Héctor Gamero Torres: Palabras finales

En medio de la penumbra que produce la acechanza de la muerte, acudamos a la esperanza. Profesora Rosario Gutiérrez, padres de familia, estudiantes de la promoción.
Dos momentos aparentemente contradictorios tendrán lugar en estos días: La clausura del año escolar y el inicio de los estudios superiores. El primero lo reciben con algarabía y quizás nostalgia. El segundo con temores e incertidumbres. Partirán a otro destino académico de mayor complejidad.
En pocos días seguramente sentirán, con más intensidad la insoslayable, pero, necesaria nostalgia. Que, inevitablemente surge porque indolentemente el tiempo nos distancia de lo vivido, a pesar de nuestras voluntades y porque las ausencias inherentes a la vida también alimentan el pesar. Haya sido bueno o poco grato, el pasado siempre produce nostalgia. Siempre. Es el sentimiento capital que humaniza.
Seguramente tienen expectativas y preocupaciones para iniciar este nuevo tramo. Son sensaciones propias de la vida, más aún si se es joven. “El hombre llega para partir de nuevo”, nos dice Mariátegui. En esta breve frase se encierra la filosofía del devenir histórico de todo hombre. Vamos construyendo la vida en función a objetivos. Son estos grandes anhelos los que encienden la vida para sentir intensas emociones. Tengan en cuenta, que la felicidad reside justamente en el acto de caminar, ir en pos de… Sé es feliz cuando se siente la proximidad del objetivo. No en la meta. No en la cúspide. No en el logro. Esto asfixia la emoción de ¡vivir!
“Caminante, no hay camino: se hace camino al andar” nos dice el poeta español Antonio Machado. Esta frase que está distante de la poesía y cerca de la filosofía, deben tenerla presente siempre. Sea cual fuere la naturaleza de vuestros propósitos, es válida. Tengan también presente, que no es suficiente caminar. Necesitan estar equipados de conocimiento. Esto, los hará comprender la naturaleza de los problemas, para solucionarlos o evitarlos. También requieren emociones, confianza, optimismo, humor, perseverancia, disciplina. Estas fuerzas morales los alentarán permanentemente y aligerarán la carga.
Cuando transcurran muchos años y quieran extender su existencia, no tendrán que mirar hacia afuera. Sus horizontes no los encontrarán ahí. No. Definitivamente no. Deberán mirar hacia adentro, ahí se refugiarán y recrearán lo vivido y se torturarán con lo no realizado. Quizás reaccionarán con una mueca frente al recuerdo anecdótico, con una sonrisa algo altiva frente al logro magistralmente alcanzado, también se quedarán quietos, anonadados frente a la vivencia dolorosa que dejó una cicatriz espiritual para forjar un hombre más humano.
Este horizonte al que me refiero en el párrafo anterior y que abrigaremos en nuestro ser y no ser, es único. Es una constelación de emociones y conocimientos. Ahí residirán sus vidas. Cuando sientan cierto sosiego al contemplar lo vivido y el alma deje de agitarse por bienes materiales, será porque han vivido movidos por ideales. Posiblemente ya habrán llegado al otoño de la vida. Estarán en la etapa más larga de la existencia humana. ¿Por qué escribo estos renglones sombríos? porque es el sino del hombre, sea cual fuere su condición: social, étnica, cultural o económica. El hombre es un ser lleno de soledad y orfandad y esto no es una fatalidad, es un privilegio algo desagradable para algunos en ciertos momentos, pero insoslayable y muy necesario para todos. Las soledades nos permiten tener pausas para ver mejor y valorar apropiadamente.
Lo que escribo en estos párrafos, lo hago con relativa propiedad, disculpen la altivez. Se explica porque estoy en el umbral de la vejez. Esta etapa da clara conciencia de lo verdaderamente importante. Cuando estamos en el otoño de la vida, valoramos más el tiempo y apreciamos mejor a las personas. Con fruición letra a letra construyo palabras para dar forma humana a mi existencia. La vida se organiza en el sentido y se forja en el dolor. Damos sentido a la vida cuando escribimos. Estimados estudiantes construyan experiencias agradables y dignas para que tengan espacios de paz y de pleno ensimismamiento. También habrá añoranzas que en forma de lágrimas asomarán algunos jueves sombríos. La vejez, se asume con calidad cuando enseñamos, este es un imperativo moral, no hacerlo significa traicionar a la vida y negar que hayamos existido. Estimados estudiantes están a tiempo para realizar grandes aprendizajes y para compartirlos generosamente.
Este texto es muy breve en relación a lo que exige las circunstancias. Lo he escrito en varios días y en diferentes momentos. Han salido las palabras tal como las siento, dictadas más por la emoción que por la razón. La razón es una construcción social, quizás sea un mecanismo artificial, pero la necesitamos. Gracias a ella podemos asumir con disciplina y moralidad la vida. La razón, el conocimiento, los principios morales son soportes fundamentales para tener integridad y vivir con dignidad. No lo olviden. Ténganlo siempre presente. ¡Siempre!
Hoy disponen de tremenda fuerza física, propia de su edad. El conocimiento también es otra fuerza que se robustece con los años y la experiencia. La fuerza material se disminuye, se pierde. Las fuerzas morales se vigorizan. Están asociadas al conocimiento iluminador de la vida. La amistad es una fuerza insondable, muy cercana al amor. Su dimensión no solo es afectiva, sino también cognitiva. Tengan presente que el conocimiento es una construcción social, mediado por las demisiones humanas. Recuerden que el aprendizaje no está condicionado al colegio, al instituto o universidad es una constante de la vida y se da en todos los tiempos y escenarios.
La presencia de la muerte nos da conciencia de la importancia de la vida, de la familia, de los amigos y del tiempo. Hagamos de esta sombra misteriosa una maestra que aliente la vida para asumirla con inteligencia y sentido humano. La muerte es una categoría que nos ha envuelto con su manto negro. No debemos asustarnos. Este fenómeno que se asocia a la religión, es una necesidad social, económica, ecológica y sobre todo moral gracias a ella, reitero, somos conscientes de la importancia del tiempo de la amistad de la familia. La muerte ha dejado de ser únicamente un concepto visto por la religión u otra disciplina para ser una amenaza real y necesaria. Nos recuerda sin sutilezas que tenemos un fin. Esto debe despertar conciencia para valorar el tiempo y realizar acciones inteligentes en correspondencia a nuestros intereses y potencialidades.
Constituyen una generación marcada por un hecho histórico, en consecuencia, están obligados moralmente a ser diferentes y asumir con heroísmo y singulares actitudes sus vidas. No podemos seguir siendo los mismos, las circunstancias permean nuestras vidas y no podemos permanecer inalterables, debemos renovar concepciones, estilos de vida, formas de relacionarnos, maneras de recrearnos, mecanismos de supervivencia. En este nuevo escenario urge sepultar las identidades regionales para construir la identidad con la especie humana. Algunos elementos se mantienen, otros deben renovarse. La vulnerabilidad de la vida y la realidad inesperada nos dirige la mirada a la filosofía, literatura, poesía. Necesitamos construir nuevos caminos y encender con más intensidad el deseo de vivir y trascender.
Concluyo este apunte expresando mi gratitud a la profesora Rosario Gutiérrez, valoro su calidad personal y formación profesional. Fue importante compartir el espacio académico, con la maestra. Agradezco a los padres que estuvieron pendientes de la educación de sus hijos, reconozco su esfuerzo y me conmueve su preocupación. A ustedes jóvenes porque correspondieron con esmero a la preocupación de sus padres.
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