La misionera inglesa que dejó su tierra por Arequipa

Le dicen Miss Pitcher, otros Miss Phryser. Unos dicen que nunca existió, pero no. Miss Susan May Pritchard estuvo más de 50 años en la ciudad, dejó Inglaterra por Arequipa para cumplir una noble tarea: ayudar a traer niños al mundo, entre ellos al escritor, Mario Vargas Llosa, y al director de este diario, Carlos Meneses. Su trabajo no ha sido olvidado.
Por Christiaan Lecarnaqué L.
En la parte posterior del cementerio de La Apacheta yace el cuerpo de Susan May Pritchard, una misionera evangélica, obstetriz, quien habría ejercido el noble papel de partera en el nacimiento del escritor, Mario Vargas Llosa.
La placa certifica: Pritchard falleció el 29 de marzo de 1960; un día después que el premio nobel de literatura 2010 cumpliera 24 años. Un año antes publicó Los jefes, y tres después lanzaría La ciudad y los perros, una de sus mejores novelas. El año en que el alma de Pritchard partió a encontrarse con el Creador, Vargas Llosa estuvo en Francia, como lo escribió en su libro en El pez del año. Partió de Lima a este país, con la esperanza de convertirse en el escritor soñado, en 1958. En ese refugio de escritores de esos años permanecería siete años.
Se dice que Pritchard atendió el parto de la madre de Vargas Llosa, doña Dora, en la casa de la avenida Parra, donde hoy funciona la casa museo Mario Vargas Llosa, una construcción diseñada para apreciar la vida y obra del arequipeño. De esta versión hay una libreta roja del padre del director del diario El Pueblo, Carlos Meneses, ambos con el mismo nombre, documento testigo de los acontecimientos importantes de su vida.
Aquel 28 de marzo nació Carlos Meneses a las 10 de la mañana. Vargas Llosa llegaría al mundo en la madrugada de este mismo día. “(…) nací en la madrugada del 28 de marzo de 1936, después de un largo y doloroso alumbramiento”, recuerda el escritor, en El pez en el agua. Carlos Meneses, padre, también quiso grabar en unas hojas la llegada de su primogénito con las siguientes líneas. “28 de marzo. 10 de la mañana. Nació mi hijo varón, Carlos Meneses. Fue atendido por Miss Phryser. Ese día nacieron ocho varones. Miss Phryser también atendió al nieto de Pedro Llosa”, es decir, Mario Vargas Llosa.
Sin saberlo, Pritchard ayudó en el alumbramiento de dos importantes personajes para Arequipa, uno en la literatura y otro en el periodismo. Pero solo fueron dos bebés de los miles que Pritchard ayudó a dejar el vientre de sus madres.
Por esos años, Pritchard ya tenía una reputación ganada como obstetriz. Atendía partos de las familias de cualquier clase socioeconómica de la ciudad. Pero tenía más consideración con los más pobres a quienes no cobraba por sus servicios.

Por ejemplo, trajo al mundo al exalcalde de Arequipa, José García Calderón, quien dedicó unas líneas a la misionera en su libro. También a uno de los hijos de Obdulia de Polar, madre de Lionel Polar, uno de los miembros de la iglesia evangélica peruana de la cuarta cuadra de la calle La Merced.
En el 2012 fue entrevistada por el autor de esta nota. Ella recordaba que Pritchard acudió a su llamado en días de revolución. La llegada de de su segundo hijo se acercaba y era necesaria la presencia de la inglesa.
Pritchard cruzó la ciudad hacia la Urb. La Perla, donde vivía Obdulia, desafiando el toque de queda impuesto por el gobierno para controlar la población molesta con el régimen.
Lionel recordó que cuando nació su hermano tenía cinco años. Pritchard terminó de atender el parto y se lo enseñó. “¿Lo quieres?”, le preguntó.
Obdulia aseguró, en esa nota, que la evangélica pedía 5 soles por el trabajo, pero a familias con capacidad para conseguir ese dinero. Además tenía una buena costumbre: visitar siete días después a la madre para conocer su estado y comprobar la inexistencia de complicaciones. Doña Obdulia falleció hace tres meses y tenía una fotografía a quien su hijo, Lionel, también llamaba, La gringa.
MUCHOS PARTOS
Pritchard atendió muchos partos en Arequipa. A un periodista del diario La prensa de Lima respondió que participó en el parto de unos tres mil niños en la ciudad. Por este trabajo, y su labor de misionera, es que recibió la condecoración de Orden del Imperio Británico otorgada por la Reina Isabel II. El reconocimiento fue publicado en un suplemento de La gazeta de Londres, el 1 de enero de 1957, junto a decenas de súbditos de la monarca.
