VEINTITRÉS AÑOS NO SE IMPROVISAN

Por: Ing. Edith Choque Sandoval, gerente general de Pro Avance.
Cuando fundamos Pro Avance en 2003, junto con mi socio Armando Romero Riega, no teníamos certeza de que duraría. Nadie que empieza una empresa en Arequipa con recursos limitados, en un mercado que no te conoce y en un contexto donde la educación continua era todavía un servicio percibido como prescindible, puede tenerla. Lo que sí tuvimos fue una profunda convicción: que las personas y las organizaciones del sur del país merecen una formación profesional de calidad, y que esa formación se debía reflejar en resultados reales.
Hoy, veintitrés años después, esa convicción sigue siendo la misma. Lo que cambió es todo lo demás. Cambiaron los formatos, los contextos, las herramientas. Pasamos de aulas físicas a entornos virtuales, de programas presenciales a soluciones híbridas que hoy llegan a empresas de todo el Perú. Aprendimos a leer mejor lo que cada organización necesita antes de proponer cualquier solución. Nos equivocamos en el camino, seguramente; pero la pregunta que nos hicimos al fundar Pro Avance: ¿cómo hacemos para que esta formación cambie algo real en quien la recibe?, nunca dejó de ser la que ordena todo lo demás.
Según el Global Entrepreneurship Monitor, en el Perú solo 30 de cada 100 empresas logran permanecer y consolidarse en el mercado. Es decir, la mayoría de empresas cierra antes de los cuatro años. Llegar a dos décadas no es, por tanto, solo un logro administrativo: es el resultado acumulado de decisiones difíciles, de reinvenciones que nadie ve desde afuera, y de un equipo que eligió sostener el propósito cuando el contexto presionaba en dirección contraria.
En ese tiempo, más de 190 mil profesionales del sur del Perú pasaron por algún programa, diplomado, curso, capacitación, taller o charla de Pro Avance. Más de 300 empresas confiaron en nosotros para capacitar a sus equipos, diagnosticar sus brechas o acompañar procesos de mejora organizacional. Esas cifras no las menciono como vitrina, sino como evidencia de algo más importante: que existe una demanda real de desarrollo profesional en el país, y que cuando se ofrece con seriedad, la gente responde.
Recuerdo a una coordinadora de recursos humanos de una empresa del sector construcción en Arequipa que llegó a uno de nuestros programas hace varios años con mucha resistencia. Me dijo que su gerente la había inscrito casi por obligación. Al terminar el programa, fue ella quien propuso extender la capacitación al resto de su área. Ese tipo de transformación -la que no se planificó, pero ocurrió igual- es la que más me interesa. No la que produce un diploma o un certificado, sino la que cambia la forma en que alguien toma decisiones el lunes siguiente.
El Global Skills Report 2025 señala que dos tercios de los empleadores reconocen que la falta de habilidades es un obstáculo real para el crecimiento de su negocio. En el sur del Perú, esa brecha tiene una dimensión adicional: la distancia entre lo que el mercado exige y lo que la oferta formativa local entrega todavía es demasiado grande. Pro Avance existe, en parte, para reducir esa distancia.
Veintitrés años me enseñaron que hacer empresa en Arequipa exige algo que ningún plan de negocios enseña: la disposición a seguir cuando los resultados tardan, y la honestidad de corregir cuando el camino no funciona. Eso es lo que hemos intentado hacer. No siempre bien, pero siempre con el mismo propósito con el que empezamos: transformar el potencial de las personas y las organizaciones del sur del país, y servir de manera que ese servicio deje una huella que valga la pena.
Gracias a quienes confiaron. Pero el trabajo continúa. Nada de esto existiría sin Armando Romero Riega, socio, subgerente actual y compañero desde el principio. Armando es de esas personas que no necesitan el crédito visible para sostener lo importante: estuvo en las decisiones difíciles, en los momentos donde seguir adelante no era obvio, y sigue estando hoy con la misma convicción con la que empezamos juntos. Este aniversario también es suyo, así como de cada docente que dictó en un aula -presencial o virtual- y dió lo mejor que sabía. De cada colaborador que pasó por Pro Avance y dejó algo de sí en lo que somos. De los que siguen y de los que ya tomaron otros caminos. Gracias a todos. Veintitrés años no se construyen solos.
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