“No sembraré en la tierra, voy a sembrar en cabezas de las personas”

Nació para enseñar. Ese ímpetu por seguir su sueño lo llevó a emanciparse siendo adolescente. Trabajó y estudió incansablemente hasta alcanzar su objetivo: sembrar en la cabeza de las generaciones. Tras ocho décadas de vivencias en lugar de solo cosechar, aspira seguir contribuyendo con su emprendurismo.
Por: Mariela Zuni Mollosihue
Nicolás Ocola y María Arenas tuvieron ocho hijos, uno de ellos era el pequeño Oswaldo, obstinado como ninguno y de prodigiosa memoria, habilidad que lo llevó a ser autodidacta. Con el conocimiento fluyendo a borbotones de los libros que devoraba leyendo definió su futuro a la edad de 9 años. Decidió ser profesor.
Fue entonces que experimentó su primera y definitiva batalla. Enfrentó a sus padres que entonces creían era más útil la mano de obra joven y vigorosa para arar la tierra, que un niño asistiendo al colegio.
EMANCIPACIÓN
“Yo no voy a sembrar en la tierra, yo voy a sembrar en la cabeza de las personas, yo voy a ser profesor”, le increpó Oswaldo a su padre. Luego de ello, a la edad de 14 años, decidió emanciparse y huyó de casa en El Arenal, distrito de Deán Valdivia.
En un momento era un adolescente tozudo y en un abrir y cerrar de ojos ya era un adulto con derechos y responsabilidades. En esa condición llegó al Puerto Bravo de Mollendo. Cursaba la secundaria y a la par trabajaba en la boletería del cine, lugar donde estrechó amistades y vínculos familiares.
Al culminar la escuela viajó a Arequipa. Decidido a continuar su sueño postuló a la Escuela Normal, institución que en ese entonces era la única que formaba docentes. Ingresó y manteniendo un buen nivel de estudio se graduó como normalista.
EN CARRERA
Obtuvo su primer empleo como profesor en 1962. Enseñó en un colegio de la localidad de Ayo, provincia de Castilla. Al observar la problemática de los niños que no se alimentaban adecuadamente y por consiguiente ello afectaba su rendimiento escolar, el profesor Ocola reunió a los padres y madres de familia para institucionalizar el almuerzo escolar, además apoyó la construcción de aulas.
El joven maestro siguió estudiando por correspondencia. Terminó inglés, administración, comercio, estudió educación inicial, contabilidad, y en la madurez de su vida aprendió computación para poder plasmar en libros todos sus conocimientos.

Trabajó en el aula 30 años. Fue director de escuela. En la sala de su casa promovió la academia Augusto Salazar Bondy donde se enseñaba mecanografía, taquigrafía, secretariado comercial y ejecutivo, donde capacitaba a jóvenes. Enseñó en el instituto Superior Jorge Basadre, capacitó a miles de docentes en Paidos.
El líder retornó a Mollendo formando su propia familia. Desde siempre se ha caracterizado por ser un promotor cultural del Puerto Bravo y la provincia de Islay. En la institución educativa 40472, llamado Colegio Centro, hizo que funcione la biblioteca escolar, con apoyo de empresas mollendinas. Fomentó el Banco de Ahorro cuyos clientes eran niños y sus padres, movilizando hasta 30 mil soles de la época.
Continuando con ese afán, convencido que la lectura es el principal camino para formar buenos ciudadanos y profesionales, impulsó la creación de bibliotecas. La más representativa la Biblioteca Municipal de Mollendo. Consiguió más de 4 mil 800 libros, de diversos escritores y de su autoría, que se distribuyeron también a las municipalidades de Mejía, Deán Valdivia, Punta de Bombón, Cocachacra y en Islay (Matarani).

«Fueron tantos libros y tantas veces que no recuerdo cuántos, solo sé dar sin recibir nada a cambio”.
Junto a su hija la doctora Rossemarie Ocola Murillo, y varios mollendinos se formó la Cruz Roja filial Islay. Con apoyo de jóvenes cruzrojistas se pudo construir el local de la institución.
“Fue en la Cruz Roja donde consolidé mis valores humanos, mis principios y mis ideales que soñé y practiqué de niño. Jamás los había quebrantado y acompañado de mi hija Rossemarie conseguimos ser una dupla de bien para los damnificados del terremoto de 2001, conseguimos toneladas de alimentos, ropa, casas, talleres, proyectos de agua y desagüe, microempresas, en un país que no está preparado para ser emprendedor”.
OTROS DESEMPEÑOS
En Arequipa fundó su clínica pedagógica y durante 4 años capacitó a docentes gratuitamente. Colaboró también como columnista en el diario El Pueblo, donde recuerda algunas anécdotas con su director Carlos Meneses Cornejo.
PROFESOR DE ORO
La esencia de aquel niño de 9 años que decidió ser profesor, se mantiene hasta hoy intocable. A sus 80 años de edad Oswaldo Ocola no desmaya en sus iniciativas, por ello el pasado 9 de octubre fue reconocido como el Adulto Mayor de Oro en la categoría de Emprendimiento de los más de 30 Centros del Adulto Mayor de EsSalud del Perú. Entre los 17 ganadores fue elegido para dar el discurso de agradecimiento.
Este reconocimiento es, además, de sus tantos emprendimientos, haber fomentado en los adultos mayores el hábito de la lectura, pues para él los libros son la “vitamina L” que la mente necesita para rejuvenecer. “Mejor es desgastarse que enmohecerse”.
Lleva casi 30 años de haberse jubilado en las aulas, pero sigue enseñando desde sus escritos. Ha publicado cientos sobre temas de pedagogía, filosofía, incluso de lectura especialmente para niños.
Tiene ahora en manos un proyecto que pretende concretar en Islay con apoyo de las autoridades. Su Plan Lector donde los niños de educación básica regular lean al año por lo menos 30 libros de distintos autores. Un método distinto donde cada estudiante se autoevalúe sobre lo aprendido.
Al mentor de generaciones le negaron las Palmas Magisteriales, pero desde este espacio nos ponemos de pie y aplaudimos al unísono a este maestro de toda la vida, emprendedor y virtuoso, que en la madurez sigue aprendiendo para enseñar.
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