La nueva identidad de Arequipa
14 de mayo de 2017

Arequipa empezó, desde 1950, un nuevo proceso de mestizaje con la inmigración de habitantes de otras regiones vecinas como Puno, Cusco, entre otras, quienes llegaron a la ciudad con sus tradiciones y costumbres, lo que origina un cambio de la fisonomía geográfica y cultural de la segunda urbe más grande e importante del país.
Por: Ronel Huayta H.
Semanas atrás un panfleto en las redes sociales anunciaba una «tensión bélica (cultural)» entre Arequipa y Puno, pues indicaba que los puneños concentraban sus grupos de danzas de sayas, morenadas y otros detrás del Misti para invadir la ciudad, y que también advertía que retirarían de los centros comerciales sus electrodomésticos económicos producto del contrabando, mientras que los arequipeños se concentraban con sus mejores picanterías y su tradicional adobo para defender su tierra.
Esta supuesta «tensión bélica» podría resultar una broma de mal gusto, pero es lo que ocurre constantemente en Arequipa y se agudiza en agosto, donde los que se consideran «arequipeños verdaderos» hacen aflorar su sentimiento chauvinista y hacen conocer su repudio a los inmigrantes puneños por colmar las fiestas de Arequipa con danzas del Altiplano.
Pero, ¿desde cuándo surgió esta pugna entre arequipeños y puneños? El historiador Juan Guillermo Carpio Muñoz, voz autorizada para hablar de este tema, señala que la migración que recibe Arequipa empezó en la década de 1950 cuando comenzó a recibir a los primeros habitantes de Puno, Cusco, Moquegua y otras regiones vecinas.
Expresa que este fenómeno es parte del segundo mestizaje que soporta Arequipa, pues el primer proceso ocurrió con la llegada de los españoles a la ciudad, con sus costumbres y tradiciones, que fueron intercambiados con lo propio que encontraron aquí.
Este periodo de mestizaje demoró alrededor de 200 años, pues este proceso es lento y complejo, pues es una mezcla de sangre (biológico) y cultural. Sin embargo, este fenómeno fue equilibrado debido a que la influencia occidental no fue mayor al local.
«Este mestizaje trascendió de dos a tres generaciones, duró alrededor de 200 años, pues recién se trasvasaron la cultura occidental con la nativa. Fue tan natural que lo europeo (español) dejó de ser europeo, y lo indio dejó de ser indio, y nació lo arequipeño y desde ese momento el arequipeño dejó de sentirse español o indio y ese sentimiento lo mantiene hasta ahora», señala Carpio Muñoz.
Sin embargo, el arequipeño se siente orgulloso y superior a los demás. Lo primero es positivo, pero lo segundo no, porque a pesar de haber creado y consolidado su propia identidad, nadie es superior o inferior que otro, y así como los arequipeños se identifican con el Misti, los puneños lo hacen con el Titicaca.
MESTIZAJE DESEQUILIBRADO
Carpio Muñoz refiere que actualmente Arequipa está en pleno proceso de su segundo mestizaje y esta vez los foráneos que llegan son puneños, cusqueños, moqueguanos, cayllominos, entre otros, que vienen con sus tradiciones y costumbres, con su propia cultura. La diferencia con el primer proceso es que el actual es desequilibrado, es decir, que su influencia es mayor a lo propiamente arequipeño.
La resistencia y rechazo arequipeño a este nuevo mestizaje es equivocado, porque en lugar de cuestionar o discriminar a los inmigrantes y a sus hijos nacidos en esta ciudad (nuevos arequipeños), lo que sus autoridades y la misma población deben procurar influenciarlos con la cultura propia de Arequipa.
«Arequipa y sus autoridades no abren las puertas al nuevo mestizaje, no se atreven y no tocan el tema cuando es algo que lo tenemos todos los días. La Arequipa del siglo XX no supo abrir las puertas a los inmigrantes, cuando en el siglo XIX supieron hacerlo con los europeos como ingleses que supieron integrarse», agrega el historiador arequipeño.
Considera que Arequipa es la gran metrópoli del sur peruano, con influencia en Chile y Bolivia, y en gran parte es por el aporte económico de los inmigrantes. Los arequipeños siempre han sido considerados muy trabajadores y esa virtud también lo poseen quienes llegaron a la región para volverla más poderosa a la región.
El autor del diccionario «Arequipeñismos» y libro como «El Texao», recomienda a las autoridades y a los arequipeños a adaptar a los inmigrantes a su tradición y cultura, porque si eligieron Arequipa para vivir es porque también quieren ser arequipeños sin olvidar su origen.
«El inmigrante que viene a Arequipa aprende y canta su himno, y también su pampeña o el carnaval arequipeño, pero también quiere bailar las danzas de su tierra. A diferencia de los que no decidimos nacer aquí, pero tuvimos esa suerte, los inmigrantes han elegido Arequipa para vivir. Entonces nos preguntamos: ¿Cuál tiene mayor mérito?», asevera.
CURSO DE IDENTIDAD
Juan Guillermo Carpio plantea para arequipeñizar a los inmigrantes y a sus hijos la creación de un curso de identidad regional desde el jardín hasta la universidad, porque el nuevo mestizaje es un proceso largo que durará de 150 a 200 años.
«Nadie quiere lo que no conoce», refiere y por lo tanto el curso de identidad regional permitiría hacer conocer la historia, el patrimonio cultural, arquitectónico, natural de Arequipa, y al tener conocimiento de ello los inmigrantes aprenderán a quererlo y respetarlo.
A su criterio, una de las formas más efectivas de arequipeñizar es FBC Melgar, porque atrae a miles de hinchas que no necesariamente son arequipeños nacidos en esta ciudad, pero se identifican con los colores que representan a Arequipa.
Las picanterías y las peleas de toros son otras formas de arequipeñizar, pues los inmigrantes quedan enamorados de los platos típicos de Arequipa y también se dan tiempo para apreciar la pelea de dos astados, que es una actividad neta de la región.
¿Los inmigrantes son responsables de todo lo malo? Constantemente se responsabiliza a los inmigrantes de los problemas que tiene la ciudad como la suciedad, invasiones, delincuencia y el desorden, aunque estos siempre existieron en Arequipa.
Por eso Carpio Muñoz insiste en la creación de un curso de identidad regional para que los inmigrantes amen Arequipa y no agudicen los problemas sociales, y así juntos moldear la nueva identidad de Arequipa.
DATO
El autor de esta nota es un migrante puneño con un hijo arequipeño, que quiere y respeta la identidad cultural de Arequipa, pero que tampoco olvida sus orígenes.
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