La presencia ausente de Cavagnaro
20 de agosto de 2017

«El Regreso», el himno musical de los arequipeños, fue creado para un concurso que su compositor perdió. Al enterarse que no ganó, Mario Cavagnaro la cantó entre llanto. A pesar de su trayectoria, este criollo arequipeño no está considerado por las autoridades locales ni durante las fiestas.
Por: Lino Mamani A.
El día de la final, ante un coliseo Arequipa repleto por 10 mil concurrentes, sus letras retumbaron en la voz de Víctor “Pajarito” Bromley. “Quería verte/ inolvidable, tierra querida/ Arequipa, ciudad blanca de mi amor./ Embriagado de distancia/ añoraba la fragancia/ de tu suelo, tu campiña y tu verdor”.
Era agosto de 1969 y Mario Cavagnaro Llerena participaba con su canción “El Regreso” en el primer Festival Internacional de la Música de Arequipa, evento promovido por el cantante Lionel Cueva Rodríguez. Para entonces, Cavagnaro, ya era un reconocido compositor arequipeño y se empecinó en participar de la competición pese a la oposición de su familia. Al final, quedó en segundo lugar.
Víctor Neves Bengoa se hizo del premio con “Viejo cantor del Yaraví”.
Cavagnaro, el consagrado compositor, había sido derrotado y en su rostro se notaba desagrado. Muchos años después Lionel Cueva le confesaría a los periodistas Wili Jiménez Torres y Hugo Lévano, que el compositor se le acercó para increparle –medio en broma-. “(…), le dije que la decisión de un jurado se respeta; luego cogió su guitarra y comenzó a cantar ‘El regreso’ de una manera impactante y se le salían las lágrimas al hacerlo. Fue una emoción muy linda”, recordó.
Son pocos quienes recuerdan “Viejo cantor del Yaraví”, pero sí muchos tienen como segundo himno los versos de “El Regreso”, canción que cala los huesos y todavía hace sollozar a quienes la cantan o escuchan. Son pocos, también, quienes saben que esas líneas fueron un regalo de Cavagnaro.
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Uno de los mejores cantautores y compositores criollos del Perú vio el mundo el 16 de febrero de 1926 en la Ciudad Blanca. Por un instante, su profesión de ingeniero químico pretendió darle un tacle fuera de la música, pero afortunadamente, siguió su instinto y empezó a hacer arreglos musicales, a crear boleros y valses cuando cepillaba los 25 abriles.
-¿En qué año compuso su primera canción? –preguntó el intérprete Francesco Petrozzi, en su programa Noche de miércoles, que daba en canal 7 a inicios de los noventa.
-Bueno, creo que cuando nací –respondió sonriente el arequipeño, mientras a su lado un bonachón Augusto Polo Campos y una risueña Bartola, carcajeaban.
A Cavagnaro Llerena no se le había ocurrido componer hasta que las frases de dos canciones lo indujeron. “Luna que se quiebra sobre las tinieblas de mi soledad”, resonaba en su cabeza con la letra de Agustín Lara y remataba “el día que me quieras no habrá más que armonía” de Carlos Gardel. Si esos titanes de la música lo inspiraron, Cavagnaro fue motivación para Polo Campos, su gran amigo a quien nunca desaprovechaba la ocasión para llenarlo de elogios.
“Perú se escribe con P de Polo Campos”, solía decir orgulloso del hombre que se jactaba de haber escrito valiosas joyas del repertorio criollo peruano, sin haber leído ningún libro. Augusto Polo Campos, un día devolvió la flor de su amigo characato improvisando un vals.
“Un señor que siempre es señor y dueño y aunque no nació en Lima, pero es gran arequipeño. Yo, yo me siento más peruano cada vez que estrecho su mano y ojalá que me contagie su talento. Cavagnaro, yo te estimo y el Perú siempre te quiere, Cavagnaro, mereces un monumento”, decía acompañado de una guitarra aquel día en el programa televisivo.
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Al compositor arequipeño lo criticaron por introducir la jerga (replana) en la música criolla, pero que luego fue siendo aceptada en las jaranas y fiestas que se armaban. Chabuca Granda era otra de sus mejores amigas, quien resaltaba sus cualidades creativas.
“El Regreso” no fue el único tema que inmortalizó. Para defender su talento y eminencia estaban «Cántame ese vals, patita», «Carretas, aquí es el tono», «Cutato, ¿por qué te baten?», «Dos extraños», «El rosario de mi madre», «Mala mujer», «Yo la quería, patita», «Osito de felpa», «Los días que me quedan», así como deleitó con “Emborráchame de amor”, bolero que trata de un marinero que al desembarcar acude a una casa de citas y que fue difundido en la voz del salsero Héctor Lavoe. Sus temas eran interpretados por artistas de la talla de Julio Jaramillo, Fetiche, Armando Manzanero y en algún momento –más moderno- el colombiano Juanes también osó interpretarlas.
Fue multifacético, si cantaba también componía, si creaba también tocaba los instrumentos, hacía los arreglos, dirigía las orquestas, producía discos, formaba nuevos criollos, orquestaba programas televisivos y radiales criollos, hasta que las fuerzas no le dieron más.
El 29 de setiembre de 1988 la diabetes se lo llevó, extinguiéndose el halo de su voz, su capacidad creativa y su carrera artística. “Cuando un criollo se muere”, irónico tema fue su última obra, un regalo que era un anticipo de lo que creía no iba a tardar en suceder.
“Cuando un criollo se muere,/ algo se muere en mi alma/ aunque haya un nuevo lucero/ que alumbrará la guitarra./ Cuando un criollo se muere, es tan mío lo que pierdo,/ que en pedazos de tristeza/ se convierten mis recuerdos”.
Cavagnaro, como dice su canción, quiso que lo entierren en su tierra, pero su voluntad no se cumplió. El próximo año, se cumplen 20 años de su muerte y ojalá que sus obras y legado no pasen al olvido como suelen hacer algunas autoridades locales, que se llenan de “arequipeñismo” por un rato. Cavagnaro estará presente en su música, aunque algunos quieran ausentarlo.
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