Judith, una de las colaboradoras y estudiante de administración, cuenta que San Martín de Socabaya junto al colegio Mendel y la sede central del banco, ubicada en la urbanización Monterrey, son los tres lugares en los que mayor cantidad de papel se recicla.
Recibir dinero a cambio del material que llevan los alumnos no es el único beneficio que tienen los socios, además de ello, reciben capacitaciones para aprender a manejar su dinero de manera independiente, la importancia del ahorro, y hasta el préstamo de productos de primera necesidad.
“Hay otros niños que su intención principal es cuidar el medio ambiente y no necesariamente les importa el dinero. Ellos se preguntan qué es lo que va a pasar después de que se vayan nuestros papás, nosotros nos quedamos y no vamos a tener agua limpia ni aire puro”, comenta Judith.
Hace unos cinco años aproximadamente llegó a este colegio el profesor Manuel Bejarano, actual director de la institución, y de manera conjunta con los alumnos y profesores se propusieron iniciar una campaña integral de cuidado del medio ambiente. Uno camina por los pasadizos, y encuentra un ambiente diferente, rodeado de tachos para reciclar botellas, árboles plantados a los alrededores, y mensajes de reflexión para cuidar el medio ambiente.
Milagros Yareta y Guillermo Guevara son otros dos estudiantes, que han impulsado este proyecto. Inició en el 2015 con la limpieza de los lugares en los que se preveía plantar los árboles, y un año después se inició el proyecto.
“Anteriormente en ciertas zonas del colegio, había zonas áridas que estaban llenas de tierra y polvo, es por eso que en el 2015 se inició el proyecto, un año después el 2016 se fue limpiando estas zonas y tratando de conseguir los árboles. Que nos fueron donados por municipios como Hunter y Socabaya, además del apoyo del Ministerio de Agricultura que nos donaron pinos y cercos que se implementaron el año pasado”, cuenta.
Guillermo Guevara cursa actualmente el quinto año de secundaria y cuenta que todos pusieron la mano para sacar adelante esta iniciativa.
“Coordinamos con todos los profesores y los alumnos, así empezamos a venir los sábados a realizar faenas junto con los papás, y nosotros mismos junto con nuestros compañeros, nos encargamos de cuidarlos y darle un mantenimiento a diario para que no se maltraten”, expresa.
Conscientes del sentido del ahorro del agua, implementaron un sistema de riego por goteo que les permite reducir el uso del líquido para regar.
Ubicado en la entrada del distrito de Socabaya, este colegio, tanto alumnos como profesores, han demostrado que soñar con un mundo mejor y más ecológico sí es posible.
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