Arequipa

Lo que Arequipa tira cada día

2 de abril de 2026

Por: Ing. Edith Choque Sandoval, gerente general Pro Avance.

Cada mañana, la ciudad genera alrededor de mil toneladas de basura. No es una metáfora ni una proyección: es el dato que publicó el Diario Correo en mayo de 2025, citando a la Subgerencia de Gestión Ambiental de la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA). En 2023 la cifra era de 850 toneladas. En dos años subió casi 18 %. Todo ese material termina en Quebrada Honda, un botadero en Yura que ya opera más allá de su capacidad prevista. Lo curioso es que gran parte de lo que enterramos ahí tiene valor. Lo estamos desechando porque no hemos decidido, en serio, hacer algo distinto.

De eso trata la economía circular: no de reciclar por civismo, sino de entender que el residuo es un insumo mal ubicado. Y en Arequipa, hay sectores que ya lo están aplicando sin llamarlo así. Algunas curtiembres del parque industrial reutilizan subproductos que antes iban directo al botadero. Hay agroindustrias en el valle que transforman desechos orgánicos en compost para sus propios cultivos. No son iniciativas espectaculares, pero prueban que el modelo funciona cuando hay intención detrás.

El problema es la escala. Según la Municipalidad Provincial, en Arequipa se recicla menos del 3 % de los residuos que se producen al día. Ese porcentaje incluye el trabajo de asociaciones de recicladores que operan con recursos mínimos, casa por casa, sin mayor respaldo institucional. Mientras tanto, el Ministerio del Ambiente (MINAM) reportó en septiembre de 2025 que a nivel nacional se generan aproximadamente 24 mil toneladas de residuos al día, y que Lima concentra cerca del 70 % del reciclaje formal. 

El sur del país, que produce y consume a ritmo creciente, sigue sin infraestructura proporcional para cerrar ese ciclo. Vale aclarar un dato que circula con frecuencia y merece corrección: el borrador oficial del 1.9 % de reciclaje nacional corresponde a un informe del MINAM de 2018. La realidad actual, aunque sigue siendo insuficiente, es distinta. En 2024 se valorizaron más de 249 mil toneladas a escala nacional, según el Sistema de Información para la Gestión de Residuos Sólidos (Sigersol) del propio MINAM. No es motivo de celebración, pero tampoco conviene citar cifras de hace siete años como si fueran de hoy.

Para una empresa local, todo esto no es solo un tema ambiental. Es un problema de costos. Las materias primas suben, las cadenas de abastecimiento se vuelven más frágiles, y seguir operando con un modelo que extrae, usa y descarta es cada vez más caro. La Hoja de Ruta hacia una Economía Circular del Ministerio de la Producción estima que las empresas que reintegran sus desechos en la cadena productiva pueden reducir sus costos operativos hasta en un 15 %.

Lo que falta no es convicción. Es infraestructura, acuerdos entre empresas para que el residuo de una sea insumo de otra, y municipios que faciliten en lugar de obstaculizar. Formalizar a los recicladores -como propone desde 2024 la propia MPA a través de su programa de aplicativo móvil para recicladores- no es caridad; es construir el primer eslabón de una cadena que hoy no existe de manera articulada.

La pregunta concreta para cualquier empresario o gestor público en Arequipa es esta: ¿sabe cuánto material recuperable está pagando para enterrar cada mes? Si la respuesta es no, ese es el primer problema que hay que resolver. Lo que no se mide, se sigue tirando.

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