La estampilla del hombre que llegó a la Luna

A los 16 años quiso irse como voluntario para ayudar en ese viaje espacial, no pudo, porque su familia no quería y pedían mayores de edad, al final solo se conformó con una estampilla.
Por: Roxana Ortiz A.
Hace 50 años, todo el mundo estaba pendiente de lo que sucedía con los tres hombres que decidieron continuar con la aventura de intentar llegar al espacio. Cuatro días antes, desde Cabo Cañaveral partió el Apolo 11 y en todo hogar del Perú y el mundo, a través de una radio a tubos o un televisor blanco y negro, estaba la familia a la expectativa de lo que podía suceder, más aún con los fracasos anteriores.
En la numerosa familia de Antonio Ríos Angulo, la situación no era diferente. Sus diez hermanos y sus padres estaban pendientes de la radio Telefunken, para saber si es que los astronautas realmente llegaban o no a la Luna.
Era especialmente Antonio el que vivía segundo a segundo todo lo que pasaba a miles de kilómetros del Perú y de la Tierra. Meses antes, la Nasa había hecho el llamamiento para todos aquellos jóvenes que quisieran experimentar en el intento de llegar a la Luna. Sus padres y sus hermanos lo creyeron loco cuando les dijo que quería viajar, porque aseguraban se trataba de un suicidio.
Igual no lo pudo hacer, porque apenas tenía 16 años y se solicitaba personas mayores de edad. Pero también la Nasa, para celebrar el acontecimiento, anunció la creación de una estampilla alusiva al tema y prometió enviar a cada persona que les escribiera. Una estampilla auténtica, siempre y cuando, el viaje fuera exitoso, así que ni corto ni perezoso, y sobre todo ilusionado, decidió hacer su carta.
Cuando ya estaba por perder las esperanzas de recibir una contestación, yendo y viniendo del correo central del Cusco, seis meses después le llegó un gran sobre, conteniendo en el interior la famosa estampilla.
No podía con su alegría, la mostraba a todo el mundo, pero no dejaba que nadie la tocase, por lo que hoy conserva intactos cada uno de sus dientes, además del sello original, que es lo que le da el valor a este pequeño documento. Lo ha guardado intacto durante 50 años de su vida y muchas veces lo ha acompañado a cada viaje que ha ido, especialmente cuando se trató de encuentros con filatelistas o aficionados a la colección de estampillas.
Una vez se animó a exponerla en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, donde fue profesor de inglés, luego de haber sido policía de Turismo de la Guardia Civil, además de haberse colegiado como periodista.
Antonio cuenta que no pocas veces se la han querido comprar, la última vez en Santiago de Chile por 15 mil dólares, pero se negó a venderla. Considera que su valor puede estar por los 50 mil dólares, pero aún así no se animaría a venderla, la heredará a su hijo, pero mientras tanto, la tiene bien resguardada en la caja de un banco.
Hasta el momento está pendiente de cada accionar que hagan respecto a los viajes al espacio, afición que sus hijos también han vivido, porque logró viajar, entre otros países, a los Estado Unidos y visitar el museo de la Nasa, donde se encuentran cada uno de los implementos que se usaron para llegar al espacio, los uniformes de los astronautas, las naves, entre ellas el Apolo 11, rocas y tierra que se trajeron del espacio, además de cientos de fotografías. Dos días permaneció recorriendo el lugar y hasta en dos oportunidades.
Al consultarle si mantiene alguna duda respecto a que si realmente, los astronautas Neil Armstrong, Edwin «Buzz» Aldrin y Michael Collins llegaron a la Luna el 20 de julio de 1972, como dicen muchos detractores, asegura que todas esas especulaciones las han ido desbaratando poco a poco.
“Fue un acontecimiento tan relevante que fue reconocido en su importancia y veracidad, incluso por las agencias científicas y de inteligencia soviética, enemigas de las estadounidenses durante la Guerra Fría. Ellos hubieran sido los primeros en denunciar un fraude, pero por el contrario, cuando ellos luego llegaron a la Luna, confirmaron la huella que dejó Neil Armstrong», asegura Antonio.
Son básicamente cuatro las observaciones utilizadas como argumento para tratar de desmerecer este viaje. El hecho que la bandera que clava Armstrong en la Luna parece moverse cuando hay ausencia de atmósfera en la Luna, por lo que no hay viento. Igualmente la huella dejada por Armstrong que, para algunos, no se justifica dada la sequedad del suelo del satélite. Asimismo, en las fotos no se observan estrellas y finalmente no se observa ningún cráter bajo el módulo de descenso cuando se alunizó.
Antonio Ríos repite las explicaciones dadas por científicos. La bandera fue colocada en esa posición y así permaneció posteriormente. Igualmente el polvo lunar es bastante parecido a la ceniza volcánica, por lo que se pueden dejar huellas en él. Las estrellas no se ven porque era una luz demasiado débil para ser captada por la cámara y finalmente que no se formó un cráter porque el módulo descendió a una velocidad tan lenta que solo levantó polvo.
DATO
Se generen o no especulaciones al respecto, a Antonio Ríos nadie le quita la ilusión de haber vivido aquellos momentos tan importantes para la humanidad y de conservar la estampilla del momento que el hombre le llegó a la Luna.
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