¿La nueva normalidad en el Perú?

Por Lucas Z. Granda
¿Se podría poner un mensaje lo suficientemente constante en las redes sociales que podría poner jefes de Estado en el “mundo libre”? ¿Quién regula lo que vemos en redes sociales? Hay hegemonías con rostro humano que mueven el planeta, eliminando la pornografía infantil de la red de internet, reduciendo imágenes de proselitismo terrorista y con todo aquello que atente contra el statu quo, prueba de ello es que algunas publicaciones en Facebook o videos en YouTube son sacados de circulación y censurados. Nos podríamos dar cuenta de la muerte de un ciudadano o vecino por COVID-19 que vivía en la cuadra de nuestra casa, con el cual hemos crecido, jugado a la pelota, hablado y convivido. Lo sentiríamos más real, que si nos cuentan que nos están vigilando algún sistema de control o dominación surrealista (para el sentido común), porque seguimos teniendo el modelo mental de las explicaciones tangenciales, palpables y realizables en nuestro entorno, por eso cobra mucho valor la frase “mientras no me afecte a mí no hay problema” acompañada de la otra frase “¿Cuándo se jodio el Perú?”, pero todo tiene una relación causal – lógica, por eso la educación libera y es revolucionaria, porque ya no hay maquillaje al observar las cosas.
Tanto en la esfera pública como la individual, son parte de una misma estructura sistémica, llamada sociedad. Con sus diferentes matices transversales, normalizado para el bien común, como lo son las corrientes de dominación, coerción, democracia, derechos, deberes, leyes y ahora protocolos de bioseguridad. Todo esto está cambiando, y empezó en un mercado, tal vez pudo ser la Feria del Altiplano, la Plataforma Avelino Cáceres o el Mercado Mayorista de Río Seco, muy familiares para los que residimos en el departamento de Arequipa. Los hechos se dan un espacio y tiempo, convirtiéndose en fenómenos sociales positivos o negativos, pero se dan.
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¿Cuál es el punto hasta aquí? Tenemos la oportunidad de tomar el timón, ver las coordenadas de navegación y girar el rumbo de la nave de la humanidad hacia lo que queremos ser, debemos tener palpable como la muerte del vecino por COVID-19 a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), al enfoque teórico del buen vivir, que deje de ser un eslogan “sin dejar a nadie atrás” y que ahora sea una práctica de la sociedad civil organizada, acompañada por políticas públicas y la voluntad de los Estados. Para que podamos ver la orilla, no importa con larga vistas, del desarrollo. Las reflexiones deben girar a un lado propositivo de “como salimos de está”. Este es el punto.
Estamos en medio de una pandemia jamás antes vista en el mundo moderno, paro a la globalización y se está repensando la idea que era el mercado quien regulaba los cambios sociales a consecuencia de una matriz económica, donde los pronósticos no son alentadores y las cifras de muertes se contraponen, siendo difusas, aletargando la toma de decisiones de nuestras autoridades. Muchas y muchos científicos manifiestan que es solo el inicio de una nueva era, la de las pandemias.
En consecuencia, es deber de las y los que aún tenemos oxígeno, repensar los problemas empolvados sin resolver del país, preparar reformas gubernamentales en aras de lo público como servicio inclusivo a cualquier ciudadano, idear estrategias de implementación de la ciencia de la conducta, entre muchas más, que el mundo solidariamente nos está dando a conocer. Con propuesta, porque ¿cómo les vamos a decir que dejen de robar sino tenemos una actividad económica en que puedan insertarse para que puedan vivir mejor o a veces sobrevivir?, son parte de los cambios sociales que se están dando y la población no está siendo priorizada o siendo tomando en cuenta, al momento de implementar las medias. Tenemos que hacerlo, no nos quedemos en casa después del COVID-19.
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