Nativitas-Nacimiento-Navidad

Navidad, una fecha para compartir y acordarse de las familias de escasos recursos económicos.
Por: Ayar Peralta
Dicen los historiadores que ya en las primeras culturas, romanos, quechuas, aztecas, y otros, festejaban el 25 de diciembre, según las creencias de ellos, y mucho se ha escrito al respecto.
Feliz Navidad (castellano), Merry Christmas (inglés), Buon Natale (italiano), Joyeux Noel (francés), Frohe Weihnachten (alemán), Runa Siminchispi (quechua). ¿Qué tal has pasado la Navidad?… Como cualquier día, yo no tengo plata para juguetes, pavo, regalos. (Hay peruanos que así están).
Escribiré sobre mis recuerdos de las navidades pasadas. Muchos niños y compañeros de entonces volverán a vivir en mi corazón. Mi recuerdo más lejano se remonta a mis dos o tres años, al despertar en la mañana del 25 encontraba a los pies de mi cama paquetitos de juguetes. Linda sorpresa, yo no sabía nada de la Navidad. Cuando pregunté a mi mamá sobre el origen de los regalos, me respondió: “Te ha traído el niñito Dios”. Creo que habrá aumentado mi incertidumbre. Esto se repitió unos años más hasta que cuando ya estaba en los diez u once de edad, los paquetitos ya no portaban juguetes, sino ropa interior, libros, cuadernos, etc. Reconozco que ya no tenían el encanto de los primeros.
Repito lo de mis anteriores escritos, quien me enseñó lo elemental sobre la Historia del Perú, la Historia Sagrada Cristiana y muy probablemente sobre la Navidad fue mi maestro, Alberto Belón Grundy. Por él, sé algo de Adán y Eva, Sansón, los mandamientos, el nacimiento de Jesús, el cielo. El infierno, el purgatorio y también sobre la matanza de los guerreros incas en Cajamarca, la gloria de Miguel Grau, Bolognesi, Alfonso Ugarte, etc. Ojalá que estas líneas de agradecimiento leyera alguno de sus hijos, una de ellos es médica, trabaja en Lima.
Vuelvo al tema. A los cinco o seis añitos recién recibí la explicación de la Navidad, en esa época entonces 1938- 40 no había tiendas de regalos ni malls para que se distraigan padres y niños mirando juguetes como sucede ahora. ¿Para qué los papás llevan a sus hijitos a ver juguetes si no les van a comprar nada? Yo veo que los niñitos estiran la mano señalándole un juguete, ya casi están llorosos, no sé qué les responderá el papá, quizás sea algo así como: “No hay plata”. Entonces, ¿para qué los llevan? Alguna vez he visto que a la salida los niños no llevan ningún paquete. Ojalá esté equivocado, pero no hagan sufrir a los hijitos.
La primera vez que vi un nacimiento fue en la casa de una señorita vecina llamada Jesús Rodríguez, quien tenía un nacimiento enorme, desde el suelo, donde estaban los juguetes más grandes, hasta el techo donde brillaban las “estrellas de Belén”. Eran varios pisos o andamios llenos de todo tipo de juegos, en ese entonces no había los de pilas, todos eran de cuerda. La señorita invitaba a los niños vecinos, entre ellos yo, para que le ayuden a armarlos, había un tamborero, el tren que recorría por todos los niveles, nadie malograba o intentaba llevarse algún juguete. La culminación era la medianoche del 24, la obligación de los niños era que cuando sonaban los cohetes, señal de la medianoche, hacer funcionar simultáneamente a todos los juguetes, faltaban manos para tal misión “difícil”. Así estaríamos una media hora pero que más queríamos desear, si estábamos jugando con el niño Dios que acababa de nacer.
Recuerdo a los adoradores, grupos de niños, creo sin llegar a la adolescencia, que formaban pandillas y al comenzar la noche, recorrían las calles tocando las puertas de las casas para adorar al niño. Rememora algo sus canciones: “A la guachi guachi torito… Niño Manuelito”, etc., etc. No recuerdo porque ya han pasado muchos, muchos años. A los adoradores se les daba una compensación, no se decía propina, ni paga, no recuerdo. Mi abuelita Ignacia no me dejó integrarme a los grupos de adoradores, sus razones tendría.
Pasó toda mi secundaria y la carrera médica, volví a ver la Navidad. Mucho había cambiado, ya no había niños adoradores, ni juguetes para los niños, era la época de la Cena de Navidad y los regalos para todos, también para los niños. Mucho más gasto. Después llegó la época de los pavos, dos millones de pavos van a morir en Lima, mejor dicho, van a ser la base de la cena navideña. Está bien, pero que la prosperidad llegue a la gran mayoría de los niños.
