Arequipa

Memorias de un maestro de primaria

20 de agosto de 2017
Memorias de un maestro de primaria

En el momento de gran convulsión del magisterio, el Amauta Everardo Zapata Santillana recuerda con nostalgia la época en la cual los profesores que ahora reclaman en las calles mejoras salariales eran los profesionales mejores pagados del país. 

Por: Mariela Zuni M. 

Fotos: Jorge Esquivel 

 
 
El apasionado docente de 91 años observó desde el aula la evolución de la educación impulsada por algunos gobiernos y traída a menos por efecto de las nuevas reformas.
 
Apenas egresado como maestro primario del Instituto Superior San Juan Bautista de La Salle, Zapata recibió una resolución donde el gobierno le asignaba crear una nueva escuela en el distrito de Punta de Bombón. Sin mayor reparo el veinteañero viajó al valle y fundó su colegio en un ambiente cedido por una familia del lugar con apenas 26 alumnos.   
 
“En aquellos años se creaban las escuelas en papel. Sin
 infraestructura nosotros teníamos que acomodarnos en casas de los mismos vecinos para poder enseñar. Luego con actividades se juntaba el dinero para comprar algún terreno y comenzar a construir los colegios”, manifiesta.
 
Solo había colegios de primaria en los distritos hasta el tercer grado y primaria completa en las capitales de provincia. Únicamente el 40% de las provincias del país contaban con secundaria, en Arequipa el Independencia Americana y La Asunción, también en Islay, Condesuyos y La Unión, pero no en Camaná, Caravelí, Caylloma y Castilla. 
 
“El anhelo de todos era culminar la primaria. A secundaria solo ingresaban los mejores, ya que se tenía que rendir una evaluación. Muy pocos estudiaban la secundaria”, refiere el creador del libro Coquito.
 
En 1945 ya había una corriente de democracia, apoyado por el Apra el independiente arequipeño José Luis Bustamante y Rivero es elegido presidente de la República. Una anécdota que cuenta Zapata es que  al asumir el cargo el mandatario recibió el saludo del líder aprista Víctor Raúl Haya de La Torre.
 
“Tenía un familiar que era aprista y siempre me mantenía al tanto de las noticias. El líder del Apra durante su saludo le pidió al flamante mandatario leyes sociales y Bustamante respondió que en ese momento lo que necesitaba el país era gastar en educación, ya que sin ella los trabajadores ignorantes siempre iban a ser explotados sin defender sus derechos”, relata.
 
El plan de Bustamante fue crear 5000 escuelas, mil por año. Destinó el 20% del presupuesto nacional para el sector Educación, para la ampliación de la infraestructura y con ello se crearon  nuevas plazas docentes.
 
El 29 de octubre de 1948 fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por el general Manuel A. Odría. Tuvieron que pasar ocho años, en el segundo gobierno de Manuel Prado para que cada distrito del país cuente con una primaria y se complete la creación de colegios secundarios en las provincias.
 
El magisterio peruano estuvo en su mejor momento remunerativo en el año 1965; los docentes de primera categoría percibían el equivalente a 10 sueldos mínimos en ese tiempo 450 soles y los directores 100 soles adicionales.
 
“Se ganaba el doble que los policías y las enfermeras, por ello considero justa la huelga de los profesores que se han quedado rezagados remunerativamente a comparación de otros sectores. Lo malo del magisterio es que se ha politizado y fragmentado”, dice.
 
En 1967, el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry publicó una ley para duplicar el salario de los maestros, pero ante la falta de presupuesto el sector quedó nuevamente relegado.
 
Posteriormente la situación del magisterio fue cayendo más desde 1972 a julio de 1991. Con el gobierno de Fujimori hubo un ligero ascenso salarial y la construcción de nuevos colegios en el interior del país.
 
Los docentes activos tuvieron mejora significativa en su poder adquisitivo durante el gobierno de Alejandro Toledo, mientras que los cesantes se sumaron en una mayor miseria por las bajas pensiones.
 
“Los docentes se jubilaban con 30 años de servicio y los descuentos (aportaciones) correspondían al 6% del sueldo, el resto era asumido por el gobierno, condición que ahora ha cambiado totalmente. Yo me jubilé a los 65 años de edad, de ellos 45 dedicados a la educación. Actualmente mi pensión está congelada y gano poco más del sueldo mínimo actual, mientras que otros colegas están en peor situación”, reflexiona don Everardo Zapata.
 
Otro de los beneficios perdidos por los docentes fue la Mutual Magisterial, creada en 1932 por la Ley 7600. Mensualmente se descontaba por planilla 12 soles a todos los profesores. Con dicho fondo podían acceder a préstamos a bajo interés y a la muerte del educador sus familiares recibían la suma de 12 mil soles.  
 
En 1965 la mutual fue remplazada por la Derrama Magisterial por mandato de Decreto Supremo N° 78. En 1984, el Sindicato Único de Trabajadores por la Educación del Perú (Sutep) comienza a hacerse cargo de su conducción.
 
“La mutual ocupaba un piso del Ministerio de Educación y funcionaba con presupuesto del Estado. Desapareció cuando los maestros se empecinaron en manejar ese dinero y se creó la Cooperativa del Magisterio, lo que ahora es la Derrama”, refiere.
 
A la memoria de Zapata también retorna los inicios del Sutep en Arequipa. Al ver a un sindicato fortalecido decidió brindarle su apoyo incondicional. Incluso confiesa que el año 1983  donó el local de la calle Octavio Muñoz Nájar y ayudó con 13 millones de  soles para la construcción de los ambientes, junto a otros maestros de todas las provincias.
 
“Después de 32 años ni se acuerdan de mí, pero no quiero tener problemas con ninguno y me mantengo al margen”, expresa con resignación y esbozando una sonrisa.
 
El Amauta Everardo Zapata Santillana aunque intenta mantenerse al margen del problema sindical del magisterio, propuso las elecciones universales de sus representantes a fin de terminar con la fragmentación evidenciada en la actual huelga nacional indefinida.
 
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