Arequipa

Las imágenes religiosas que se ganaron un lugar en Arequipa

19 de agosto de 2017
Las imágenes religiosas que se ganaron un lugar en Arequipa

Estas devociones nacieron en el extranjero, pero llegaron a Arequipa y se quedaron más ganar más fieles. Incluso el Divino Niño tendrá su santuario en esta ciudad.

 
 
Por: Roxana Ortiz A.
 
Un tumor cerebral en la hija menor de un médico, dio inicio a que la fe  sobre el Divino Niño se extendiera desde Arequipa a varias regiones del país, aunque la devoción naciera en un barrio sencillo de Colombia.
Lucía nació con epilepsia, causada por la presencia de un tumor en el cerebro. Cuando tenía 6 años fue llevada a los Estados Unidos  para extraerle el tumor, con la esperanza de sus padres que allí acabara su sufrimiento, pero fue todo lo contrario, las convulsiones aumentaron.
Al celebrar el sétimo  cumpleaños, Lucía convulsionó tres veces  por toda la algarabía que había vivido, mientras  que su familia estaba destrozada. 
Ana María, su madre, le dice al papá José Enrique Cornejo: “Me la llevó a Colombia, ahí la van a curar”, sorprendido el esposo la miró incrédulo como pidiendo una explicación y pensando “se volvió loca mi esposa”.
Le comentó de la devoción sobre el Divino Niño en Colombia y que este hacía una serie de milagros. José Enrique es médico y según él ya se habían agotado todas las posibilidades de curar a su niña  a través de la ciencia y en el país más desarrollado del  mundo, mucho  menos esperaba  un milagro.
A los tres días la esposa, que también es médico, llegó a Lima con Lucía y lo llamó para decirle que no le había entregado  el permiso notarial para sacar a su hija al extranjero y que no la dejaban salir del país. Acudió ante la directora de Migraciones, le explicó su caso, tal sería la convicción de Ana María que accedió a su petición, a pesar  que ponía en riesgo su trabajo.
En esa época Colombia estaba asolada por el terrorismo, la gente no podía salir a la calle después de las cinco de la tarde. Fue al santuario muy temprano y se acercó para confesarse ante el sacerdote, quien  se dio cuenta  que no era colombiana, le preguntó por qué acudió a ellos, contándole su drama. Abrió la cortina que lo separaba del resto de la gente y observó, entre toda la multitud a Lucía sentada en  una banca. “¿Es la de rojo no?”, le preguntó.
Le dijo que Lucía tenía que hacer la primera comunión y desde allí comenzó su proceso de sanación. Regresó a Arequipa y desaparecieron las convulsiones. A los dos meses regresó toda  la familia a Colombia para agradecer  por el milagro. Allí José Enrique se  comprometió a difundir la devoción.
En La Recoleta le dijeron que ya estaban completos y se fue a los Salesianos, donde comenzó a trabajar. Acordaron reunir a todos los devotos que  había en las demás parroquias hasta que se formó la Asociación de Devotos del Divino Niño por 1997 con unos 50 socios. “Ahora no existe una sala de hospital donde  no exista su imagen”, dice orgulloso José Enrique.
Solo en la iglesia de la Compañía y en la Catedral no existe la devoción, después la imagen de este pequeño niño vestido con una túnica rosada y abriendo sus  brazos se puede observar en cada parroquia, en una pequeña gruta en los parques  y están a punto de tener su  propio santuario. “Ni en Bogotá se ha logrado lo que hemos  hecho en Arequipa”, dice José.  
Señala que la devoción  ha crecido, porque cada 20 de cada mes se celebra una misa en su honor, en  todas las  parroquias y a la cual asiste toda la familia. Asegura que a diario reciben testimonios de personas que indican que han tenido  un milagro  o una gracia  concedida por el Divino Niño.     
“Hay  muchos casos en los que no podemos asegurar o demostrar científicamente se trate de un milagro, pero quienes  lo hemos sentido así, estamos convencidos que hemos tenido esa bendición, como ha sido el caso de mi familia, porque otra  hija mía, también fue curada de otro tumor”, explica el especialista en medicina general.
El carisma que ellos han asumido es evangelizar cada  lugar donde  hay un integrante de la Asociación, el trabajo, la oficina, el club deportivo y poco a poco lo han logrado y ahora se cuentan por miles los fieles en Arequipa, que se reúnen cada primer domingo de setiembre para celebrar al Divino Niño en el coliseo Arequipa, donde hay un lleno total y llega hasta el capellán del Santuario en Colombia.          
Respecto a la construcción del santuario propio, están reuniendo  los  últimos papeles para recibir la donación del municipio de Mollebaya,  de un terreno de unos 30 mil metros, que de acuerdo a un prediseño de la maqueta, tendría espacio para mil vehículos,  una posta médica, un jardín, un albergue de ancianos y otros servicios, tal y como se cuenta en Colombia.
 
