La revancha de Mario Bazán

El pasado sábado 10 de agosto, Mario Alfonso Bazán Argandoña tuvo su revancha. De esas que te da la vida cuando no te rindes. Aquellas que se hacen esperar por años, y una vez que llegan te liberas, cruzas la meta de los 3 mil metros con obstáculos en el tercer lugar y levantas las dos manos y gritas fuerte, sostienes la bandera peruana con orgullo. Son esas ocasiones en las que te ponen feliz por todo lo vivido, por haber logrado la medalla de bronce en tu país, pese a todo.
Por: Gustavo Callapiña D.
Los Juegos Panamericanos Lima 2019 dejaron a nuestro país 39 medallas en los diferentes deportes. Una de ellas, la presea de bronce en los 3000 metros con obstáculos, fue para el atleta Mario Bazán.
Para él, ganar esa medalla, quedó detrás del colombiano Carlos San Martín y el brasileño Altobeli Santos, fue la revancha de todo.
De cuando viajó como favorito a los Juegos Panamericanos de Guadalajara en el 2011 y llegó desinflado a la competencia, pues tuvo que quedarse cinco días esperando para entrar a este país por problemas con su visa. Ello lo perjudicó.
De cuando viajó a los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018, y terminó retirándose de las competencias de 1500 y 3 mil metros por problemas para continuar en la competencia debido a la altura boliviana. También es la revancha del Campeonato Iberoamericano de Atletismo en Trujillo. Quedó en tercer lugar, sin embargo no subió al podio. La razón: no fue seleccionado en el equipo oficial del Perú y tuvo que ceder su lugar.
Esas situaciones, así como una obligada suspensión de su entrenamiento por lesiones, no le impidieron seguir con su carrera. En el deporte y en la vida, siempre hay que seguir para adelante.
AREQUIPEÑO DE CORAZÓN
Limeño de nacimiento, Bazán, llegó en el 2004 a la Ciudad Blanca. Fue invitado para que realice su carrera como atleta en este departamento.
“En Lima no había un centro de alto rendimiento. Y me proponen venir a Arequipa. Vengo y me mantengo entrenando por casi ocho años y sin darme cuenta ya había logrado muchas cosas y había hecho mi vida aquí también que tenía un poco más de apoyo”, recuerda.
Ha pasado una semana desde que culminaron los Panamericanos. El cariño de los arequipeños hacia él se hace sentir.
Sentados en una banca al frente de la municipalidad de Bustamante y Rivero, donde vive, un vecino se le acerca: “Felicitaciones pe, campeón”, Mario, sencillo y sin ínfulas de grandeza, da la mano y agradece.
Su pasión por el atletismo nació desde pequeño, en el colegio y cuando iba con sus amigos al Totoral, en el distrito de Surco, en Lima.
“Empezó en el colegio, de ahí me fue gustando correr y siempre desde chiquito estuve corriendo en Santiago Viejo, en el totoral. Veía el fútbol, pero no me llamaba tanto la atención como el atletismo y no estaba en las condiciones de mis papás que no tenían para darme los pasajes para ir a entrenar a una cancha de fútbol específica. Además, creo que cada persona tiene un talento que Dios te da en cualquier ámbito y a mí me lo dio en el atletismo”, relata Bazán.
Próximo a cumplir 32 años, el atleta peruano cuenta que antes de Lima 2019, muchos lo daban como acabado, de bajada, e incluso se mostraban escépticos que ganaría alguna medalla en los últimos Panamericanos.
Por su parte, se concentró y continuó entrenando para demostrar todo lo contrario.
“Mi motivación y mi fuerza es representar bien a los colores de mi país. Me motiva mi familia, la gente que confía en mí, por ellos es que trato de no defraudarlos y dar el 100%, aunque a veces no logre sacar alguna medalla, pero hacer mi mejor marca personal. Llegar a una final y si Dios quiere subirte al podio es gratificante”, dice.
La constancia, disciplina y perseverancia son fundamentales si se quiere lograr un objetivo. El atletismo no es la excepción. Un tiempo, años atrás, Bazán fue obligado a parar por dos años en su actividad deportiva debido a lesiones.
Tuvo que costearse su recuperación. Cuando ya estaba a punto de volver al ruedo, sucedió algo imprevisto, contrajo varicela y prolongó su alejamiento de las pistas atléticas, por dos meses más. Le costó retomar, sin embargo su insistencia y perseverancia hicieron que lo lograra.
LA MENTALIDAD
Más allá de lo deportivo, lo psicológico también es importante en una competencia. Este aspecto fue reforzado por Bazán durante su preparación en los Estados Unidos, a donde viajó el último año para concentrarse única y exclusivamente en los Panamericanos de este año.
Se quedó cinco meses. Entrenó con corredores kenianos y americanos y que le ayudaron en su preparación.
«Es otra cosa», nos dice y rememora pasajes de su estadía en el país del Tío Sam. Vio que no importaba si hacía menos 10 grados. Debía seguir entrenando.
“Tu manera de ver el entrenamiento cambia, a veces hacía menos 10 grados, y el entrenador decía: no importa, hoy entrenamos bajo techo y teníamos que hacerlo; si hacía bastante frío nos decía abrígate bien y sal a correr. Psicológicamente te hace más fuerte, no importa el clima, tú tienes que cumplir con tu trabajo”, comenta.
El resto es historia conocida, y de las buenas. Llegó a su patria y siguió entrenando, así como lo hizo desde los 16 años cuando llegó a la Ciudad Blanca, en el Centro de Alto Rendimiento, en Cerro Juli.
Hasta que llegó el día, 10 de agosto del 2019. Con un tiempo de 8:32:34, logró el tercer puesto en la competencia de los 3000 metros con obstáculos. Fue la revancha de todo lo vivido.
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