Arequipa

Los últimos fotógrafos de la Plaza Mayor

3 de marzo de 2019

La población opta por los selfies, pero los fotógrafos insisten, se adaptan y convencen a clientes a retratarse como se hacía varias décadas.

Por: Gustavo Callapiña Diaz
Fotos: Jorge Esquivel Z.

Son parte de la Plaza de Armas desde hace años. Su trabajo es retratar a las parejas de enamorados, familias, turistas y cualquier visitante que pase por el Centro Histórico. Son hombres, en su mayoría, mayores a los 50 años. Llegaron a este espacio de trabajo unos por casualidad y otros por la pasión de tomar una cámara y hacer fotografías. Esta es la historia de tres de estos fotógrafos. Quizás los últimos de estos tiempos.

Último miércoles de febrero. Falta poco para que sea las 9 de la noche y Fernando Choquecota da vueltas por la Plaza esperando coger quizá a uno de sus últimos clientes para tomarles una foto. Esa labor la cumple hace más de 40 años aproximadamente, cuando llegó hasta aquí, así nomás, por puro gusto a la fotografía, me dice.

Su rutina sigue siendo casi la misma desde que se instaló en el corazón de Arequipa para convertirlo en su centro de trabajo. Sin embargo hay cosas que han cambiado con el tiempo. Como todo en esta vida. Antes usaba una cámara analógica. Ahora ya va por su segunda cámara digital que se la compró para adecuarse a la tecnología y mejorar sus servicios. Esta misma tecnología es la que ha ocasionado perjuicios a su labor de fotógrafo.

“El celular nos ha quitado bastantes clientes. Antes nos llamaban a cumpleaños, despedidas de solteros, y ahora con ese selfie (palo para autofoto) ya nos ha invadido, y no lo podemos controlar, nosotros somos una organización pequeña y no podemos hacer nada, solo seguir trabajando no más”, dice mientras va mirando el reloj de la Catedral porque ya es hora de irse.
Fernando Choquecota toma las cosas alegremente, sabe que la vida es una sola y no le gustaría ser una persona seria. Esa cualidad suya la aplica también con sus clientes. Con ellos conversa y bromea, mientras enfoca su lente para retratarlos para el recuerdo.

Dice que antes las cosas eran diferentes. Lo suponemos, todo cambia con el tiempo. En el 2015, durante la gestión de Alfredo Zegarra como alcalde de Arequipa, se aprobó una ordenanza municipal que prohibía el ingreso de vehículos a la Plaza de Armas. Ello, también habría mermado la clientela de los fotógrafos.

“Antes siempre venían carros, las personas bajaban y se tomaban fotos, y ahora como ya no ingresan también ha bajado nuestras ventas”, agrega, sin embargo, esta restricción no entristece a don Fernando, al fin y al cabo es parte de la vida también.

El señor Choquecota aún no ha pensado en retirarse de la fotografía. Eso depende ya de cada uno, de escoger el momento adecuado para dejar lo que más te gusta. Por lo pronto su plan es seguir inmortalizando a los visitantes de la Plaza Mayor y adaptarse a los nuevos tiempos tecnológicos.

Antes así como ahora, el comercio y las actividades ambulatorias han estado prohibidos en el Centro Histórico de Arequipa. Por ese motivo, se creó la Asociación Sindicato de Fotógrafos de la Región Arequipa o Asifopra, en la década de 1970. Con ello evitaron que los policías municipales los desalojen constantemente de la Plaza.

“El municipal venía y nos decía ya carajo, acá está prohibido. Nos botaban y nos íbamos a los portales a tomar fotos. Las personas querían siempre tomarse fotos en la Plaza y por eso formamos el sindicato para que ya no nos molesten. Al inicio tenía 3 o 4 personas y poco a poco ha ido creciendo”, cuenta Ignacio Ortiz, otro de los fotógrafos de la Plaza, uno de los más antiguos como él mismo dice.

Su singular relación con la fotografía nació cuando era adolescente. A los 19 años viajó a Lima para trabajar como comerciante. Tenía una camarita Kodak con la que salía a pasear por los parques de la capital durante sus días de descanso, generalmente los fines de semana.

“Un día así, salí a pasear y la gente me preguntaba ¿tomas foto? Y yo les decía que no, luego vi que no había fotógrafos y así de casualidad comencé a tomar. Te hablo del año 63 más o menos, y lo que hacía era anotar el domicilio de las personas. Llevaba a revelar las fotos y al siguiente día iba a sus casas y se las entregaba”, recuerda Ortiz.

Un año decidió regresar a la Ciudad Blanca y continuar con su nuevo trabajo. Viajaba a las playas de Mollendo y Camaná en época de verano aprovechando la gran cantidad de gente para tomarles fotos.
En esos años de 1960 tomaba hasta 35 fotos por día. Cada una la vendía a 3 soles.

Hace cinco años las cosas empezaron a cambiar. Desde que aparecieron las cámaras digitales y los celulares con cámaras incorporadas.

“Todos tienen celular y ya no nos piden muchas fotos. Vienen y nos dicen: ‘yo tengo mi cámara mejor que la tuya’. Y yo les respondo eso es un juguete, con eso juegan mis nietos” y se ríe.

Ahora toma entre seis a 10 fotos al día. Son la una de la tarde del jueves, Ignacio confiesa que no ha tomado ni una sola foto hasta ahora. Es factor suerte también, añade. En su rostro no hay melancolía ni tristeza. Sabe que la cosa está difícil, pero mañana será mejor.

Eleuterio Condori es otro de ellos. En su carnet de autorización emitido por la Gerencia de Servicios al Ciudadano la ubicación de su puesto indica la Plaza de Armas. Aquí pasa sus días actualmente y recuerda que antes cuando era joven su rutina era diferente. Iban al parque de Tingo en las mañanas, a las doce o una se dirigía hasta el Parque Selva Alegre y recién a las cuatro cinco de la tarde regresaban a la Plaza para seguir tomando fotos. Había más trabajo en esa época.

“Nosotros nos hemos cerrado acá exclusivamente. Acá vamos a terminar. No sé quienes se quedarán, de repente vamos a desaparecer como los fotógrafos que había antes en el parque Duhamel, porque ya nadie creo que quiera venir a tomar fotos acá”, comenta Condori de 71 años.

Lo que dice tiene alguna relación con el avance de la tecnología, pues de alguna manera la gente prefiere tomarse fotos con su celular. Y algunos con mucho respeto hasta les piden el favor de tomarles la foto a ellos.

“Claro que nos piden, nos dicen maestro por favor y nosotros les tomamos, si estamos aquí parados no nos hacemos problema. Hacemos ese servicio también siempre y cuando no los pidan de buena manera, no tenemos por qué negarnos”, agrega.

De los cerca de 20 fotógrafos que trabajan aquí, la mayoría de ellos ya pasaron los 50 años. Nadie sabe con exactitud cuándo será el día que dejen de laborar. Los celulares, las cámaras profesionales y la facilidad para comprarse una, han disminuido sus ventas con el paso de los años y el avance de la tecnología, pero eso no les quita la amabilidad con la que atienden diariamente a sus clientes. Son felices con lo que hacen y esperan seguir haciéndolo hasta donde puedan.

Le preguntó a Eleuterio Condori ¿cuándo piensa jubilarse? Y me dice: “La verdad que este famoso Tuturutu a nadie jubila, mientras tenga fuerza, yo me calculo unos cinco años, más. Uno no puede abusar del cuerpo tampoco”.
Tiene razón.

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