COPACABANA
Otra de las imágenes extranjeras que también convoca a muchos fieles, aunque no tanto como la primera, es la Virgen de Copacabana, aunque las celebraciones son diferentes y tienen que ver más con la  idiosincrasia y costumbres del Altiplano.
Esta advocación proviene de Bolivia, hasta donde viajan también muchos peruanos para rendirle culto. Es una efigie de poco más de cuatro pies modelada enteramente en pasta de maguey y terminada en estuco. El cuerpo de la imagen está totalmente laminado en oro fino y en sus ropajes se reproducen los colores y las vestiduras propias de una princesa inca. Su forma original permanece cubierta por hermosos mantos y trajes. Su pelo es largo sobre sus hombros. 
Fue tallada por Francisco Tito Yupanqui, descendiente del inca Huayna Cápac. Era escultor aficionado y aunque puso mucho empeño en su obra, era inexperto. Sus primeros intentos fueron rechazados uno tras otro, hasta que finalmente Dios le recompensó con poder lograr esta imagen de la Virgen que fue humildemente entronizada en una pobre iglesia de adobe y piedras el 2 de febrero de 1583, lo que hace de este santuario mariano uno de los más antiguos de las Américas.
El templo actual data de 1805 y la imagen fue coronada durante el pontificado de Pío XI. Con el paso del tiempo los fieles donaron, para adorno de la imagen, gran cantidad de valiosas joyas y el templo se llenó de regalos y tesoros. Riqueza que fue posteriormente saqueada por generales, presidentes y dictadores de turno. A pesar de ello, la «Coyeta», como la llaman los quechuas y los aimaraes; lleva al cuello, en las manos y el pecho, ricas alhajas y de sus orejas cuelgan valiosos pendientes de piedras preciosas obsequiados por sus devotos. En su mano derecha sostiene un canastillo y un bastón de mando, regalo y recuerdo de la visita que en 1669 le hizo el virrey del Perú.
La imagen original nunca sale de su santuario y para las procesiones se utiliza una copia de la misma. Es típico del santuario, basílica desde 1949, que quienes  lo visitan salgan de él caminando hacia atrás, con la intención de no darle la espalda a su querida patrona. 
Su fiesta originalmente se celebraba el 2 de febrero, día de la Purificación de María, y luego se ha trasladado al 5 de agosto, con liturgia propia y gran celebración popular.
En casi todos los asentamientos de Paucarpata, zona alta de Miraflores, Mariano Melgar, Cono Norte se tiene una imagen de la Candelaria de Copacabana, a la cual celebran con algarabía,  con la  presentación de danzas, orquesta de música, bandas, comida y también muchas bebidas.
Solo en la iglesia de San Agustín se tiene una réplica de la imagen, la que es celebrada cada 5 de agosto y en donde también se congregan muchos fieles, pero solo para la ceremonia litúrgica.
 
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