En un colegio al pie del Chachani los alumnos aprenden a hacer drones
26 de mayo de 2017

Con ayuda de universitarios norteamericanos elaboran drones y manipulan impresoras en 3D.
Por: Elizabeth Huanca U.
En el colegio San Juan Apóstol, ubicado en el sentamiento humano Villa Cerrillos (Cerro Colorado), al pie del Chachani, 750 niños han empezado a convivir con la tecnología.
Hace dos años empezaron a configurar su educación a ritmo de computadoras con la ayuda de una universidad local y, desde hace una semana, un grupo de ellos aprende a manipular programas computarizados, impresoras en 3D y a crear drones, especie de aeronaves pequeñas que se controlan de forma remota y que generalmente llevan cámaras incorporadas para captar imágenes desde el aire.
Los estudiantes aprenden el arte de la ciencia con la ayuda del sub campeón del torneo nacional de drones de Estados Unidos, David Domínguez (21), un estudiante de ingeniería electrónica de la Universidad de Berkeley (California).

Dominguez, junto a otros universitarios del mismo programa como Florin Langer (20) y Carina Kan (19), adiestran a niños desde el sexto grado de primaria a quinto de secundaria en el mundo de la robótica. Han conformado un taller, donde actualmente 25 niños y adolescentes demuestran que pese a estar en el lugar más alejado del distrito cerreño, tienen mucho talento en la robótica.
El colegio San Juan Apóstol acoge, desde hace 15 años, en su mayoría, a los hijos de inmigrantes de Juliaca, Puno y Cusco con grandes limitaciones económicas. Esta última condición fue determinante para que la ONG UTK (United Technologies for kid), la seleccione y la haga parte de este espectacular proyecto.
Este consiste en promover la ciencia y tecnología entre los escolares del Perú de todas las edades. Para ello, comunidades estudiantiles de Berkeley y Michigan, a través de sus mejores alumnos adiestran e introducen en el mundo de la robótica a los alumnos más talentosos con cursos intensivos de tres semanas. Estos a su vez, se convertirán en pilar para que el resto de sus compañeros en la escuela aprenda sobre la magia de dar vida a robots.
En el país, UTK ha insertado a ocho colegios en esta causa en este año. En Arequipa, San Juan Apóstol es el primer plantel seleccionado de la región, cuenta Giuliana Huerta- Mercado, presidenta de UTK. A la fecha, 240 estudiantes del Perú son parte del proyecto. Para el 2018, la ONG buscará llevarlo a otras 30 instituciones educativas. “Las limitaciones económicas no deben ser traba para que los alumnos aprendan ciencia y tecnología”, dice Huerta- Mercado.
Esta joven de 20 años nació en Lima, pero estudia en Berkeley. Junto a otros cuatro estudiantes de su edad empezó el proyecto guiada por un sueño personal. “Siempre me gustó el mundo de la tecnología y robots. Cuando estaba en el colegio los cursos relacionados a las ciencias eran muy teóricos. Cuando ingresé a esta universidad vi todo lo que se podía hacer, decidí que los estudiantes de colegios de mi país tenían derecho a aprender robótica de forma práctica”, cuenta.
Uno de los objetivos de UTK es que los estudiantes del taller elaboren un proyecto de impacto social para su comunidad con ayuda de la tecnología. El año pasado, en el colegio piloto donde empezaron su noble obra, las alumnas crearon un sistema de riego eficiente con ayuda de programación de ordenadores. Ella espera que los alumnos del colegio mistiano hagan lo propio.
MÁS TECNOLOGÍA
Víctor Ramos Herrera, promotor del colegio San Juan Apóstol y director de Solidaridad en Marcha, una asociación que agrupa a colegios sodálites del país, cuenta con orgullo los logros que sus alumnos han tenido en los pocos días de iniciado el taller de UTK. Ellos ya han armado las bases de algunos drones y saben el teje y maneje de la impresión tridimensional. Confiesa que hablar de robots y computadoras no es novedad en el colegio que dirige. Hace dos años, los alumnos de Robótica de la Universidad Católica San Pablo vienen instruyendo a los estudiantes en estas artes. Su objetivo es que cuando estos alumnos acaben la secundaria tengan una base técnica, y puedan sostener su vida con este oficio.
ARMANDO DRONES
Katerine Venegas Chullunquía tiene 16 años. Cursa el cuarto año de secundaria y ha aprendido con destreza a manejar códigos computacionales para imprimir figuras en 3D. “No es difícil hacerlo. Pero te tiene que gustar para que aprendas rápido”, confiesa con una sonrisa tímida mientras crea un corazón en la computadora que luego imprimirá en base a plástico. Ella demuestra que las mujeres pueden formar parte de la ciencia.
A su lado, Yudguen Huillca Chullo (15) demuestra su talento con la computadora. Acaba de crear con facilidad un logo de Batman que la impresora 3D entrega con rapidez. Él joven nació en Espinar y desde hace dos años vive en Arequipa. Con todo lo aprendido al momento, sabe que su destino está ligado a la tecnología.
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