Arequipa

Fiesta de difuntos: Latigazos que culminan la celebración de las almas

10 de diciembre de 2018
fiesta de difuntos
Este rito se realiza el primer domingo de diciembre de todos los años.

Fiesta de Difuntos. Ni los periodistas se salvaron de recibir latigazos para que los muertos no les “ccaiquen” después de salir del cementerio, huellas que permanecieron varias horas en el cuerpo, no por lo fuerte de los golpes, sino por la hortiga que iba junto a las ramas de molle, sauce y membrillo, rito que dio fin a la Festividad de las Almas y que aún se sigue conservando en el antiguo cementerio de Cayma, pero que se va extinguiendo conforme pasan los años.

Por Roxana Ortiz A.

Era el tercer y último día de la celebración, que se inició con el escarbo de los huesos, es decir, el grupo de oferentes, acudieron al cementerio para escarbar los huesos que habían enterrado el año pasado, de los cuales se desconoce su identidad y por eso precisamente, es que se los coloca en una urna y se los lleva para velarlos y posteriormente darles cristiana sepultura.

Se hace el pago a la tierra utilizando una serie de ingredientes, entre los cuales destaca la hoja de coca y el cebo de la llama. Don Jacinto Catata, quien presidente la “mesa andina”, entrega a cada uno de los participantes algunas hojas de coca y un pedazo de cebo. Unos proceden a soplar sobre las hojas pidiendo alejar a los malos espíritus que podrían seguirlos hasta sus casas, otros comienzan a pedir deseos en favor de sus familiares.

Luego colocan las hojas de coca sujetas por el cebo encima de la “mesa”, mientras que don Jacinto fuma su cigarro Inca, pero a diferencia de los que se utilizaban antes por los curanderos, ya tiene filtro, ya no tienen que estar escupiendo el tabaco que se comían. Enciende una fogata de troncos y cuando ésta ya está en carbón ardiente, coloca toda la preparación encima hasta que desaparece y lo entierran hasta el próximo año.


Fiesta de las Almas se inició con el escarbo de los huesos.

Durante toda la ceremonia, que duró más de dos horas, don Abel Carpio, quien dijo que toda su familia, arequipeña nata, está sepultada en este cementerio, no dejaba de tocar su flauta. Antes llevaban otros instrumentos.

Según el historiador Edgar Chalco, esta tradición data de hace más de 200 años y se realiza solo en Cayma, se trata de la “Fiesta de las Almas”, que se inició con el escarbo de los huesos, que consistió en recoger los huesos que estaba en diversas parte del cementerio y que por uno y otro motivo estaban al descubierto. En algún tiempo, los terremotos destruyeron gran parte del campo santo y los cuerpos quedaron al descubierto, como ocurrió en junio del año 2001.

Estos huesos son cubiertos con pétalos de flores y se llevaron en procesión para el velatorio respectivo. Luego se ofrecía una misa por los difuntos y posteriormente devueltos al cementerio. Era el famoso entierro de huesos. Luego los invitados y asistentes departían de la chicha de guiñapo, vino, pisco y una comida.

Antiguamente esta fiesta era presidida por el personaje de leyenda conocido como San Gil de Cayma, un esqueleto que existía en la parroquia de Cayma y que tenía ojos de cristal, un tamboril pendiente a la cintura, una ballesta en la mano y una guadaña en el brazo. De las clavículas le colgaba un manto violáceo y su sombrero sobre el cráneo.

Se cree que era el esqueleto de un humanitario médico francés que puso su ciencia y dinero al servicio de los campesinos para tratamientos de enfermedades como la peste blanca. Se le guardaba en el depósito de cadáveres del santuario de Cayma, como presidiéndolo, y en la «fiesta de las almas» se le sacaba en procesión, tanto para realizar el escarbo de huesos como en la peregrinación nocturna para el cambio de mayordomo.

Los acompañantes y creyentes en las almas, que participan en la ceremonia, indican que hace muchos años el escarbo de huesos era una fiesta muy grande, ahora no llegaban a la docena; y participaban por turnos los pobladores de Acequia Alta, La Tomilla y Cayma para celebrarlo, y eran varias tumbas las que desenterraban, tarea que hacían por la noche.


El antiguo cementerio de Cayma conserva estas tradiciones.

Este rito se realiza el primer domingo de diciembre de todos los años, para dar final a todas las ceremonias del mes de todos los santos. Hay una comisión que se encargó este año de la festividad: Marlene Huisa, Juan Zúñiga y Ronald Bedregal, seguramente para el 2019 rotarán a otros vecinos.

Hasta hace algunos años, quien llevaba adelante la celebración era un señor de apellido Zeballos, tradición que arrastraba de su padre y abuelos; pero desde hace dos años lo realiza Don Jacinto, quien trabajaba en el cementerio de Cayma y que participaba atentamente en el ritual y que aprendió a hacerlo.

Antiguamente, el propietario de los huesos necesariamente tenía que ser un poblador de la zona, cuyos restos debían estar bajo tierra y no en nicho. Eran los familiares quienes se ofrecían para que hagan el escarbo de huesos de sus seres queridos, en la actualidad se hace de una persona desconocida cuyos restos están olvidados y de quien los familiares ya no están en esta ciudad, migraron a otros lugares.

El día de Todos los Santos, se hacía un altar con tocras en la casa del mayordomo, para recibir a las almas de los difuntos, el día uno de noviembre por la noche, se pasa la primera misa de difuntos en la iglesia de Cayma, y luego todos los días siguientes, el mayordomo y las personas que se ofrecían debían realizar una misa hasta cumplir las 35 en todo el mes contando las dos más del día del entierro de huesos.

El día domingo por la mañana, antes del escarbo, se pagaba a la tierra con una ayranta (mesa pequeña) cuyo instrumental es netamente andino, que contiene coca, sebo de llama, incienso. Este ritual lo hacía el maestro conocedor de la preparación, mientras chacchaba la coca y fumando, bebiendo licor y tinkando, (salpicando con los dedos) luego quemaban el atado ofreciendo el homenaje a los volcanes que circundan la ciudad.

Luego el devoto y familiares hacían la limpieza de la tumba que se había escogido en el cementerio, sacando hierbas y maleza que crecieron por la antigüedad de la tumba, midiendo el ancho y largo del hoyo que habían escarbado. Posteriormente se realizaba el resto del ritual.

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