En esta serie de artículos jamás pretenderé hacer política. Solo contaré algunas anécdotas sin decir el nombre. Cuando llegué del extranjero recién graduado de médico fui al local y me llamó la atención la gran cantidad de médicos, enfermeras, técnicos, etc. que se preparaban para una campaña médica, que consiste en visitar lugares alejados y atender no solo a los pacientes de bajos recursos, sino a todas las personas que soliciten atención. Yo estaba parado en la puerta y alguien que vio mi pinta de médico me dijo: “Vamos, vamos, sube”. Dudé un momento porque mi trámite de revalidación de título estaba en pleno proceso, no podía atender pacientes en el Perú. Pero subí a la camioneta que transportaba al personal médico. Nos llevaron a un lugar lejano, yo no conocía Lima, era “Carmen de la Legua”, en ese tiempo era una pampa, no el distrito tan superpoblado que es ahora, atendimos todo el día, solo con un sándwich. Al retornar al local comprendí que yo era un médico para el mundo, para quien sea.
En el devenir de la carrera he ido a cuanta campaña médica me hayan invitado, siempre, por siempre, sin pensar en lo económico. Quién se iba imaginar que estos actos altruistas, si así me permiten llamarlos, iban a tener su compensación, inesperada algún día. Sucede que cuando ya era cesante en el hospital y en la docencia la Sociedad Peruana de Urología, de Lima, me presentó ante el Colegio Médico del Perú como candidato para tener el premio Máximo Honorífico a Nivel Nacional. Me pidieron mi curriculum documentado, envié todo lo que tenía. Obtuve una de las distinciones más altas que concede el Colegio. Los otros candidatos eran distinguidísimos y famosísimos personajes de la capital. En un aparte pregunté a uno de los calificadores la razón de mi encubrimiento. La respuesta fue la siguiente: “Todos tienen méritos como usted, en cuanto a libros publicados, maestrías, doctorados, etc. Pero usted tiene la proyección social, usted ha visitado pueblos jóvenes, barrios pobres alejados, etc. Mucha gente de la llamada distinguida no va a esos lugares”.
En mi partido, como en muchas instituciones, existe, o existía, la costumbre de regalar juguetes para los niños, por eso Víctor Raúl fundó la Navidad del Niño del Pueblo. Miles de mamás y niños hacían cola para recibir el regalo. En las veces que me tocó participar observé lo siguiente: Los donantes colaboraban con juguetes, otras personas regalaban sacos de arroz, de maíz o frijoles, las organizadoras hacían paquetes especiales en los que combinaban un poco de arroz y una pelotita para los varoncitos, o también, un poco de maíz y una muñequita para las mujercitas. Pero no alcanzaba, era triste ver a mamás y niños, casi llorando, porque no habían alcanzado a recibir algo. Disculpen la inmodestia mía, en esta situación sacaba las monedas o billetes que tenía en mi bolsillo y se los entregaba, una vez hasta mi correa del pantalón regalé, pero aun así la gente esperaba. Me pregunto ahora, ¿qué pensamientos tendrán esos niños, que ahora son hombres, recordando cuando esperaban largas horas por un juguete? Resentimiento ante la injusticia de la vida ¿? Solo Dios sabe.
Una vez por decisión propia llevé regalos y panetones a los amigos que vivían en el cerro de un pueblo joven Israel, Paucarpata, se iba por la avenida Jesús. La escena fue simpática, pero se repitió lo mismo. Entonces como tenía pan de molde repartí una rodaja a cada niño, yo me sentí como un sacerdote repartiendo la hostia.
Corolario. Han pasado muchos años, mis hijas ya son señoras, tienen hijitos, mis nietos queridos con una personalidad entre el Misti y el río Chili. Una de ellas me ha hecho recordar que una vez la llevé al cerro para regalar juguetes, como ya tengo narrado. Yo no me acordaba nada que estuvo conmigo. La grata sorpresa es que una de ellas me ha pedido que volvamos al cerro para volver a regalar juguetes, que ella los comprará. Qué emoción la que he sentido, lo que se enseña se aprende. Doy gracias a Dios, a todos los santos, a mis ancestros, empezando por mi papá Antero y mamá María, por lo bien que nos formaron. Todos mis hijos han salido buenos. Gracias también a mi esposa que me colabora en todo, hasta en la redacción de este artículo. Las cosas cambian, mi hijita la menor ya está preparando todo para la reunión de Navidad con toda la familia. Ahora yo estoy sentado contemplando cómo pasa la vida. Un abrazo a todos, deseándoles que pasen una bonita Navidad.
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