Los hinchas lo llevamos en el corazón: Bernardo Cuesta se queda en Melgar

El ariete rojinegro no tiene la menor idea de cuánto lo vamos a extrañar. Ansiamos su vuelta a casa: ¡Que así sea!
Por: Orlando Mazeyra G.
Hace algunas semanas hice una larga cola en las afueras del Teatro Municipal para que el turco Orhan Pamuk, uno de los más jóvenes y brillantes premios Nobel de Literatura, me firmara un ejemplar de su magnífico libro «El novelista ingenuo y el sentimental». Fueron más de cuarenta minutos de espera. Pero valió la pena cada segundo.
Hay algo fúlgido que nos ocurre —en realidad ocurre en nuestro más recóndito interior— cuando estamos cerca de nuestros héroes literarios —Reynoso, Vargas Llosa, entre otros—; y sobre todo si somos fetichistas, como es mi irremediable caso.
El jueves pasado, estuve haciendo una cola durante más de dos horas y media para conseguir, una vez más, un autógrafo del goleador extranjero histórico de Melgar (uno de mis héroes deportivos, por supuesto). Se trata, pues, del mejor número 9 que el equipo tuvo en su historia: Bernardo Nicolás Cuesta.
La pésima organización del evento impidió que consiguiera despedirme del goleador… aunque eso es lo de menos porque sus goles los tengo grabados en la memoria y cada vez que los veo de nuevo en las redes sociales late más fuerte mi corazón.
El actual goleador de la Liga 1 llegó a Arequipa el año 2012 de la mano del querido entrenador argentino Julio «El Negro» Zamora. Sin embargo, en aquella temporada solo jugaría once partidos y marcaría siete tantos. El plantel dirigido por Zamora, que clasificó a la Copa Sudamericana 2013, tuvo una memorable racha inicial de goleadas por 3 a 0 en Arequipa. El equipo rojinegro no perdería de local durante todo el Torneo Apertura y los goleadores serían Antonio Meza Cuadra y el argentino Julián Di Cosmo, ambos muy estimados por los hinchas del Dominó. El «Torito» fue uno de los que más sufrieron nuestra pelea por evitar la baja el 2011 y rompió en lágrimas, como un niño, al final de la victoria sobre Alianza Lima que nos dejaba en primera división.
Cuesta —o Berni, como se le dice con afecto—, a partir del 2013, asumió el titularato y duplicó su número de goles. El 2014 se convertiría en uno de los referentes, no obstante, al finalizar el año, él buscó aires nuevos en el The Strongest de La Paz (Bolivia) que jugaría la Copa Libertadores (Reynoso pediría la contratación de Raúl Ruidíaz, quien resultó siendo un absoluto fiasco). En Bolivia, Cuesta apenas marcó 3 goles y, a mediados del año del centenario rojinegro, retornó a Arequipa: marcando ante el Atlético Junior de Barranquilla.
Cuesta y Arequipa tienen un idilio irrompible. Él fue el elegido de los dioses del fútbol para marcar el gol más recordado del siglo XXI. Todos los hinchas sabemos que el tercer tanto a Sporting Cristal en la final disputada en Arequipa marcó un antes y después en la historia grande de Melgar.
Aunque soy escritor (digo mejor, aunque intento serlo) y, además, me apasiona el fútbol sobremanera, me cuesta mucho escribir sobre Melgar porque es algo que me supera. Ser hincha, como es sabido, tiene un inevitable componente irracional que nos nubla y gatilla a ese ser primitivo que todos llevamos dentro. Uno va al estadio para salir de sí mismo, para sacarle la vuelta a los dramas cotidianos de la existencia a cambio de un grito de gol que haga la semana más llevadera.
Nunca un delantero rojinegro me dio tantas alegrías. Nunca vi en la cancha a un jugador más comprometido que Bernardo Cuesta. Por eso pensé que el club debió agotar todos los esfuerzos para impedir su partida. ¡Cuesta es Melgar! ¿Tan complicado era proponerle que empezara a estudiar la carrera de entrenador para que, cuando decidiera retirarse, empezara trabajando con las divisiones inferiores? ¿No podían empezar a prepararlo para que de acá a unos años se convierta en nuestro gerente deportivo? ¿Hay algún jugador o exjugador más identificado con Melgar? Voy más allá, aun a riesgo de sonar irrespetuoso: ¿Quién está más identificado con Melgar, Bernardo Cuesta o Marco Antonio Valencia? Que cada hincha se responda a sí mismo, porque yo no tengo la menor duda.
Melgar debe aprender a mimar, proteger y valorar a los ídolos auténticos (que son pocos). A los que se matan en la cancha por nuestros colores. Doris Gibson, la mítica fundadora que la que fuera una excelente revista, dejó dicho que un arequipeño nace donde le da la gana. Ese es el caso de nuestro ariete: el argentino más arequipeño del mundo.
Quizá estuvo bien que no llegara a saludarlo el día jueves durante la firma de autógrafos. Estuvo bien que hubiera gente que se colaba e impedía que los que respetamos el orden y las buenas maneras nos quedáramos sin abrazar a Cuesta. Me hubiera puesto a llorar. Porque un jugador como él invita a la lágrima más transparente.
Bernardo, o simplemente Berni: lo único que quiero (o al menos intento) es expresar en pocas palabras toda la gratitud del auténtico hincha melgariano. Cuesta, tú hiciste realidad lo que todos, desde la más tierna infancia hemos soñado, es decir, marcar un gol al pie del volcán que nos permita gritarle a todo el Perú que Melgar es el mejor de todos.
Querido capitán: no tienes ni la más remota idea de cuánto te vamos a extrañar. Contigo, los hinchas de verdad nos vamos a Tailandia, a Irak, a la Luna o al fin del mundo… Así son las cosas.
Pero como futbolista ejemplar que eres comprendes que el club está por encima de todos. Pasan muchos jugadores (pocos tan grandes y genuinos en su compromiso como tú), pero el club queda y tenemos que seguir adelante.
Empezaremos de cero soñando con un nuevo título. Pero también permítenos soñar con un nuevo retorno. Pierre Manrique te bautizó como el Berni de la gente. Daniel Peredo dejó dicho que Arequipa es tu lugar en el mundo. Ojalá te vaya bien en Tailandia. Ojalá vuelvas y termines tu carrera en Arequipa. No sabes lo mucho que te queremos y admiramos. Incluso admiro ese gesto que tuviste cuando luego de otro mal partido te colgaste del alambrado para enfrentar a malos hinchas de la popular sur que quizá te faltaron el respeto (o a tus compañeros, no lo sé con claridad porque aquella noche yo estaba en Occidente). Tú, como buen capitán, saliste en su defensa. Alguien dirá que hago mal en recordar esta escena, sin embargo no es así. Habla de un futbolista que nunca agacha la cabeza y a quien nadie le puede reprochar nada.
Si los niños tienen que buscar un referente: ahí estás tú. El compromiso no se negocia. Ahí estás tú, con el grito agónico en Caracas, en Barranquilla. Rompiendo el arco de los tres porteros mundialistas (Gallese, Carvallo y Cáceda), haciendo perder los papeles a Trauco cada vez que le ganábamos a Universitario, castigando a Cristal en Lima y Arequipa. Tantos goles, tanta entrega, tanto fútbol.
En Lima celebran que te vayas. No saben que te verán volver y, una vez más, temblarán de miedo.
Gracias por todo, capitán eterno. Otros vendrán a ponerse la número 9, marcarán goles, nos harán gozar con nuevas victorias; pero, igualarte jamás.
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