Magia y arequipeñismo de la esposa de Juan Guillermo Carpio

Por Roxana Ortiz
Su encuentro fue como si hubiese estado escrito en un libro. De casualidad llegó a Arequipa por unas horas, se compró entre otros libros, las ediciones del Texao y desde que los leyó, su corazón le decía que tenía que regresar y escribir una novela, no sabe por qué, pero así lo hizo. Aquí Maigualida conoció a Juan Guillermo Carpio Muñoz, de quien no solo se hizo su amiga, sino la compañera de vida y la heredera de su legado.
Era funcionaria de la UNAM en México y vino al Perú para pasar unos días de vacaciones en el 2008. Un día antes de regresar a su país salió a recorrer la capital y en la plaza San Martín se encontró con un amigo arequipeño, el músico Pepe Parada, quien le recriminó el por qué no le avisó de su visita.
“Si no han visitado Arequipa, no has conocido lo mejor de este país”, le dijo y a la hora estaba en un bus con destino a la Ciudad Blanca. “Cuando bajé del carro, lo primero que me impresionó fue el Chachani, estaba bello. Esa misma noche salimos a recorrer la ciudad, porque al día siguiente tenía que irme”.
Las horas del día siguiente las utilizaron para recorrer algunos lugares turísticos de los cuales se quedó muy impresionada; pero como no le quedaba mucho tiempo, se compró algunos libros de historia de Arequipa y los cuatro tomos del Texao. “Voy a regresar a escribir una novela y te la voy a dedicar a ti”, le dijo a su amigo.
Cuando en pocas semanas terminó de leer los libros le dijo a su jefe: “Quiero un año sabático, necesito regresar a Arequipa”. La oposición de su jefe no se dejó esperar; pero a tanta insistencia logró obtener una licencia por seis meses.
De inmediato partió hacia Arequipa y se alquiló un pequeño departamento, donde comenzó a reunir información sobre la ciudad. Como era lógico, trató de ubicar al autor de Texao, Juan Guillermo Carpio Muñoz. Se fue a la Municipalidad Provincial de Arequipa y el fallecido poeta, Luzgardo Medina, le informó que Juan Guillermo vivía en Lima; pero le dijo que de todas maneras el 15 de julio llegaba para participar de las actividades de aniversario del colegio de la Independencia Americana.
Decidió esperar, total faltaba no más de un mes. Una noche, la dueña del departamento le dijo que había la presentación del libro de Antonio Gonzales Polar. Ella ya estaba por acostarse y no tenía muchas ganas de salir, menos con el frío que caracteriza al mes de junio y nada acostumbrada a este clima. No con muchas ganas y ante la insistencia, se puso un pantalón sobre el pijama, tomó un abrigo y se fueron al teatro del Cultural.
De pronto el presentador anunció la presencia de Carpio Muñoz, a quien tanto quiso conocer. “A él lo estoy buscando hace tiempo”, le dijo a su amiga. No se movió del lugar hasta que lo interceptó a la salida. “Soy una escritora y estoy interesada en hacer una novela sobre Arequipa. He leído sus libros y me gustaría hacerle una entrevista para ampliar mi información”, le dijo. Luego de pensarlo un poco, le contestó: “Esta bien, mañana por media hora podemos conversar. La espero en el Hotel Bolívar a las 8:30”, le indicó. Era el lugar donde se hospedaba cuando llegaba a Arequipa.
“Como yo he vivido en Alemania y realicé investigaciones allí, llegué a las 8:20, 10 minutos antes estaba en la recepción, finalmente 30 minutos era muy poco tiempo para entrevistarlo sobre lo que yo quería”, cuenta la venezolana Maigualida Pérez González, autora de varios libros e integrante de la Unión Hispano Mundial de Escritores.
Ella comenzó hablando de su intención y le dijo que había leído todos sus libros con mucho detalle, hecho del cual Guillermo Carpio quedó realmente admirado. La conversación duró tres horas y media. Acordaron volverse a encontrar. Él le prometió llevarla a conocer la campiña, las chacras de las cuales tanto habló en sus libros. “Soy divorciado por si acaso”, le coqueteó. “Yo también”, le contestó a la galantería.
Desde ese momento surgió una gran e inquebrantable amistad, él tuvo que regresar a Lima. Ella a los meses también regresó a México, teniendo una comunicación constante, se encontraban en algún lugar. Juan Guillermo también se fue a España para estudiar sobre las corridas de toros y otras tradiciones, sobre las cuales escribió un libro, y ella lo alcanzaba.
