Arequipa

El tanque vacío: el recorrido de los taxistas arequipeños en medio de la crisis del combustible

25 de mayo de 2026
Edwin Carrisales Luna, taxista de le Empresa Megatur, al lado de su unidad la cual es su herramienta principal de trabajo.

Así se desarrolló la crisis del GLP que obligó a cientos de conductores a dejar las calles y llevó al sector taxi a evaluar un paro nacional.

Por: Alisson Valencia Ali. 

La madrugada del sábado 7 de marzo de 2026, cuando el frío todavía cubría las calles de Cerro Colorado y el amanecer apenas empezaba a dibujarse sobre los volcanes de Arequipa, Edwin Carrisales Luna encendió su taxi con una sola preocupación: conseguir combustible. El conductor de la empresa Megatur, padre de familia y taxista desde hace casi una década, salió de su vivienda antes de las cinco de la mañana rumbo a un grifo donde ya se formaban extensas filas de vehículos.

La escena parecía una fotografía repetida en distintos puntos de la ciudad. Decenas de taxis estacionados uno detrás de otro, choferes tomando café en vasos descartables y motores apagados para ahorrar hasta el último litro de GLP. Algunos dormían dentro de sus autos; otros discutían sobre el precio del combustible y la incertidumbre que comenzaba a instalarse entre quienes viven diariamente del volante.

Aquella mañana, el precio del GLP había aumentado abruptamente en varios grifos de Arequipa. En algunas estaciones pasó de costar poco más de cinco soles a bordear los siete soles por litro en apenas unas horas. La situación coincidió con reportes de desabastecimiento vinculados a problemas en el ducto de Camisea y a restricciones en la distribución nacional de combustible.

“Antes llenaba el tanque con 45 soles. Ese día gasté casi el doble”, recuerda Edwin mientras revive las primeras jornadas de la crisis.

EL INICIO DEL PROBLEMA

Lo que comenzó como un incremento temporal terminó convirtiéndose en una de las crisis energéticas más complejas que enfrentó el transporte urbano arequipeño durante el 2026. Entre el 7 y el 10 de marzo, las largas colas en grifos se extendieron por distritos como Cerro Colorado, Paucarpata, Miraflores y José Luis Bustamante y Rivero.

La incertidumbre aumentó luego de que especialistas señalaran que el problema estaba relacionado con la ruptura del ducto de Camisea y con factores internacionales, como el incremento del petróleo por los conflictos en Medio Oriente.

Mientras tanto, los taxistas comenzaban a sentir los primeros golpes económicos. Cada hora perdida en una fila era una carrera menos y un ingreso que no llegaba a casa.

Edwin recuerda que durante aquellos días pasaba más tiempo buscando combustible que transportando pasajeros. “Uno avanzaba unos metros cada veinte minutos. Había compañeros que dormían dentro del carro para no perder su lugar en la fila”, comenta.

En paralelo, las familias también empezaron a sentir el impacto. El precio del balón de gas doméstico aumentó en varios distritos de Arequipa, llegando incluso hasta los 65 soles en algunas distribuidoras de Cerro Colorado y Miraflores. 

LAS FILAS INTERMINABLES

Con el paso de los días, las colas se hicieron parte del paisaje urbano. La madrugada del 12 de marzo, Edwin llegó a esperar más de cuatro horas en un grifo de la avenida Aviación. Mientras avanzaba lentamente hacia el surtidor, observaba cómo otros conductores apagaban sus motores para ahorrar combustible y compartían noticias sobre nuevos incrementos de precios.

Algunos taxistas comenzaron a organizar listas improvisadas para evitar discusiones. Otros llevaban frazadas, comida o pequeños radios portátiles para soportar las largas esperas nocturnas.

En medio de la crisis, las autoridades explicaron que las plantas refinadoras de Talara, Conchán y Pampilla estaban entregando cantidades limitadas de combustible, mientras el sistema de distribución operaba con dificultades.

El presidente de la Asociación de Grifos y Estaciones de Servicio de Arequipa, Magno Salas, informó entonces que el abastecimiento funcionaba apenas al 50 % de su capacidad habitual.

A ello se sumaba otro problema: las intensas lluvias habían generado daños en el puente de la Variante de Uchumayo, provocando retrasos de varias horas en el ingreso de cisternas a la ciudad.

La combinación de ambos factores agravó todavía más el escenario para miles de conductores. “Gastábamos gasolina buscando GLP. Era una locura”, recuerda Edwin.

LOS TAXISTAS QUE ABANDONARON LAS CALLES

La crisis comenzó a tener consecuencias más visibles el 16 de marzo de 2026. Ese día, el presidente de la Cámara de Empresas de Taxis de Arequipa (Cetara), Adolfo Paco Medina, informó que aproximadamente 1350 taxistas formales dejaron temporalmente de trabajar debido al incremento del combustible y a la baja rentabilidad del servicio.

La cifra representaba alrededor del 15 % de conductores formales en Arequipa. Muchos taxistas optaron por dedicarse temporalmente a trabajos de construcción civil, comercio o reparto de productos. 

Edwin también pensó en abandonar el taxi durante algunas semanas. “Había días donde lo único que hacía era recuperar para el combustible. Ya no alcanzaba para la casa”, cuenta.

