Medidas Desesperadas

Por desgracia, la aplicación de leyes en Perú, sigue siendo un problema.
Por: Antenor Escudero
La vez pasada que fui al cine, antes de proyectar la película, pasaron indicaciones en caso de emergencia. Una de ellas era no retrasarse o regresar a la sala por mochilas o carteras. Suena obvio, en medio de la emergencia, ¿en qué cabeza cabe dejar de huir para ir por una cartera? Así pensemos en nuestro dinero, llaves y celular, arriesgar nuestras vidas es tonto. Sin embargo, en una emergencia, no pensamos claro. Con el desborde de inseguridad, pasa igual.
Una lista de promesas de penas más duras, de sacar a los militares a patrullar calles, de regresar a los jueces sin rostro, de tratar el exceso de fuerza fuera de tribunales civiles, de crear grupos especiales, salirse de la CIDH, etc., han sido las propuestas de cuanto político y “experto” del momento ha salido a hablar. Un espectáculo de magia, de humo y espejos, donde no se resuelve nada, pero se muestra mucho.
No se resuelve nada porque ya existe una ley de reincidencia de delitos dolosos que aumenta la pena
(Ley N°28726), ya existe una ley que aumenta la pena por robo agravado hasta en 30 años si la víctima es herida y cadena perpetua si muere (Decreto Legislativo Nº 635), ya existe una ley que amplía el uso de la fuerza de la Policía (Ley N°30644). Podría escribir líneas con leyes que ya existen para los problemas que tenemos, pero siempre nos venden como novedades sea porque somos ignorantes de estas leyes o, espero que no, peculiarmente tontos. El problema es la aplicación de las leyes y ahí yace el problema.
Es difícil confiar en la eficacia de un Poder Judicial y un Ministerio Público que aún se manejan con rumas de papeles, jueces no especializados en tribunales de temas que no saben manejar, aparte de los incontables casos de corrupción cuyo gran ejemplo, el caso de los Cuellos Blancos, se ha sumado al caso del Poder Judicial de Lima y Chibolín. No imaginarse lo que serían “jueces sin rostro” de este tipo.
Con los casos de policías en actividad y retirados involucrados en delincuencia, desde su participación en bandas, o vendiendo o alquilando sus armas y equipos, hasta el reciente destape de cómo el extorsionador Augusto Ramos Dolmos apadrinó a 44 policías de Seguridad del Estado. No sé qué malabares inventarán para justificar darle más atribuciones, ahora capacidad investigativa, y facilidades a una institución que necesita cambios de raíz.
Y es que es importante mantener el espectáculo para tontos para no cambiar nada. La famosa Ley N° 32108, que beneficia a los delincuentes, así lo nieguen los berrinches de los congresistas y lambiscones, sigue sin ser tocada. Leyes contra el terrorismo urbano, para castigar jueces, entre otras tonterías rimbombantes, todo para evitar tocar la ley que facilita el delito.
¿Qué intereses están en este esfuerzo de seguir el circo? Uno podría pensar en los congresistas que apoyaron la medida; que son los mismos que lanzan leyes ridículas para tratar de distraer a la población de que siguen sin resolver nada. Para colmo, son los mismos congresistas que blindan al ministro del Interior, por si dudas nos faltaban, de cuán poco les importa resolver el asunto. ¿Es que acaso estamos solos contra la delincuencia?

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