Fue entregado, en una ceremonia, el 25 de julio de 1957 en Arequipa, tres años antes que falleciera, encuentro replicado en los diarios locales. También habría recibido un reconocimiento del Municipio de Arequipa en 1948.
“Pero yo no sé por qué. No he hecho nada que no haya sido en cumplimiento de mi deber”, señaló Pritchard a La Prensa, a propósito de la condecoración enviada por su Alteza Real. “He traído por igual al mundo a pobres y ricos en Arequipa. En realidad tengo muchísimos ‘hijos’. En número considerable. Casi a todos los reconozco cuando los veo a cualquier edad”, dijo. ¿Habrá reconocido a Vargas Llosa o a Carlos Meneses?
NO ES UNA FANTASÍA
Sin embargo la historia no ha sido justa con esta mujer, empezando porque no se conocía su nombre y apellidos, incluso algunos se atrevían a señalar que solo era una fantasía. Pero no es así. Susan May Pritchard existió. Su tarea dejó huella.
Pisó la tierra del Misti en 1901 y apoyó incansablemente en la misión la iglesia evangélica desde esos años, que daba sus primeros pasos en la católica Arequipa.
“Arequipa indudablemente recibió una gran bendición en la persona de Susana Pritchard. Durante los 51 años que sirvió en Arequipa, nunca se entrometió en los asuntos de la iglesia, excepto cuando unánimemente los miembros le pidieron manejar la tesorería”, subraya el libro, Historia de la evangelización en el Perú. Su trabajo fue bueno, según este texto, pero también debió lidiar con algunos problemas. “Susana Pritchard escribió que muchos de los jóvenes de la iglesia que al principio habían prometido tanto, estaban causando y sufriendo problemas y que se necesitaba un hombre misiones que los orientara”, dice el mismo libro.
Además de manejar las conductas de los muchachos debía enfrentar a un gobierno hostil a religiones opuestas a la iglesia Católica. Por esos años no había tanta libertad de cultos, como existe ahora.
Luego de abandonar su cargo de tesorera entregó el cargo a Francisco Rojas, uno de los líderes de la congregación, hoy fallecido, cuyo nombre lleva un colegio ubicado en la Urb. La Perla.
Fue precisamente Rojas quien testimonió la muerte de Pritchard, según se lee en el certificado de defunción inscrito en el municipio de Arequipa. Francisco Rojas falleció.
Además de Rojas, figura el nombre de Rubén Sandoval Galdós, otro de los miembros de esta iglesia, quien tuvo cercanía con Pritchard.
Sandoval, en su casa de Alto Selva Alegre, acompañado de sus hijos, recuerda a “La gringa” como una buena persona, bastante dedicada a los asuntos de la iglesia. Pritchard siempre vivió en la cuarta de la calle La Merced, nunca tuvo hijos, ni se le conocía familiares, y tampoco regresó a Inglaterra. “Buena, benefactora”, así la rememora Sandoval, aunque asegura que su esposa, Ruth Vargas Pinto, la conocía más. Tenía una relación más estrecha. Su pareja no pudo declarar, porque está en tratamiento médico.
Según Sandoval, en los últimos años, Pritchard ya no salía de esa propiedad. Se le percibía enferma en su pequeño departamento de una sala, comedor, dormitorio y pequeña cocina, donde conservaba libros y revistas que la mantenían informada de su natal Inglaterra. Sandoval recuerda que no iba al hospital, sino que se hacía atender por el médico, Sánchez Moreno, con quien trabajaba en sus tareas de obstetriz. De acuerdo a la nota publicada en el diario El Pueblo por el reconocimiento otorgado por la reina Isabel II, la misionera tenía artritis y se desplazaba en una silla de ruedas.
Murió de cáncer al estómago, según se lee en el certificado de defunción, el 29 de marzo a las 8 y 30 de la noche. Si bien pudo haber traído a Vargas Llosa al mundo, su trabajo es más que haber ayudado en el alumbramiento del entonces futuro escritor, porque no solo puso sus manos a disposición de madres arequipeñas, sino también una enorme contribución a su iglesia. Además que quería mucho a Arequipa.
“(¿Por qué se quedó en Arequipa?) Por su gente en primer lugar que ha sido muy buena conmigo. Porque comprendí que aquí estaba mi misión y finalmente por el maravilloso clima de esta ciudad. Yo soy y me siento especialmente inglesa. Pero mi segunda patria es el Perú, con Arequipa en el corazón. Aquí quiero terminar mis días”, declaró a La Prensa.
No se sabe por qué dejó su natal Hull, Inglaterra, donde nació el 13 de enero de 1873, ni por qué eligió Perú, y específicamente Arequipa. Ni qué pasó con su familia o porque no tuvo una propia. Pero sí es cierto que se dedicó a Arequipa como si fuera su tierra natal y su historia terminó aquí, como siempre lo quiso.
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