Hace cuatro años decidieron formalizar su unión en matrimonio y se volvieron un complemento, trabajaban en un ambiente de su casa en San Lázaro, un escritorio al lado del otro.
En todos los años de investigación sobre la historia de Arequipa, el autor de Texao, había reunido más de 14 mil 400 fichas con información, las que Maigualida se encargó de digitalizar, y le sirvieron para completar la nueva edición que tendrá su libro y que será editado por la Universidad Católica de Santa María.
El libro que esta venezolana ahora tiene la responsabilidad de hacerlo una realidad, tendrá 7 mil páginas distribuidas en 14 tomos. Las cuatro primeras ediciones serán iguales a la primera; mientras que las otras saldrán tal y como el autor las dejó escritas en computadora. “Debes cuidar que nadie me cambie ni una coma”, le recomendó, hecho que cumple celosamente. Ahora están escogiendo cada una de las fotografías que irán en los tomos.
Esta edición especial, que se terminó de escribir el 27 de enero, a pesar que Carpio Muñoz estaba conectado a un balón de oxígeno, tiene todos los detalles que él quiso incluir. “Juanito era metódico, detallista, nada se le podía pasar. Los últimos días, se sentaba a escribir hasta 16 horas diarias, sabía que no tenía más tiempo”, recuerda.
Se levantaba a las 4:30 de la mañana, a veces subía a la azotea de su casa desde donde apreciaba toda la ciudad, luego se sentaba y comenzaba a escribir. Ella después le llevaba el desayuno y comenzaban a trabajar juntos. Solo se detenía para almorzar.
“Las últimas semanas fueron bastante dolorosas y agotadoras, le colocaban quimioterapias de hasta 40 horas y terminaba destruido; pero nunca se dejó vencer”, añade su compañera. Hace algunos años, Juan Guillermo contrajo cáncer al estómago, hecho que lo deprimió completamente, pero se recuperó y siguió un tratamiento para erradicar la enfermedad, que si se pensó lo había logrado.
En octubre del año pasado, luego de uno análisis, se detectó que el cáncer le había llegado a los pulmones. Si bien hubo una desazón por el hecho, no se amilanó y decidió seguir adelante. A su velorio realizado en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Arequipa, llegaron sus amigos de quimioterapia. Y es que cuando estaba recibiendo tratamiento en el hospital, pasaba por cada habitación saludando y conversando con los pacientes, de los cuales se hizo amigo. Todos terminaban con su libro de bolsillo sobre arequipeñismos.
Asegura que deja grandes amigos, el director de este diario Carlos Meneses Cornejo, Reynaldo Roberts. Es ahí cuando Maigualida se quiebra y las lágrimas brotan de sus ojos recordando los minutos vividos durante 14 años.
“Le gustaba las reuniones con sus amigos, todos los meses se seguía reuniendo con sus compañeros de colegio. Cantaba, porque tenía una voz preciosa y le gustaba bailar mucho. A los 17 años formó parte del grupo coral Palestina, pero no tocaba mucho la guitarra pero igual la rasgaba”, cuenta.
No solo amaba cada cosa de la ciudad, el río, la campiña, los toros, el Misti, al rocoto, el camarón, las picanterías, el club Melgar, la Virgen de Chapi y todas sus tradiciones religiosas, a pesar que era agnóstico. Fue incluso homenajeado por los Caballeros del Santo Sepulcro, a cuya imagen le dedicó un bello Elogio.
Las picanterías eran su debilidad. Todos los días acudía a almorzar a La Capitana. “Cuando estaba enfermo un día se me escapó. ¿Dónde has estado?, le pregunté. ‘Te vas a enojar’, me dijo. ‘Me fui a comer una chococa”, me respondió”.
Hace un mes que su cuerpo dejó este mundo, cumpliéndose estrictamente lo que él le había pedido. Que le colocara la corbata que a ambos le gustaba, el escudo de la ciudad en el pecho y que sus cenizas fueran esparcidas en el río Chili, peticiones que se las había hecho la noche anterior.
Para el 26 de junio, día de su cumpleaños, se estará presentado el gran legado que deja para Arequipa, al cual vienen dando los últimos detalles. No se descarta que la edición sea distribuida también de manera digital, ya que era el propósito de Juan Guillermo Carpio Muñoz que todos tuvieran acceso al Texao.
Luego de ello, Maigualida se dedicará a trabajar en otros 7 libros que dejó sin editar el arequipeñista, además de darse un tiempo para culminar su novela, que dejó postergada para atender al ser amado.
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