En su vivienda de Paucarpata, las conversaciones comenzaron a girar alrededor de los gastos. Su esposa reorganizaba el presupuesto familiar mientras él calculaba cuánto debía trabajar para compensar el incremento del GLP. “Mis hijos me preguntaban por qué llegaba tan tarde. Yo salía antes del amanecer y volvía casi de noche”, relata.

LA CRISIS SE EXTIENDE

El 19 de marzo, la situación empeoró. Conductores denunciaron que el GLP vehicular llegó a costar entre 10.99 y 12.99 soles por galón en algunos establecimientos de Arequipa.

Ese mismo día, el taxista Willy Yabar declaró que los choferes enfrentaban tres problemas simultáneos: el incremento de precios, las largas colas y la necesidad de trasladar el costo al pasajero.

“Ese costo adicional hay que transferírselo a alguien. ¿A quién? Al usuario. Y el pasajero no quiere pagar más”, sostuvo. Mientras tanto, Edwin veía cómo algunos pasajeros discutían por el aumento de tarifas y otros preferían esperar más tiempo antes de tomar un taxi.

La tensión comenzó a sentirse también en las calles. “Había menos taxis trabajando y más gente desesperada por movilizarse”, recuerda. En paralelo, los gremios denunciaron la falta de fiscalización por parte de Osinergmin, Indecopi y otras autoridades frente al incremento acelerado de precios.

LOS ROBOS Y EL TEMOR

En medio de la crisis económica apareció otro problema que golpeó directamente a los conductores: el incremento de robos y asaltos. 

Durante abril, varios taxistas denunciaron que la inseguridad había aumentado en zonas alejadas y durante las madrugadas, especialmente mientras hacían cola en los grifos.

Edwin comenzó a evitar algunas rutas nocturnas por temor a ser víctima de la delincuencia. “Uno ya no sabía si preocuparse por el combustible o por los robos”, comenta.

Algunos compañeros de Megatur fueron asaltados mientras trabajaban de noche. Otros denunciaron robos de celulares y dinero cuando esperaban abastecerse.

La inseguridad terminó convirtiéndose en otra presión para quienes ya trabajaban jornadas más largas para compensar las pérdidas económicas.

LAS PRIMERAS AMENAZAS DE PARO

El 12 de abril, los gremios de taxistas formales anunciaron las primeras medidas de protesta debido al incremento sostenido del combustible.

Adolfo Paco informó que el GLP había pasado de costar cerca de cinco soles a bordear los diez soles por galón, mientras que el diésel superaba los 25 soles.

Los dirigentes denunciaron además presuntas irregularidades en la cadena de comercialización y cuestionaron la falta de medidas concretas del Gobierno para contener la crisis.

Ese mismo mes, comenzaron las reuniones entre representantes del transporte de carga pesada, buses interprovinciales y el sector taxi para coordinar posibles protestas.

Entre las medidas evaluadas figuraban caravanas vehiculares, plantones en grifos y protestas en puntos estratégicos de Arequipa. Mientras tanto, Edwin seguía manejando más de quince horas diarias. “Trabajábamos más y ganábamos menos”, resume.

EL MALESTAR CRECE

Durante mayo, el descontento aumentó entre los conductores. El 19 y 20 de mayo, los gremios de taxistas de Arequipa confirmaron que evaluaban sumarse al paro nacional convocado para el 2 de junio por transportistas de carga pesada y buses interprovinciales.

 La Cámara de Empresas de Taxi de Arequipa (Cetara AQP) denunció que el Ejecutivo no había respondido a los pedidos de subsidio para el combustible ni había incluido al sector taxi en los beneficios anunciados para otros transportistas.

En reuniones realizadas en el Terminal Terrestre de Arequipa, los dirigentes discutieron nuevas medidas de presión y reclamaron explicaciones sobre los fondos de contingencia destinados a estabilizar el precio de los combustibles.

Para entonces, el GLP continuaba costando entre 7.30 y 8.00 soles en varios grifos de la ciudad. Edwin participó en una de esas reuniones junto a otros conductores. “Todos sentíamos lo mismo: abandono”, recuerda.

LAS NOCHES EN EL VOLANTE

A finales de mayo, la rutina de Edwin seguía comenzando antes del amanecer y terminando cerca de la medianoche. Cada madrugada recorría distintos grifos buscando combustible antes de iniciar sus carreras. Algunas noches regresaba a casa agotado, con apenas lo suficiente para cubrir los gastos familiares. Sin embargo, continuaba manejando.

“Uno sigue porque tiene hijos, porque tiene responsabilidades”, dice mientras estaciona su taxi luego de una larga jornada. En las calles de Arequipa, cientos de conductores continuaban enfrentando el mismo escenario: largas filas, precios elevados, inseguridad y la incertidumbre de no saber cuánto costaría llenar el tanque al día siguiente.

Así, en poco más de dos meses, la crisis del combustible pasó de ser un problema de abastecimiento temporal a convertirse en una de las mayores preocupaciones para miles de taxistas arequipeños, marcando jornadas interminables, pérdidas económicas y el temor constante de que trabajar detrás del volante dejará de ser suficiente para sostener a sus familias.

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