Arequipa

Free solo: El retrato de un ascenso sin cuerda

10 de marzo de 2019

Buzo negro, polo rojo y zapatillas. Al final de la espalda lleva un pequeño bolso con polvo blanco. Alex Honnold de 33 años escala sin cuerdas una enorme roca de 900 metros de altura llamada “El capitán”. Su respiración es fuerte. Está concentrado. Lento, pero seguro. Sus manos, mezcladas con tiza, tocan la roca, se asegura y da el siguiente paso. Hay tensión en sus músculos. Hay miedo en los camarógrafos que graban su hazaña. Uno no puede ver. Deja que su equipo retrate esa escalada, mientras voltea la mirada. Los nervios son justificados. Porque si Alex, cae muere. Esta no es una película. No es una escena de Misión Imposible con la nueva estrella de acción, Tom Cruise, sino la vida real. Un paso en falso y el escalador está muerto.

Alex sigue su camino. Su meta es la cumbre, no las cámaras. Nada lo distrae. Con cuidado supera la ruta más difícil de la roca. Hasta que dos horas después lo logra. Por fin el camarógrafo respira aliviado. El objetivo se ha logrado. En la cima, Alex es recibido por su amigo y director del documental, Jimmy Chin. No hay lágrimas, solo sonrisas, fuertes abrazos y la satisfacción de alcanzar una meta peligrosa.

No cualquiera escala “El capitán”. Quienes lo hicieron murieron. Solo pocos sometieron a la roca como Alex Honnold. Solo él lo hizo en vivo para un documental. Free Solo es la película que inmortalizó su hazaña. Esta proeza convenció a los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográfica a darle el Óscar a mejor documental.

Tres años demandó la preparación de este nuevo objetivo. Hubo una primera vez donde Alex renunció. No podía hacerlo. “Creo que fallar en mi primer intento en ese momento me pareció uno de los mayores fracasos que jamás haya experimentado al escalar. Así que creo que definitivamente fue un momento difícil, y creo que la película hace un buen trabajo al mostrar cómo nos sentimos todos en ese momento”, contó a El Comercio.

En otra ocasión se lastimó el pie. Afortunadamente solo fue esguince. Se recuperó en unos días y volvió a la aventura.

Un día antes de la escalada, pidió a su novia dejarlo solo. Si la sentía a su lado, hubiera sido peligroso. Su pareja aceptó, aunque ante cámaras aceptó, con muchas lágrimas en los ojos, el miedo que le suponía ese nuevo reto de Alex.

Dice que antes de subir a la montaña, durmió como un bebé. Se despertó a las 4 y 30 de la mañana para empezar con el reto. Recuerda que el inicio no fue perfecto, tenía un poco de dolor de cabeza, pero decidió no estresarse y dejar todo de lado.

Mientras subía se tomó con tres personas. Una estaba disfrazada de un unicornio. Él simplemente pasó de largo. Estaba tan concentrado, que ni recuerda el traje de ese visitante. “Los desperté y su reacción fue como ‘hey’ y luego pasé y los tres me miraron como diciendo: ‘qué demonios’”, recordó a una entrevista a la National Geographic.
Los últimos 15 minutos están dedicados a ese momento. A Alex Honnold y al equipo detrás del documental. Cuando todo terminó el alma vino al cuerpo. También a su novia quien lo buscó en la noche de la proeza.

Free Solo ganó el Óscar a mejor documental. Y eso puso contento a todo el equipo. No obstante Alex Honnold continuará con sus aventuras. Ya planea escalar en una montaña de la Antártida. ¿Y en el Perú?, le preguntó El Comercio. Por ahora no. “Las grandes montañas en Perú son en realidad demasiado grandes para mí. Quiero decir, la Cordillera Blanca se parece más al alpinismo; Son grandes picos nevados con glaciares. Probablemente escalaré allí en algún momento de mi vida, pero esa no es mi verdadera pasión. Prefiero escalar en las paredes verticales de roca. Las montañas nevadas son solo un poco, son demasiado trabajo. Son demasiado grandes Prefiero escalar al sol. Pero algún día. En realidad, Perú también tiene una gran cantidad de escaladas deportivas estupendas, como escalar paredes verticales de roca, por lo que es mucho más probable que suba esos acantilados que en la Cordillera Blanca”.

NACIDO PARA ESCALAR
Alex siempre escaló. Y lo hizo desde pequeño. Recuerda que una vez, junto a su hermana, escalaron al techo y luego se lanzaron. Le contaron a su madre y le sugirió, en broma, que limpiara los canales instalados a lo largo del techo. Alex lo hizo y esa tarea lo acercó a esta disciplina. Luego decidió probar en el rocódromo.

Lo apodan “No big deal (Alex “no es para tanto” Honnold)”. Dejó la universidad y a los 19 años se dedicó a este deporte. Vive en una camioneta donde come de un sartén, se baña, mientras lava su propia ropa. Lleva un diario de sus aventuras. Escribió un libro y dedica su tiempo a intercambiar sus experiencias con jóvenes y promover su fundación que lleva energía limpia a zonas pobres del África.

Le gusta la aventura. “La vida es demasiado a aburrida”, dice. En el documental le hicieron una tomografía a su cerebro para saber qué de distinto tiene al resto y los neurólogos descubren que su amígdala no se estimula como la del común de los mortales, y que logra mantener la calma aún en situaciones más extremas. «Es el resultado de 20 años escalando», dice.

Dice que tiene miedo, como el resto, aunque no le da mucha importancia. “Mucha gente dice que no siento miedo, o que no le temo a la muerte, ¡pero eso no es cierto! Tengo los mismos deseos saludables de supervivencia que cualquiera. No quiero morir, Al menos no ahora. (Risas) Creo que simplemente acepto que moriré en algún momento. Lo entiendo, pero no quiero comportarme de forma infantil por el camino. Quiero vivir de una manera determinada, lo cual requiere tomar mayores riesgos, y eso es aceptable para mí”.

No cree en Dios, aunque aprecia su creación. «Me considero ateo, aunque llevo una vida muy ascética. He tenido experiencias incomparables en Yosemite, que es lo más parecido al paraíso en la Tierra. Pero ninguna me ha hecho cambiar de idea».

Si ven el documental, probablemente concluyan en la idea es un tipo raro, aunque decidido y apasionado por este deporte.

Compartir


Leer comentarios